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EL OPORTUNISMO EN LA SENDA DEL COMUNISMO

Por Miguel Urbano Rodrigues

El cuarto eh-miguel_urbanonúmero de la Revista Comunista Internacional -editada por órganos teóricos de once partidos revolucionarios- es una valiosa contribución para la comprensión de las amenazas y problemas que afectan hoy a nivel mundial la lucha de los partidos comunistas.

El tema central de la mayoría de los artículos desta edición es el análisis del oportunismo y de su significado político-ideológico. En las últimas décadas su papel en la socialdemocratización de partidos comunistas que abandonaron el marxismo-leninismo fue decisivo.

En el ensayo de abertura de la revista, Herwig Lerouge, del Partido del Trabajo de Bélgica, destaca las nefastas consecuencias de la acción del Partido de la Izquierda Europea (PEE) en la anestesia, más exactamente en la neutralización, de la combatividad de amplios sectores de la clase obrera en países de la Unión Europea. El Partido Comunista Francés (PCF) y la Rifondazione Comunista Italiana (PRC) -creada tras la transformación del PCI en un partido socialdemocrata- sustentan que es posible alcanzar el socialismo por la vía parlamentaria. Fausto Bertinotti, que fue presidente del PEE, retomó viejas tesis de Edward Bernstein al afirmar que «el movimiento de los movimientos» podrá ser el motor del camino al socialismo.

El Die Linke, el Partido de la Izquierda Alemana- que resultó de la fusión doel PDS de la ex-RDA con el WASG de los disidentes del SPD de la Alemania Occidental -adepto desta tesis, hizo grandes promesas a los trabajadores  y trabajadoras , pero, tras algunos éxitos iniciales, no las cumplió y entró en un rápido declive. En la década en que fue cogobierno de la ciudad de Berlín con el SPD se convirtió en cómplice en la privatización de más de 100.000 apartamentos sociales, cerró guarderías, recortó indemnizaciones, privatizó transportes públicos.

Los hechos demuestran que la participación de partidos comunistas (ou ex-comunistas) en gobiernos «socialistas» no frena las privatizaciones. El gobierno de la gauche plurielle, en Francia privatizó, además con el apoyo del PCF, más empresas de que las privatizadas durante los gobiernos de Balador y Juppé, ambos primeros-ministros de la derecha.

Actualmente, el «socialista» François Hollande no duda en asumir mas abiertamente que el propio Obama la defensa de agresiones militares imperialistas. En el ataque a LIbia y en el caso de Siria, por ejemplo.

En Grecia, la Syriza -amalgama de ex-trotskistas, de ex-maoistas y de tránsfugas del KKE- abandonó todas las referencias al marxismo y se abstiene de responsabilizar al capitalismo por la actual crisis mundial, que define como consecuencia de errores del neoliberalismo. En su ambiguo programa promete revocar las medidas mas duras impuestas por la troika, pero sus propuestas se insiren en un proyecto de compromisos com la burguesía y el imperialismo. Nada que alcance a los banqueros y a la estructura represiva de las fuerzas armadas. No se opone tampoco a la permanencia de Grecia en la OTAN.

En su lucida intervención en el XV Encuentro de Partidos Comunistas y Obreros en Lisboa, Giorgos Marinos, del KKE, retiró la máscara al partido de Alexis Tsipras.

«La verdad -afirmó– es que la Syriza como formación oportunista que se desarroló en uno de los pilares de la socialdemocracia es apoyado por sectores de la clase burguesa, es una defensora del capitalismo y de la Unión Europea. Es un partido que elogió la linea política de Obama como progresista y promovió el mito de que un nuevo viento soplaba en Europa para los trabajadores con la elección de Hollande».

Juzgo útil recordar que el Bloco de Esquerda (BE) es en Portugal (con el Partido Socialista) un defensor entusiasta de la estrategia de la Syriza. Francisco Louçã, su ex-coordinador, inclusive participó en Atenas en un mítin del partido de Alexis Tsipras. Tal como su aliado, el BE, nacido de la fusión de la UDP, maoista, con el PSR trotskista, también se abstiene hoy de referencias al marxismo.

La metamorfosis del partido comunista de España

Importante es también el artículo en la Revista Comunista de Raúl Martinez y Astor García, dirigentes del Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE).

Recuerdan que el Partido de la Izquierda Europea (PEE) fue concebido para funcionar como «polo oportunista de dimensión continental y fuerza para la colaboración de clases en el ámbito de la Unión Europea».

Ha cumplido bien ese papel. En l976, en Berlín Occidental, los Partidos Comunistas de España, Francia e Itália adherieron a una plataforma eurocomunista «en la cual –subrayan- tenía un papel determinante el apoyo al proceso de formación de una unión interimperialista europea».

Y en su IX Congreso, en l978, el PCE decidió romper con el marxismo-leninismo y adoptar el eurocomunismo como su ideología.

En l988, en el XII Congreso, Julio Anguita, en aquel momento secretario general, definó con transparencia el rumbo del PCE: «Es por tanto necesaria una transformación de la Comunidad Europea. Para realizarla apostamos en la construcción de amplias alianzas, a partir del movimiento obrero y otras fuerzas sociales de progreso, sustentadas en el terreno político por la convergencia de partidos comunistas, socialistas, socialdemocratas, laboristas y verdes»

Es transparente la apología de una estrategia incompatible con el marxismo.

Hoy, en un contexto histórico diferente, cabe al Partido de la Izquierda Europea, heredero del revisionismo, ser el ejecutor de esa estrategia que privilegia la función de los parlamentos, y renuncia a la lucha de clases

En la práctica, las «amplias frentes de izquierda» preconizadas por el PEE conducen a alianzas con la burguesía que subalternan los partidos comunistas y los convierten en instrumentos de una política reformista que niega su función revolucionaria.

La Unión Europea ideada por el PEE sería –cito nuevamente a Raúl Martinez y García- “la negación de todo lo que se relaciona con la construcción del socialismo, rechando   de plano las tradiciones revolucionarias, en oposicion abierta al socialismo científico, la lucha de clases y la revolución socialista».

Robert Hue, ex-secretario del PCF, descendió a la bajeza de afirmar que todo en la Unión Soviética fué negativo.

La obra devastadora del oportunismo en los partidos comunistas de América

Bajo el título «Algunos rasgos del oportunismo en América», Pavel Blanco Cabrera, primer secretario del Partido Comunista de México, y Héctor Colío Galindo, también dirigente del PCM, presentan, también en el último número de la Revista Comunista Internacional, una reflexión integral sobre las consecuencias devastadoras de la acción del oportunismo, del reformismo y del revisionismo en los partidos comunistas de América.

Afirmando que la ausencia de un frente ideológico contra el oportunismo configura una amenaza para los partidos comunistas, evocan la destructora herencia del browderismo en América Latina.

Las tesis de Earl Browder, un precursor del eurocomunismo, contribuyeron en los años 40 del siglo pasado a la neutralización de muchos partidos comunistas de América Latina.

Además dejaron semillas. Hoy, Sam Web, presidente del PC de los Estados Unidos, defiende su transformación en una organización inofensiva, casi una fuerza auxiliar del Partido Democrata, una especie de «club ideológico».

La denominada latinoamericanización del marxismo -cito a Pável y Héctor- «tiene mucho en común con operaciones corrosivas como las de Santiago Carrillo, los eurocomunistas, y el marxismo occidental».

Académicos aventureros y oportunistas como el alemán-mexicano H. Dieterich y el irlandês-mexicano John Holloway tienen sembrado la confusión; invocan el marxismo, pero realmente lo combaten.

En universidades prestigiosas de América Latina se convirtió casi una moda hacer apología del llamado «socialismo del siglo XXI» para atacar el marxismo-leninismo definido como una «ideología estatal soviética» que califican de obsoleta. Subestimar los efectos desas campañas es un error. Establecen confusión em medios progresistas. Sobretodo en Venezuela; pero hasta en Cuba provoca estragos.

Las políticas que subalternan la lucha por el socialismo -encarandola como tarea posterior y remota -como habían hecho Bernstein y Kautsky- atribuyen en la práctica prioridad a las reformas en el marco institucional, admitiendo que se puede llegar al gobierno por la vía electoral. Som políticas entreguistas. Marinos no exagera al afirmar que esa atitud «degrada el propio objetivo estratégico, el objetivo que determina las tácticas, la postura de los partidos comunistas como un todo, su trabajo en el movimento obrero y popular, su política de alianzas».

El oportunismo se manifiesta, no olvidemos, de maneras diferentes, surgiendo a veces con máscara socialista.

Consciente desa realidad, Pável Blanco Cabrera y Héctor Colío, en su demolidora crítica al oportunismo y al revisionismo, alertan sobre la confusión que provoca el concepto del  llamado «socialismo de mercado chino».

La tesis fue formulada por Deng Xiao ping, pero, mucho antes, Mao Tse tung, en um marco  diferente, defendió la viabilidad de alianzas de partidos comunistas con un sector de la burguesía nacional supuestamente patriótico cuyos intereses no coinciden com los del imperialismo. El resultado desas alianzas ha sido desastroso, pero la tesis continua a ser una fuente de ilusiones. Algunos pueblos pagaron ya un alto precio por ese tipo de alianzas.

Me identifico con Pável Blanco y Héctor Colío cuando escriben:

«En tal política de alianzas, el rol de la clase obrera y los partidos comunistas que en ella participan es subordinado; es un problema arriesgado, pues la independencia de clase y la autonomía del partido dejan de ser las tareas prioritarias, el deber inclaudicable; dejan de ser organizaciones militantes y se transforman en agrupaciones de afiliados para las que el socialismo se vuelve una opción distante, y que al fijar una etapa intermedia de larga duración las coloca en la colaboración de clases, los pactos sociales y en un parlamentarismo funcional al progresismo, que es una forma de gestión del capitalismo».

Enuncian una evidencia al salientar que la denuncia firme del oportunismo, inseparable del revisionismo, es una exigencia apremiante en la lucha de los partidos comunistas revolucionarios.

Ya Lenin decía que «la lucha contra el imperialismo es una frase vacía y falsa si no está indisolublemente ligada a la lucha contra el oportunismo».

Pero si el reformismo, tolerado o erigido en opción estratégica, debe ser condenado, cualquiera que sea su modalidad, porque no representa una amenaza para el capitalismo, y le garantiza, al contrario, por ser inofensivo, la sobrevivencia- ¿que hacer, entonces? ¿Como invertir la actual correlación de fuerzas favorable al imperialismo? ¿Cual es la alternativa al sistema de poder impuesto a la Humanidad?

Esbozar por lo menos una tentativa de respuesta a esas preguntas no es el objetivo deste nada pretencioso comentario al número de la Revista Comunista Internacional dedicado a la denuncia del fenómeno del oportunismo que amenaza a nivel mundial los partidos comunistas.

Como comunista sé que el capitalismo, condenado, no está em vísperas de ser erradicado. No viviré ese día. Pero es inabarcable mi convicción que la alternativa al monstruoso sistema de exploración del hombre por el hombre será el socialismo. No está inminente ese gran acontecimiento. Ni definidos sus contornos ,  asimiladas a las lecciones de muchos y graves errores (y desvíos) cometidos en el marco de las experiencias socialistas ensayadas por la humanidad.

Pero es falso, perverso y desmobilizador el discurso de la burguesía sobre la inexistencia de alternativas al capitalismo. La socialdemocracia, farisaica, pretende que el capitalismo es humanizable y cuenta con la complicidad del oportunismo de múltiples matizes.

Mienten. Por su esencia y objetivos, el capitalismo es incompatible con las aspiraciones del  ser humano-Tendrá que ser destruido.

Creo que será la convergencia de múltiples luchas de muchos pueblos bajo el liderazgo de los partidos comunistas como  vanguardias revolucionarias,  que contribuirá decisivamente para el final del capitalismo, abriendo las alamedas de un futuro socialista, en la fidelidad  a las enseñanzas del marxismo-leninismo .

La  senda que conduce al comunismo es larga y dificilísima de recorrer, batallando. La meta a alcanzar, encuanto existió la Unión Soviética, parecía próxima. Ilusión. Hoy sabemos que es largo el camino a recorrer, sembrado de obstáculos de difícil superación.El discurso retórico no ayuda.

discurso retórico no ayuda.

Vila Nova de Gaia, 23 de noviembre de 2013

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La importancia del estudio crítico de la construcción del socialismo en el siglo XX para el fortalecimiento del movimiento obrero, para el contraataque eficaz

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Revista Comunista Internacional

Cuando dimos a la publicidad el tema del 18º Congreso, en que aparte del informe previsto se discutió un asunto especial sobre las conclusiones de la construcción socialista, algunos amigos del partido se preguntaron si fue apropiado, en las condiciones actuales con la apariencia de los primeros signos de la crisis económica capitalista, que el partido tratase un asunto tan importante que quizás, según su opinión, no hubiese  la primera línea de la actualidad. No es necesario recordarles la reacción de la prensa burguesa, los comentarios irónicos y cáusticos de periodistas conocidos que les molestó el hecho que nos ocupáramos de este asunto, aunque sabían de antemano porque tomamos esta decisión. La reacción de su parte era totalmente justificada. Tienen un instinto fuerte y perciben cualquier cosa que puede dar fuerza y dinámica al movimiento revolucionario.

Nosotros, desde el primer momento que nos dimos cuenta que el famoso rumbo de la perestroika no fue más que el inicio de la contrarrevolución y la derrota temporal del sistema socialista, entendimos que deberíamos ocuparnos de la gran tarea de dar respuestas a las preguntas razonables que surgieron tanto a nosotros como a todas las personas progresistas sobre lo sucedido, puesto que no estábamos preparados para este acontecimiento trágico. No lo habíamos previsto y desgraciadamente no teníamos los reflejos necesarios para reaccionar ni siquiera poco antes de que se arriara la bandera roja del Kremlin.

Dado que nuestro partido no estaba en poder, no teníamos ninguna responsabilidad directa en la construcción socialista. Pero fue cierto considerarnos como parte del problema. Sin embargo, la tormenta de la contrarrevolución impactó todos los partidos comunistas, creó una crisis interna, llevó algunos a la escisión o a la mutación total, y a otros les provocó confusiones o incluso cuestiones existenciales.

El KKE desde el primer período que se iba determinando el futuro del socialismo en la Unión Soviética, es decir desde 1989 hasta 1991, entró en una profunda crisis ideológica, política y organizativa que dio lugar a la escisión con el abandono de una parte significativa de los miembros del Comité Central dirigidos por el entonces Secretario General del CC. De hecho, ellos estaban promoviendo la condena del movimiento revolucionario y del curso de la construcción socialista, intentaban transformar el Partido en un partido izquierdista oportunista difundido en una alianza de izquierdas que apoyara ciertas reformas limitadas en la gestión del sistema.

La crisis reveló la existencia de una fuerte corriente oportunista de derecha en la dirección del partido que fue aprobada por el sistema político burgués. La crisis de la que sufrió el KKE no era solamente importada. Nunca la atribuimos únicamente al triunfo de la contrarrevolución y a su impacto interno. Los acontecimientos internacionales la revelaron antes, pero lo más importante es que definieron la magnitud de las pérdidas en el sentido de que la amargura del retroceso repentino dificultó a miles de comunistas de ver desde el primer momento el carácter de la crisis del partido que la llevaba a mucha gente a la desmovilización.

Nosotros, los miembros del CC que participamos en la confrontación de la crisis o que nos dimos cuenta más tarde, no debemos olvidar que hicimos nuestro deber en la base de nuestros estatutos que establecen el centralismo democrático que garantiza objetivamente los términos de la democracia dentro del partido para que se desarrolle el diálogo y el debate, para que todos traten de ello creando así una verdadera mayoría. Cuando las deficiencias en la dirección del partido abarcan asuntos de estrategia, literalmente de existencia del Partido, en aquel momento el órgano de dirección no puede ofrecer soluciones, se esconde detrás del problema mientras ello existe y es realmente una dinamita.

La escisión es inevitable en tales circunstancias. No es en generalmente y abstractamente un acontecimiento trágico. Finalmente dirige a la expulsión del partido revolucionario de las fuerzas y de los cuadros que han elegido la vía del consenso, que han elegido tomar acción conforme con las reglas del sistema político burgués. En tales casos la escisión da lugar a la consolidación cuando todas las opciones posibles se han agotado y no existe otro camino. Si hubiéramos actuado así pronto, si no existiera el injustificado (subrayamos que nos referimos a las condiciones concretas internacionales e internas) temor de escisión entonces seguramente bastantes miembros y algunos cuadros del partido no perderían su camino en un período tan crucial para el movimiento popular en general.

Una vez más el oportunismo de derechas aparece como fuerza de contrarrevolución en condiciones de socialismo, como fuerza de división del movimiento comunista revolucionario. Si no te lo haces frente a tiempo, si lo desprecias tiene la fuerza de infligir un golpe devastador y hacer retroceder al movimiento comunista décadas atrás.

Los años 1989-1991 fue uno de los períodos más duros que sufrió nuestro partido incluso en comparación con el período de ilegalidad o de derrota en la guerra civil de 1946-1949. Entonces hubo el ascendiente movimiento comunista, se había formado el sistema socialista en Europa, se había mejorado a nivel global la correlación de fuerzas internacional. Por lo tanto, la dificultad, la derrota en un país, no fueron suficientes para causar confusión y decepción profunda.

En fin, el KKE  encontró su camino a tiempo, mutatis mutandis, consiguió superar la crisis, ponerse a pie y mantener, incluso en aquel período, su prestigio e influencia al pueblo en un momento en que todos los “signos” estaban en contra de nosotros. El enemigo de clase empleando varias formas y mecanismos acogió a los cuadros del partido que lo habían abandonado, les asistió sistemáticamente y al mismo tiempo lanzó abiertamente su anticomunismo contra el KKE con todos los medios que disponía, ideológicos, políticos y con viles calumnias.

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Educacion y lucha de clases (Aníbal Ponce)

Dejamos a continuacion este excelente texto que compendia como se ha dado la lucha de clases en la historia de la humanidad, en este caso haciendo énfasis en el sector educativo.

Una obra recomendada como texto básico para la formacion politica de la militancia comunista y revolucionaria.

DESCARGA HACIENDO CLICK AQUI:

Educación y lucha de clases (Aníbal Ponce)

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Extraido de ww.pcoe.net

Antonio Gramsci, digno militante marxista-leninista (I)

Alfredo Ponce[i]

gramsciDos cosas hacen levantar este artículo sobre el camarada Antonio Gramsci: 1) desmentir su desvinculación con el marxismo-leninismo (alentada por los académicos trotskistas); y, 2) desmitificar una supuesta “convicción humanista” absoluta que rechaza la violencia revolucionaria. Para aprovechar estos planteamientos, le sumaremos otra cuestión, la construcción del Hombre Nuevo.

El movimiento reformista europeo –que nunca nada ha conquistado y mucho menos ha organizado–, necesitó referentes para echar andar sus pretensiones al abandonar el marxismo-leninismo (desde las primeras décadas del siglo XX), asegurando que con la violencia revolucionaria a nada se podía llegar. Negaron la lucha de clases y legitimaron los artilugios y mecanismos de la democracia burguesa como única vía para alcanzar el Poder.

El eurocomunismo –consolidado como tendencia reformista en la década de 1970–, ante la ausencia de una guía real para su incurable intensión, procuró usar como bandera para sí la imagen del camarada Antonio Gramsci; en que, por ejemplo, José María Laso, uno de los ideólogos reformistas en el Partido Comunista de España (PCE), etiquetó a Gramsci como un “precursor del eurocomunismo”. Para ello, se aprovecharon de que el Partido Comunista Italiano (PCI), dirigido por Palmiro Togliatti, a finales de la II Guerra Mundial (1944-45) empieza un viraje radical (Giro de Salerno), traicionando todo el trabajo que Gramsci había conquistado para la toma revolucionaria del Poder, desmovilizando las milicias partisanas y asimilando completamente las formas y métodos de la democracia burguesa y su parlamentarismo.

En Venezuela, el caso más connotado de transfuguismo revisionista –que naturalmente degeneró hacia el reformismo–, fue el del Movimiento al Socialismo (MAS), encabezado por Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff, que, en 1980, al ser este último electo como presidente de la organización, la Embajada norteamericana y la rancia socialdemocracia fueron a celebrar su ascenso.

Los principales difusores de la literatura manipulada de Gramsci han sido los académicos trotskistas, con el mero propósito de despreciar al leninismo y, por consiguiente, a la militancia comunista. Tal es la intensión del trotskismo: dividir, asfixiar y debilitar al movimiento comunista internacional que lucha bajos las banderas del marxismo-leninismo.

Actualmente, Nestor Kohan –un vehemente académico trotskista–, no pierde oportunidad en cuanto libro o artículo escribe sobre Gramsci, para situarlo como un marxista occidental que desprecia al “marxismo soviético”, a Stalin y “seduce a Trotski” en su idea de la “revolución permanente”. Ante este absurdo, el mismo Gramsci ya tenía su propia posición y decía en 1927 que: “Las debilidades teóricas de esta forma moderna del viejo mecanicismo quedan enmascaradas por la teoría general de la revolución permanente, que no es sino una previsión genérica presentada como dogma y que se destruye por sí misma, por el hecho de que no se manifiesta fáctica y efectivamente”.


[i] Publicado originalmente en Tribuna Popular Nº 2960.

  • Tribuna Popular es organo de prensa del Partido Comunista de Venezuela

Los Bolcheviques y la Revolución de Octubre (Miguel Urbano)

Por: Miguel Urbano Rodrigues

Odiario.info publica un texto 111hacia el cual, por su importancia, llamamos la atención de nuestros lectores: la introducción que el escritor comunista italiano Giuseppe Boffa escribió para las “Actas de las reuniones del Comité Central (CC) del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (Bolchevique)” realizadas entre Agosto de 1917 y Febrero de 1918 (Fechas según el calendario gregoriano).

Pasajes de ese documento histórico fueron citados por Stalin, por vez primera, en 1924. Pero las “Actas” solamente fueron publicadas en la URSS después del XX Congreso del PCUS. En 1964 Francois Maspero lanzó una edición francesa y, en 1978, la Siglo XXI mexicana publicó las “Actas” en castellano con el título de “Los Bolcheviques y la Revolución de Octubre”. Fue un ejemplar de esa edición, hoy agotada, que me llegó a las manos, enviado por un camarada brasileño.

Leí fascinado esas “Actas” –más de 300 páginas- casi sin interrupciones. Con algunas lagunas ellas permiten al lector acompañar los debates dramáticos en que, durante siete meses, menos de tres decenas de revolucionarios que formaban entonces el Comité Central del Partido Bolchevique tomaron decisiones de las que vendría a depender la victoria o derrota del proyecto comunista

Estudié una media docena de Historias de la Revolución Rusa de 1917, de autores soviéticos y occidentales. Ninguna es tan esclarecedora de la atmósfera de esas reuniones, ninguna ilumina tan profundamente como las “Actas” las divergencias que separaban a los dirigentes bolcheviques unidos por un ideal común. En aquel tiempo no había grabadoras y las “Actas”, anotadas a mano en hojas arrancadas de cuadernos, por la secretaria del Comité Central, Elena Stásova, presentan naturalmente las insuficiencias y fallas propias del ambiente conspirativo posterior a las jornadas represivas de Julio del 17.

Eso no impide que la simple transcripción (igualmente parcial) de las intervenciones de los principales dirigentes del CC represente una contribución para la Historia mucho más valiosa que el análisis de escritores y académicos que no participaron de esas reuniones secretas.

La introducción facilita la reflexión sobre una Documentación tan densa y valiosa. Boffa recuerda que los debates incidieron sobretodo en dos temas: la insurrección armada y, después de la toma del poder por los bolcheviques, la cuestión de la paz con las Potencias Centrales, después del armisticio del 15 de Diciembre del 17 que suspendió la guerra entre la joven República socialista y el Imperio Alemán.

Stalin, Sverdlov, Dzerzhinski, Trotski, Zinoviev, Kamenev, Bujarin, Preobrazhenski y Alexandra Kolontai fueron algunos de los miembros del CC que entonces discutieron en Petrogrado, en ocasiones con pasión, las decisiones a ser tomadas: Lenin no participó en las primeras reuniones porque estaba en la clandestinidad, perseguido por la policía de Kerenski.

“Las batallas libradas en el núcleo de revolucionarios que dirigió la primera revolución socialista fueron autenticas luchas políticas que pusieron en juego elementos esenciales de la línea del partido y, en ocasiones, los fundamentos ideológicos del bolchevismo” –escribe Boffa.

El primer gran choque de posiciones antagónicas ocurrió cuando Lenin colocó la necesidad urgente de la insurrección armada. Los bolcheviques estaban en minoría en el Soviet de Petrogrado y la dualidad de poderes jugaba a favor del gobierno de Kerenski. Lenin consideraba concluido el periodo de desarrollo pacífico de la revolución porque los mencheviques y los socialistas revolucionarios habían optado por una alianza tácita con la burguesía reaccionaria.

De ahí el imperativo de la insurrección armada orientada para la toma del poder. Cuando Lenin el 15 de Septiembre presentó la propuesta tendiente a la organización “técnica” de la insurrección, definiendo ésta como un “arte”, el debate fue prolongado y tenso.

Dos dirigentes, Kamenev y Zinoviev, se opusieron frontalmente. Es útil recordar que Kamenev, que dirigía con Stalin el Pravda, asumirá una posición crítica cuando Lenin, regresando del exilio, expuso “Las Tesis de Abril” que reformularon toda la estrategia del Partido Bolchevique.

Pero esta vez Kamenev y Zinoiev no se limitaron a estar en desacuerdo. Violando la disciplina partidaria, publicaron en el periódico “Novaya Zhizn”, de Máximo Gorki (que entonces no militaba con los bolcheviques), un documento en que combatían y denunciaban la insurrección.

Esto en las vísperas del asalto al Palacio de Invierno.

“Traidores y esquiroles ” fueron expresiones usadas por Lenin para definir la actitud de dos dirigentes a los que lo ligaba una sólida amistad personal. Pero a pesar de haber pedido la expulsión de ambos del CC y del Partido, la sugestión no obtuvo mayoría y los dos permanecieron en funciones.

Lo que confiere a las “Actas” un interés especial es la publicación parcial de las intervenciones de los miembros del CC que participaron en esas tempestuosas reuniones. Ellas contribuyen a desmontar las especulaciones que corrieron por el mundo sobre lo que pasó en esas jornadas del Instituto Smolny, cuartel general bolchevique. El propio John Reed, un amigo de la Revolución, presentó una versión inexacta de los debates en su libro “Diez días que conmovieron al mundo”. La propuesta de insurrección fue aprobada por todos los presentes, con los votos en contra de Kamenev y Zinoviev.

Las dudas de algunos no sorprenden. Esos veteranos bolcheviques no tenían respuesta para una pregunta: ¿Era posible una revolución Socialista en Rusia atrasada antes de su victoria en un país desarrollado? ¿O debería la revolución desarrollarse como democrática y nacional?

Lenin fue el primero en comprender que solamente la insurrección armada podría frenar la contrarrevolución en marcha, apoyada por las potencias imperialistas.

EL DILEMA DE BREST-LITOVSK

La otra cuestión que ocupó las agendas de sucesivas reuniones del CC y allí exhaustivamente debatida fue el de la actitud a asumir frente a la Alemania imperial después de la toma del poder por el Partido Bolchevique.

En la Conferencia de Abril en 1917, el Partido tenía decidido oponerse a una “paz por separado” con Alemania y “proponer a todos los pueblos una paz democrática, esto es, sin anexiones ni reparaciones”. El caminar de la Historia volvió utópica esa posición.

La discusión en el CC del debate sobre la Paz iniciada después del armisticio del 15 de Diciembre es la más amplia y emocionantes de las registradas por las “Actas”. Fueron dramáticos, vehementes, los debates sobre el tema.

Las clausulas de paz presentadas por los alemanes y austriacos eran indecorosas y humillantes. Exigían territorios con un tercio de la población del país y la mitad de su industria.

El partido estaba dividido, con destacados dirigentes defendiendo posiciones incompatibles. La tendencia mayoritaria, invocando decisiones tomadas al inicio de la Revolución de Febrero, optaba por la “guerra revolucionaria” como respuesta al imperialismo alemán. Trotski pretendía que se declarase finalizada la guerra y se desmovilizara al ejército, pero sin firmar la paz.

La única posición realista y lúcida, pero minoritaria, era la de Lenin. Las condiciones alemanas eran monstruosas. Pero la “guerra revolucionaria” era una idea romántica. Los soldados desertaban en masa del frente; en la práctica, ya no había ejército. La opción de Trotski era también inaceptable, porqué partía de una hipótesis improbable en el momento: la revolución inmediata en Alemania.

Trotski comandaba la delegación soviética en las conversaciones con los alemanes, los austriacos, los turcos, los búlgaros. La ausencia de un consenso le llevó a tomar una decisión unilateral que mereció severas críticas de Lenin: salió de Brest declarando finalizada la guerra, pero no firmo la paz: En la práctica impuso la formula “¡ni guerra, ni paz!”.

La reunión ampliada del CC del día 23 de Febrero en la que participaron 60 destacados bolcheviques fue angustiante. Las “Actas” transmiten la atmósfera emocionante de aquella sesión en que se jugaba la suerte de la Revolución Soviética.

Los alemanes habían denunciado el armisticio y el 21 de Febrero de 1918 desencadenaron una ofensiva en todos los frentes y, sin encontrar prácticamente resistencia, estaban casi a las puertas de Petrogrado.

En su intervención final, Lenin, que amenazó con dimitir, esbozó un escenario de tragedia: “Si no firmamos –dice- estaremos suscribiendo la condena a muerte del poder soviético dentro de tres semanas”.

Lenin convenció; pero la firma de la paz el 3 de Marzo y la posterior ratificación del Tratado de Brest dejaron secuelas muy dolorosas. Algunos comisarios del pueblo dimitieron, abriendo heridas en el Partido.

Resta añadir que el Tratado de Brest fue declarado nulo por Rusia el 13 de Noviembre, dos días después de la capitulación de Alemania.

Pero antes de finalizar la Primera Guerra Mundial las potencias capitalistas iniciaron el cerco a la joven República Soviética. Los japoneses, en Abril, tomaron Vladivostok en el Extremo Oriente; los ingleses y los norteamericanos desembarcaron en las tierras árticas de Rusia, las escuadras británica y francesa bloquearon los puertos del Mar Negro en tanto los generales blancos preparaban una larga guerra civil.

Giuseppe Boffa, señalando que la Revolución ganaría con un alto costo su primera batalla defensiva, afirma que los acontecimientos de aquellos meses entre el VI y el VII Congreso del Partido Bolchevique vinieron a destacar “el punto más alto de toda la historia humana”. Es mi convicción de que ningún partido se aproximó tanto a la imagen de la democracia ideal como el bolchevique en aquellas jornadas.

Las “Actas” compiladas en “Los Bolcheviques y la Revolución de Octubre” constituyen la más convincente respuesta a las campañas anticomunistas que deforman y calumnian el centralismo democrático.
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Vila Nova de Gaia, Octubre del 2012
Traducción: Jazmín Padilla para www.odiario.info

La lucha consecuente de los comunistas contra los trotskistas (José Antonio Egido)

En 1914 Lenin escribió en su folleto sobre el derecho a la autodeterminación que “¡Trotski es mas peligroso que un enemigo!”.

Ese mismo año, el 9 de mayo escribe: “Los viejos militantes marxistas rusos conocen bien a Trotski y no hace falta hablarles de él. Pero la joven generación obrera no le conoce y es necesario hablarles de él. Porque es una figura típica de los 5 grupos extranjeros que flotan entre los liquidadores y el Partido”.

El pleno del Comité Central (C.C.) del Partido Comunista (Bolchevique) de Rusia deenero de 1925 estima que “el conjunto de las intervenciones de Trotski contra el partidopuede ser definido ahora… como el deseo de transformar la ideología del PCR en una especie de “bolchevismo” sin leninismo “modernizado” por Trotski. Eso no es bolchevismo. Es una revisión del bolchevismo”. El documento repasa las tres discusiones que el partido ha debido mantener con Trotski:

  • sobre la paz de Brest
  • sobre los sindicatos
  • Sobre el aparato del partido

La que lleva en ese momento en la que “Trotski ha emprendido ya la cruzada abierta contra los fundamentos de la concepción bolchevique del mundo”.

El XV Congreso del Partido (1927) caracteriza al trotskismo como “instrumento de la tercera fuerza contra el régimen de la dictadura del proletariado”.

El 8 de junio de 1926 el Presidium del Comité ejecutivo de la Internacional Comunista (I.C.) aprobó un documento que denunciaba las posiciones sectarias de los trotskistas. El pleno conjunto del CC y de la CCC del PC(b) de la URSS de agosto de 1927 recuerda que “el partido y la KOMINTERN… condenaron en 1923 a la oposición trotskista, caracterizando sus opiniones como una desviación pequeño-burguesa”. El XV congreso del PC(b) de la URSS en diciembre de 1927 considera que la oposición trotskista-menchevique calumnia a la URSS calificándola de Estado termidoriano degenerado, niega la dictadura del proletariado en la URSS y entabla una luchacontrarrevolucionaria contra ella. “La oposición trotskista ha roto por completo con elleninismo y defiende una plataforma menchevique-liquidadora, ayuda a los enemigos de la URSS con sus calumnias y realiza una labor escisionista inaudita”. En febrero de 1928 el IX Pleno del mismo órgano aprobó las resoluciones del XV Congreso soviético y declaró la pertenencia al trotskismo incompatible con la afiliación a la I.C.

El 27 de octubre de 1928 los miehqdefaultmbros de la dirección del PC Americano (PCA) Max Schachtman y Martín Abern que declararon su total apoyo a Trotsky fueron expulsados y crearon la Liga Comunista de América (LCA). En 1934 el PCA se enfrenta a la fusiónde la LCA con el Partido Obrero Americano (AWP). En 1937 denuncia a la revista Partisan Review que invita a colaborar a Trotsky y que terminaría como un órgano de propaganda de la CIA. El dirigente comunista norteamericano William Z. Foster escribió que la lucha contra el trotskismo en los años 30 “decidía no sólo el destino de la Revolución en Rusia sino también el del Movimiento Comunista mundial. La victoria de las fuerzas trotskistas significaría el éxito decisivo de la reacción mundial” .

En 1.927 el secretario del Partido Comunista Chino (PCCh) Chen Duxiu es destituido y expulsado del Partido por sus posiciones trotskistas y capitulacionistas. Intentaconspirar contra el nuevo secretario del Partido Wang Ming. Éste escribe que “en el verano de 1927 fue derrotado el oportunismo de derecha de Chen Duxiu,… en el otoño de 1929 fracasó el grupo de liquidadores trotskistas-chenduxiuistas”. Considera que los trotskistas son “cómplices activos de la reacción imperialista” .

De 1928 a 1930 el Partido Comunista Brasileño (PCB) expulsa a los troskistas que formaron la “Liga Comunista Internacionalista” que, tras criticar la insurrección popular en 1935 de la Alianza Nacional Libertadora (ANP) y a su jefe, el líder comunista LuizCarlos Prestes, desapareció en 1936.

En 1932 y 1933 los trotskistas fueron expulsados del Partido Comunista de Cuba y constituyeron el “Partido bolchevique internacional”.

La Historia del Partido del Trabajo de Albania señala como en 1934, en los comienzos del comunismo albanés, se desató una lucha entre comunistas y trotskistas en el seno del “Grupo Comunista” de la ciudad de Korça: “Los elementos trotskistas se lanzaron con furia contra la línea seguida por Ali Kelmendi y contra la parte mas sana del Grupo, esforzándose en obstruir por todos los medios la ampliación de la labor y la influencia de los comunistas entre las masas. Su representante principal, Niko Xoxi, ambicionaba tomar la dirección del Grupo para luego obligarlo a que aceptase los puntos de vista trotskistas”. La lucha se saldó con el desenmascaramiento y la expulsión de N. Xoxi del comité directivo del grupo.

En 1935 el fundador del Partido Comunista de Bélgica (PCB) Joseph Jacquemotte derrota a los trotskistas en la Conferencia del Partido de Charleroi .

En una fecha sin determinar el “Amauta” José Carlos Mariátegui, fundador del PC peruano y gran pensador marxista escribe:”El trotskimo sabe de un radicalismo teórico que no logra condensarse en fórmulas concretas y precisas”.

En 1936 el gran comunista catalán Joan Comorera redacta la declaración de principios para la unificación de 4 partidos revolucionarios que dará lugar al Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) excluyendo explícitamente a los trotskistas.

En marzo de 1937 Stalin acusa al trotskismo de pasar de corriente política de la clase obrera a “banda cínica y sin principios de saboteadores, agentes de diversión, espías y asesinos”. En 1937 Ho Chi Minh indica al PC de Indochina que no hay que aceptar absolutamente ningún compromiso con los trotskistas. Según Santucho, los trotskistas vietnamitas se enfrentaron abiertamente al PC justamente cuando éste comienza a desarrollar la guerrilla. El Pleno de su C.C. de marzo de 1938 señala que se ha subestimado el peligro trotskista y la colaboración sin principios con los trotskistas. En marzo de 1939 este PC llama en un manifiesto a barrer a los trotskistas. En los años 40 las publicaciones ilegales del Partido y del Frente Viet Minh luchan contra “los trotskistas provocadores y saboteadores”. En Octubre de 1938 Mao Tsetung afirma ante el C. C. del PCCh que “los servicios secretos del imperialismo japonés tratan constantemente de minar nuestro Partido y de hacer que, disfrazados de activistas, se infiltren en él colaboracionistas, trotskistas, elementos pro japoneses, degenerados y arribistas” .

A finales de los años 30 el Partido Comunista de Chile expulsa de sus filas a los trotskistas, que crean el “Partido Comunista de Izquierdas” y comienzan a luchar contra el Frente Popular que termina por fracasar en 1940-41.

El Ché Guevara escribió que “Consideramos que el partido trotskista actúa contra la Revolución” . La oposición sistemática del trotskista “Partido Obrero Revolucionario” (POR) a la Revolución Cubana fue perseguida: en 1961 fue destruida una edición en español de La Revolución permanente de Trotsky, en 1962 un trotskista fue detenido mientras difundía un panfleto, un mitin en honor a Trotsky fue prohibido en Guantánamo y su secretario general Idalberto Ferrera Acosta fue detenido durante 48 horas. En 1965 un grupo de trotskistas fue procesado. La represión cesó y los detenidos fueron liberados cuando los trotskistas se comprometieron a cesar en su actividad contrarrevolucionaria. En 1966, Fidel Castro, acusó al trotskismo de ser “instrumento vulgar del imperialismo y de la reacción”.

Las fuerzas revolucionarias mexicanas tomaron medidas para combatir la influencia contrarrevolucionaria del trotskismo. La Liga Comunista 23 de septiembre (LC23S) ejecutó al dirigente del PRT Alfonso Peralta Reyes en 1976 e informó que no toleraría la propaganda trotskista.

Respondiendo a calumnias de un troskista irlandés, el presidente nacional del Partido Comunista de Irlanda (PCI) Michael O’Riordan escribe que “Los hechos son testarudos y testimonian que el trotskismo, teórica y prácticamente, ha sido un fracaso en la historia y en ninguna parte ha podido instaurar el poder de la clase obrera” .

El traidor Gorbachov rehabilitó a Trotsky poco antes de la liquidación de la URSS.

En septiembre de 1993 el Partido de la Liberación (P.L.) de Argentina sale al paso de la política reformista y anticomunistas de los trotskistas argentinos con el importante documento “Nuestra confrontación con el trotskismo”.

La lucha de los comunistas contra el trotskismo sigue en el siglo XXI. El líder de la Coordinación Comunista que lucha contra la degeneración del PC de Francia Jean-Luc Sallé estima que “la destrucción programada del PCF crea las condiciones para un reforzamiento de las corrientes trotskistas. Aprovechan su gran ocasión: la de impedir la emergencia de un partido comunista auténtico y crear un partido trotskista que conduciría a la clase obrera al impasse… y reforzaría el dispositivo socialdemócrata, apoyo social del capitalismo. Las tácticas varían. LO y LCR quieren a partir de sus éxitos electorales, crear una formación a “la izquierda” del PCF mutado. El Partido de los Trabajadores (PT) practica el entrismo en el PCF… Para la coordinación comunista los dos adversarios de la reconstrucción del partido son los liquidadores reformistas y los troskistas”.

En el seno del Partido Comunista de Filipinas (CPP) se produce una crisis política en 1991. Una parte de sus miembros, considerados traidores por el Partido, abrazan el troskismo y crean en 1998 el “Partido revolucionario de los trabajadores de Filipinas”. Uno de sus cuadros será ejecutado en el 2001 por el Partido. En el 2002 el líder de la Coordination Communiste pour la reconstruction du parti communiste revolutionnaire, que en 1999 habia abandonado ya el PCF, Maurice Cukierman declara: “Hace falta recordar que a menudo el trotskismo es la escuela de formación política de los dirigentes socialdemócratas? El anticomunismo y antisovietismo que destilan da n prueba del callejón sin salida en el que intentan encerrar a la clase obrera”. También en el 2002 Raymond Casas, antiguo cuadro del PCF, uno de los fundadores del PC Marxista-Leninista de Francia, escribe que “el trotskismo es un peligro serio para un partido revolucionario aunque puede convertirse en una comedia ridícula. Los comunistas sinceros y lúcidos tienen que estar seguros que la reconstrucción de un verdadero partido revolucionario exige la vigilancia más grande en relación al trotskismo, cáncer mundial de todo Partido Comunista serio. La experiencia debe convertirnos en implacables en este punto, bajo pena de no conocer nunca un partido sólido, anhelado y esperado por las masas laboriosas”.

En el 2003 el comunista belga Johnny Coopmans imparte un curso titulado “El trotskismo, una doctrina antimarxista?” en la universidad marxista de verano del PTB. Afirma que “analizar el trotskismo es aprender a construir hoy un movimiento comunista”.

El presidente del PC de la Federación Rusa (PCFR) Guennadi Ziuganov escribe en el 2004 que “Haremos lo posible para no permitir en nuestras filas el espíritu del trotskismo, o lo que es lo mismo, los intentos de determinados activistas engreídos, que se sienten superiores, “superhombres, por encima del CC, de sus leyes, de sus decisiones, dando de este modo la excusa a determinada parte del partido a hacer un trabajo de desgaste que haga perder la confianza de ese mismo CC”.

En el seminario de Bruselas del PTB de mayo del 2005 “Comunistas en Lucha” de Francia afirman que “en realidad los socialdemócratas y los troskistas prosiguen su tradicional actividad de zapa al servicio de la burguesía y del sistema de explotación capitalista. Los socialdemócratas y los contrarrevolucionarios trostskistas extienden las ilusiones reformistas para desviar a los trabajadores de la actividad revolucionaria”.