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SOBRE EL PELIGRO DE DERECHA EN EL P.C.(b) DE LA U.R.S.S. (J. V. Stalin)

J. V. Stalin

SOBRE EL PELIGRO DE DERECHA
EN EL P.C.(b) DE LA U.R.S.S.

Discurso en el Pleno del Comité de Moscú
y de la Comisión de Control de Moscú
del P.C.(b) de la U.R.S.S.

19 de octubre de 1928

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De la colección:

J. V. Stalin, Cuestiones del leninismo

EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS
PEKIN

Primera edición 1977

págs. 311-27.


Preparado © para el Internet por David Romagnolo, djr@marx2mao.org (Enero de 1999)


NOTA DEL EDITOR

La presente versión ha sido realizada sobre la base de diversas ediciones en lengua castellana y confrontada con el original ruso.


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SOBRE EL PELIGRO DE DERECHA
EN EL P.C.(b) DE LA U.R.S.S.
Discurso en el Pleno del Comité de Moscú
y de la Comisión de Control de Moscú
del P.C.(b) de la U.R.S.S.

19 de octubre de 1928

    Creo, camaradas, que es necesario, ante todo, dejar a un lado las pequeñeces, las cuestiones personales, etc., para resolver el problema que nos interesa, que es el de la desviación de derecha.

    ¿Existe en nuestro Partido un peligro de derecha, un peligro oportunista? ¿Existen condiciones objetivas favorables para este peligro? ¿Cómo se debe luchar contra él? Esas son las cuestiones que hoy se nos plantean.

    Pero no resolveremos el problema de la desviación de derecha si no dejamos a un lado todas las pequeñeces y todos los elementos extraños que lo envuelven y nos impiden comprender su esencia.

    No tiene razón Zapolski cuando cree que el problema de la desviación de derecha es un problema accidental. Zapolski afirma que el problema todo no es una desviación de derecha, sino chismes, intrigas personales, etc. Admitamos por un instante que aquí, como en toda lucha, desempeñen cierto papel los chismes y las intrigas personales. Pero explicarlo todo

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como efecto de chismes y no ver detrás de éstos el fondo del problema, es apartarse del camino acertado, del camino marxista.

    No es posible que una organización tan grande, tan vieja, tan unida como lo es, sin duda, la organización de Moscú, pueda verse sacudida de arriba abajo y puesta en movimiento por unos cuantos chismosos o intrigantes. No, camaradas, tales milagros no suelen darse bajo la capa del cielo. Y no hablo ya de que no se puede apreciar tan a la ligera la fuerza y el poder de la organización de Moscú. Es evidente que aquí han actuado causas más profundas, que no tienen nada que ver ni con los chismes ni con las intrigas.

    Tampoco tiene razón Fruntov, quien, aun reconociendo la existencia del peligro de derecha, no lo considera digno de que se ocupen a fondo de él gentes sensatas y serias. Según él, el problema de la desviación de derecha es un asunto propio de charlatanes y no de gente seria. Comprendo perfectamente a Fruntov, pues está tan absorbido por el trabajo práctico cotidiano, que no tiene tiempo de pararse a pensar en las perspectivas de nuestro desarrollo. Pero esto no quiere decir que debamos erigir en dogma de nuestro trabajo de edificación el practicismo estrecho de algunos militantes del Partido. El practicismo sano es buena cosa, pero si pierde de vista las perspectivas del trabajo y no supedita su labor a la línea fundamental del Partido, se convierte en un estorbo. Y sin embargo, no es difícil comprender que el problema de la desviación derechista es el problema de la línea fundamental de nuestro Partido, el problema de saber si es acertada o errónea la perspectiva de desarrollo trazada por nuestro Partido en su XV Congreso.

    Tampoco tienen razón los camaradas que, al enjuiciar el problema de la desviación de derecha, lo centran todo en la

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cuestión de las personas que la encarnan. Señaladnos, dicen estos camaradas, a los derechistas o a los conciliadores, decidnos quiénes son, para que podamos ajustarles las cuentas. Este planteamiento del problema es equivocado. Naturalmente, las personas desempeñan cierto papel. Pero de lo que se trata aquí no es de las personas, sino de las condiciones, de la situación que engendra el peligro de derecha en el Partido. Se puede apartar a las personas, pero esto no quiere decir que, con ello, hayamos arrancado las raíces del peligro derechista en nuestro Partido. Por eso, la cuestión de las personas no resuelve el problema, aunque tiene un interés indudable.

    No puede por menos de recordarse, a propósito de esto, un episodio ocurrido en Odesa hacia fines de 1919 y comienzos de 1920, cuando nuestras tropas, después de arrojar a los denikinistas de Ucrania, estaban aniquilando a los últimos restos de las tropas de Denikin en la zona de Odesa. Una parte de los combatientes del Ejército Rojo se dedicaron a buscar en Odesa furiosamente a la Entente, convencidos de que, si daban con ella, se acabaría la guerra. (H i I a r i d a d  g e n e r a l.) Cabe suponer que los combatientes del Ejército Rojo podrían haber cazado en Odesa a algún representante de la Entente, pero con ello no se habría resuelto, claro está, el problema de la Entente, ya que las raíces de ésta no estaban en Odesa, aunque esa zona fuese el último territorio ocupado por las tropas de Denikin, sino en el capitalismo mundial.

    Lo mismo puede decirse de algunos de nuestros camaradas, que centran el problema de la desviación de derecha en las personas que encarnan esta desviación y olvidan las condiciones que la engendran.

    Por eso, lo primero que tenemos que esclarecer aquí son las condiciones que han originado la desviación de derecha, así

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como la desviación de “izquierda” (trotskista) respecto de la linea leninista.

    La desviación derechista en el comunismo, bajo las condiciones del capitalismo, es la tendencia, la propensión de una parte de los comunistas — sin forma definida aún, verdad es, y quizá inconsciente, pero propensión, a pesar de todo — a apartarse de la línea revolucionaria del marxismo, inclinándose hacia la socialdemocracia. Cuando ciertos círculos comunistas niegan la oportunidad de la consigna de “clase contra clase” en la lucha electoral (en Francia) o se manifiestan contrarios a que el Partido Comunista presente una candidatura independiente (en Inglaterra) o no quiere agudizar el problema de la lucha contra la socialdemocracia de “izquierda” (en Alemania), etc., etc., eso significa que dentro de los Partidos Comunistas hay gente que pugna por adaptar el comunismo a la socialdemocracia.

    El triunfo de la desviación de derecha en los Partidos Comunistas de los países capitalistas supondría la derrota ideológica de los Partidos Comunistas y un fortalecimiento enorme de la socialdemocracia. ¿Y qué es un fortalecimiento enorme de la socialdemocracia? Es reforzar y robustecer el capitalismo, pues la socialdemocracia es el sostén fundamental del capitalismo dentro de la clase obrera.

    Por tanto, el triunfo de la desviación de derecha en los Partidos Comunistas de los países capitalistas conduce al desarrollo de las condiciones necesarias para el mantenimiento del capitalismo.

    La desviación de derecha en el comunismo, bajo las condiciones de desarrollo soviético, cuando el capitalismo ha sido ya derrocado, pero cuando todavía no han sido extirpadas sus raíces, significa la tendencia, la propensión de una parte de los comunistas — sin forma definida aún, verdad es, y quizá

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inconsciente, pero propensión, a pesar de todo — a apartarse de la línea general de nuestro Partido, inclinándose hacia la ideología burguesa. Cuando algunos círculos de nuestros comunistas intentan hacer que nuestro Partido se aparte, marchando hacia atrás, de los acuerdos del XV Congreso y niegan la necesidad de la ofensiva contra los elementos capitalistas del campo; o exigen que se reduzca nuestra industria, por entender que el rápido ritmo de su desarrollo actual es ruinoso para nuestro país; o niegan la conveniencia de las asignaciones para la organización de koljoses y sovjoses, por creer que esto es dinero tirado a la calle; o niegan la conveniencia de la lucha contra el burocratismo sobre la base de la autocrítica, por entender que la autocrítica quebranta nuestro aparato; o exigen que se suavice el monopolio del comercio exterior, etc., etc., eso quiere decir que en las filas de nuestro Partido hay gente que — quizá sin que ella misma se dé cuenta — intenta adaptar nuestra edificación socialista a los gustos y a las necesidades de la burguesía “soviética”.

    El triunfo de la desviación de derecha en nuestro Partido supondría un fortalecimiento enorme de los elementos capitalistas en nuestro país. ¿Y qué significa fortalecer los elementos capitalistas en nuestro país? Significa debilitar la dictadura del proletariado y acrecer las posibilidades de restauración del capitalismo.

    Por tanto, el triunfo de la desviación de derecha en nuestro Partido significaría el desarrollo de las condiciones necesarias para la restauración del capitalismo en nuestro país.

    ¿Existen en nuestro país, en el País Soviético, condiciones que hagan posible la restauración del capitalismo? Sí, existen. Tal vez eso parezca extraño, pero es un hecho, camaradas. Hemos derrocado el capitalismo, hemos implantado la dictadura del proletariado y desarrollamos a ritmo acelerado nues-

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tra industria socialista, ligando a ella la economía campesina. Pero aún no hemos extirpado las raíces del capitalismo. ¿Dónde anidan esas raíces? Anidan en la producción mercantil, en la pequeña producción de la ciudad y, sobre todo, del campo.

    La fuerza del capitalismo reside, como dice Lenin, “en la fuerza de la pequeña producción. Porque, desgraciadamente, queda todavía en el mundo mucha, muchísima pequeña producción, y la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, espontáneamente y en masa” (v. t. XXV, pág. 173).

    Es evidente que como la pequeña producción tiene en nuestro país un carácter masivo y hasta predominante, y como engendra capitalismo y burguesía constantemente y en masa, sobre todo bajo las condiciones de la Nep, se dan en nuestro país condiciones que hacen posible la restauración del capitalismo.

    ¿Existen en nuestro país, en el País Soviético, los medios y las fuerzas necesarios para destruir, para eliminar la posibilidad de restauracion del capitalismo? Sí, existen. Por eso, precisamente, es acertada la tesis de Lenin sobre la posibilidad de edificar en la U.R.S.S. la sociedad socialista completa. Para ello es necesario consolidar la dictadura del proletariado, fortalecer la alianza de la clase obrera y los campesinos, desarrollar nuestras posiciones dominantes desde el punto de vista de la industrialización del país, imprimir un ritmo rápido al desarrollo de la industria, electrificar el país, dar a toda nues tra economía nacional una nueva base técnica, organizar la cooperación en masa de los campesinos y elevar el rendimiento de sus haciendas, agrupar gradualmente las haciendas campesinas individuales en haciendas sociales y colectivas, desarrollar los sovjoses, limitar y vencer a los elementos capitalistas de la ciudad y del campo, etc., etc. He aquí lo que dice Lenin a propósito de esto:

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    “Mientras vivamos en un país de pequeñas haciendas campesinas, el capitalismo tendra en Rusia una base económica más sólida que el comunismo. Es necesario recordarlo. Todo el que observa atentamente la vida del campo, comparándola con la vida de la ciudad, sabe que no hemos extirpado las raíces del capitalismo, ni hemos eliminado el fundamento, la base del enemigo interior. Este se apoya en la pequeña hacienda, y para quebrantarlo no hay más que un medio: dar a la economía del país, comprendida la agricultura, una nueva base técnica, la base técnica de la gran producción moderna. Y esta base no puede ser más que una: la electricidad. El comunismo es el Poder Soviético más la electrificación de todo el país. De lo contrario, el país seguiría siendo un país de pequeños campesinos, y es necesario que nos demos cuenta de ello con toda claridad. Somos más débiles que el capitalismo no sólo en escala mundial, sino también dentro del país. Eso es bien notorio. Nosotros lo hemos comprendido y haremos de manera que la base económica, constituida hoy por la pequeña producción campesina, pase a ser la gran industria. Y sólo cuando el país esté electrificado, cuando haya mos dado a la industria, a la agricultura y al transporte la base técnica de la gran industria moderna, sólo entonces venceremos definitivamente” (t. XXVI, págs. 46-47).

    Resulta, en primer lugar, que mientras vivamos en un país de pequeñas haciendas campesinas, mientras no hayamos extirpado las raíces del capitalismo, éste tendrá en nuestro país una base económica más sólida que el comunismo. A veces se derriba un árbol, pero no se extirpa sus raíces, por faltar las fuerzas para ello. De aquí, precisamente, dimana la posibilidad de la restauración del capitalismo en nuestro país.

    Resulta, en segundo lugar, que, además de la posibilidad de la restauración del capitalismo, existe también, en nuestro país, la posibilidad del triunfo del socialismo, ya que podemos destruir la posibilidad de restauración del capitalismo, podemos extirpar las raíces del capitalismo y conseguir el triunfo definitivo sobre éste en nuestro país si desplegamos una in tensa labor de electrificación del país, si damos a la industria, a la agricultura y al transporte la base técnica de la gran in-

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dustria moderna. De aquí, precisamente, dimana la posibilidad del triunfo del socialismo en nuestro país.

    Resulta, por último, que no es posible edificar el socialismo sólo en la industria, dejando la agricultura a merced del desarrollo espontáneo, con el criterio de que el campo “seguirá por sí mismo” a la ciudad. La existencia de una industria socialista en la ciudad es un factor fundamental para la transformación socialista del campo. Pero eso aún no quiere decir que este factor sea del todo suficiente. Para que la ciudad socialista pueda llevar tras de sí definitivamente al campesinado, es necesario, como dice Lenin, “dar a la economía del país, comprendida la agricultura [*], una nueva base técnica, la base técnica de la gran producción moderna”.

    ¿No se halla en contradicción con esta cita de Lenin otra cita tomada de sus obras, según la cual “la Nep nos asegura por completo la posibilidad * de construir los cimientos de la economía socialista”? No; no hay tal contradicción. Lejos de ello, ambas citas coinciden por entero. Lenin no dice, ni mucho menos, que la Nep nos depare el socialismo ya hecho. Lo único que nos dice es que la Nep nos asegura la posibilidad de construir los cimientos de la economía socialista. Entre la posibilidad de llevar a cabo la edificación del socialismo y su construcción efectiva hay una gran diferencia. No hay que confundir la posibilidad con la realidad. Precisamente para convertir esta posibilidad en realidad es para lo que Lenin propone la electrificación del país y que se dé la base técnica de la gran industria moderna a la industria, a la agricultura y al transporte, como condición del triunfo definitivo del socialismo en nuestro país.


    * Subrayado por mí. J. St.

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    Pero no es posible realizar en uno o dos años esta condición necesaria para llevar a cabo la edificación del socialismo. No es posible en uno o dos años industrializar el país, construir una potente industria, organizar en cooperativas a masas de millones de campesinos, dar una nueva base técnica a la agricultura, agrupar las haciendas campesinas individuales en grandes haciendas colectivas, desarrollar los sovjoses, limitar y vencer a los elementos capitalistas de la ciudad y del campo. Para esto hacen falta años y años de intensa labor constructiva de la dictadura del proletariado. Y mientras no se haga esto — y no se hará de repente –, seguiremos siendo un país de pequeñas haciendas campesinas, en el que la pequeña producción engendrará capitalismo y burguesía constantemente y en masa y donde seguirá existiendo el peligro de restauración del capitalismo.

    Y como el proletariado de nuestro país no vive en el vacío, sino dentro de la vida más real y concreta, con toda su diversidad, los elementos burgueses, que surgen sobre la base de la pequeña producción “cercan al proletariado por todas partes de elemento pequeñoburgués, lo impregnan de este elemento, lo corrompen con él, provocan constantemente en el seno del proletariado recaídas de pusilanimidad pequeñoburguesa, de atomización, de individualismo, de oscilaciones entre la exaltación y el abatimiento” (Lenin, t. XXV, pág. 189) e infunden, de este modo, al proletariado y a su Partido ciertas vacilaciones, cierta indecisión.

    Ahí reside la raíz y la base de todo género de vacilaciones y desviaciones contra la línea leninista en las filas de nuestro Partido.

    Por eso no hay que considerar como un asunto baladí el problema de la desviación derechista o “izquierdista” dentro de nuestro Partido.

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    ¿En qué consiste el peligro de la desviación de derecha, francamente oportunista, dentro de nuestro Partido? En que menosprecia la fuerza de nuestros enemigos, la fuerza del capitalismo, en que no ve el peligro de restauración del capitalismo, en que no comprende la mecánica de la lucha de clases en las condiciones de la dictadura del proletariado, por cuya razón hace con tanta facilidad concesiones al capitalismo, exigiendo que se amortigue el ritmo del desarrollo de nuestra industria, exigiendo que se den facilidades a los elementos capitalistas del campo y de la ciudad, exigiendo que se relegue a segundo plano el problema de los koljoses y de los sovjoses, exigiendo que se suavice el monopolio del comercio exterior, etc., etc.

    Es indudable que el triunfo de la desviación de derecha en nuestro Partido desencadenaría las fuerzas del capitalismo, minaría las posiciones revolucionarias del proletariado y aumentaría las probabilidades de restauración del capitalismo en nuestro país.

    ¿En qué consiste el peligro de la desviación “izquierdista ” (trotskista) dentro de nuestro Partido? En que sobrestima la fuerza de nuestros enemigos, la fuerza del capitalismo, ve únicamente la posibilidad de restauración del capitalismo y no advierte la posibilidad de llevar a cabo la edificación del socialismo con las fuerzas de nuestro país, en que se deja llevar de la desesperación y se ve obligado a consolarse hablando de un supuesto termidorismo en nuestro Partido.

    De las palabras de Lenin cuando dice que, “mientras viva mos en un país de pequeñas haciendas campesinas, el capitalismo tendrá en Rusia una base económica más sólida que el comunismo”, de estas palabras de Lenin, la desviación de “izquierda” saca la falsa conclusión de que en la U.R.S.S. es absolutamente imposible llevar a cabo la edificación del socialis-

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mo, de que no se conseguirá nada con los campesinos, de que la idea de la alianza de la clase obrera con los campesinos es una idea caduca, de que si no llega a tiempo en nuestra ayuda la revolución victoriosa en Occidente, la dictadura del proletariado en la U.R.S.S. deberá hundirse o degenerar, de que si no se acepta un plan fantástico de superindustrialización, aunque para realizarlo haya que romper con los campesinos, se tendrá que dar por fracasada la causa del socialismo en la U.R.S.S.

    De aquí el aventurerismo en la política de los desviacionistas de “izquierda”. De aquí los saltos “sobrehumanos” en la política.

    Es indudable que el triunfo de la desviación de “izquierda” en nuestro Partido llevaría a que la clase obrera se alejase de su base campesina, a que la vanguardia de la clase obrera se alejase del resto de la masa obrera, lo que, a su vez, conduciría a la derrota del proletariado y facilitaría la restauración del capitalismo.

    Como veis, ambos peligros, el de “izquierda” y el de derecha, ambas desviaciones respecto de la línea leninista, es decir, la desviación de derecha y la de “izquierda”, llevan, aunque partiendo de diferentes extremos, al mismo resultado.

    ¿Cuál de estos peligros es el peor? Yo creo que ambos son peores.

    La diferencia entre esas dos desviaciones, desde el punto de vista de una lucha eficaz contra ellas, consiste en que el peligro de la desviación de “izquierda” es más claro para el Partido, en este momento, que el de la desviación de derecha. La circunstancia de que llevemos ya varios años luchando intensamente contra la desviación de “izquierda” no podía, naturalmente, pasar en vano para el Partido. Es evidente que, en los años de la lucha contra la desviación “izquierdista”, contra

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la desviación trotskista, el Partido ha aprendido mucho, y ya no es fácil engañarlo con frases “izquierdistas”.

    Por lo que se refiere al peligro de derecha, que existía ya antes y que ahora se manifiesta más acusadamente a consecuencia de haberse fortalecido la fuerza ciega pequeñoburguesa debido a la crisis del año pasado en los acopios, yo creo que es menos claro para ciertos sectores de nuestro Partido. Por eso, la tarea consiste en acentuar la lucha contra la desviación de derecha sin atenuar ni un ápice la lucha contra el peligro “izquierdista”, contra el peligro trotskista, y en tomar todas las medidas necesarias para conseguir que el peligro de esa desviación sea tan claro para el Partido como lo es el peligro trotskista.

    El problema de la desviación de derecha quizá no se plantearía ante nosotros con un carácter tan agudo como el que hoy presenta, si no estuviese relacionado con el problema de las dificultades de nuestro desarrollo. Pero el hecho es, precisamente, que la existencia de la desviación derechista complica las dificultades de nuestro desarrollo y frena su superación. Precisamente por eso, porque el peligro derechista entorpece la lucha para vencer estas dificultades, es por lo que el problema de eliminar ese peligro adquiere para nosotros particular importancia.

    Dos palabras sobre el carácter de nuestras dificultades. Conviene tener presente que nuestras dificultades no pueden de ningún modo ser consideradas dificultades debidas a una situación de estancamiento o de decadencia. Hay dificultades derivadas de la decadencia de la economía o de su estanca miento, en cuyo caso se hacen esfuerzos por conseguir que el estancamiento sea menos doloroso o la decadencia de la economía menos profunda. Nuestras dificultades no tienen nada de común con eso. El rasgo característico de nuestras dificul-

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tades consiste en que son dificultades de ascenso, dificultades de crecimiento. Cuando nosotros hablamos de dificultades, nos referimos, generalmente, al tanto por ciento en que debemos elevar nuestra industria, al tanto por ciento en que debemos aumentar la superficie de siembra, a la cantidad de puds en que hay que elevar la cosecha por hectárea, etc., etc. Y precisamente porque nuestras dificultades son dificultades ligadas al ascenso, y no dificultades originadas por la decadencia o el estancamiento, no representan para el Partido un gran peligro.

    Pero las dificultades son, con todo y con eso, dificultades. Y como para vencerlas hace falta poner en tensión todas las fuerzas, hacen falta firmeza y tenacidad, y no todos poseen estas cualidades en grado suficiente, tal vez por cansancio o por agotamiento o porque se prefiera una vida más tranquila, sin luchas ni zozobras, comienzan precisamente las vacilaciones y la indecisión, los virajes hacia la línea de menor resistencia; empieza a hablarse de la necesidad de atenuar el ritmo de desarrollo de la industria, de dar facilidades a los elementos capitalistas; se niegan los koljoses y los sovjoses y, en general, todo lo que se salga de la situación habitual y apacible del trabajo cotidiano.

    Pero no podremos avanzar si no vencemos las dificultades que se alzan ante nosotros. Y para vencer esas dificultades, lo primero que hace falta es acabar con el peligro de derecha, lo primero que hace falta es vencer a la desviación derechista, que frena la lucha contra las dificultades e intenta quebrantar la voluntad de nuestro Partido en la lucha por vencer esas dificultades.

    Me refiero, naturalmente, a la lucha real, y no a la lucha verbal, a la lucha sobre el papel contra la desviación de derecha. Hay en nuestro Partido gente dispuesta, para tranquilizar

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su conciencia, a proclamar la lucha contra el peligro de derecha de manera parecida a la que emplean a veces los popes al cantar el “Aleluya, aleluya”, pero que no toman ninguna medida práctica, absolutamente ninguna, para organizar sobre una base firme la lucha contra la desviación derechista y vencerla de hecho. Esa tendencia la llamamos nosotros transigencia con respecto a la desviación de derecha, francamente oportunista. No es difícil comprender que la lucha contra esta transigencia es inseparable de la lucha general contra la desviación derechista, contra el peligro de derecha, pues es imposible vencer la desviación derechista, la desviación oportunista, sin luchar sistemáticamente contra los transigentes, que dan amparo bajo sus alas a los oportunistas.

    La cuestión de los portadores de la desviación derechista tiene, indudablemente, interés, aunque no es lo que resuelve el problema. Tuvimos ocasión de tropezar con portadores del peligro derechista en las organizaciones de base de nuestro Partido el año pasado, durante la crisis en los acopios de cereales, cuando muchos comunistas de los subdistritos y de las aldeas se manifestaron contra la política del Partido, actuando en pro de la alianza con los kulaks. Como sabéis, esos elementos han sido expulsados de nuestro Partido esta primavera, cosa que se menciona especialmente en el conocido documento del C.C. de nuestro Partido, publicado en febrero de este año.

    Pero sería una equivocación decir que en el Partido no queda ya ninguno de esos elementos. Si subiéramos de la base a las organizaciones distritales y provinciales del Partido y escarbásemos a fondo en el aparato de los Soviets y de las cooperativas, podríamos descubrir también en ellos, sin gran esfuerzo, portadores del peligro derechista y de la transigencia con éste. Son conocidas las “cartas”, “declaraciones” y otros documentos de varios funcionarios del aparato de nuestro Partido

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y de los Soviets en los que se refleja de un modo muy concreto la inclinación hacia la desviación derechista. Como sabéis, a estas cartas y documentos se aludía en el acta taquigráfica del Pleno de julio del C.C.

    Si nos remontamos todavía más y planteamos la cuestión respecto a los miembros del C.C., habremos de reconocer que también en él hay elementos, aunque ciertamente muy insignificantes, de transigencia con el peligro de derecha. El acta taquigráfica del Pleno de julio del C.C. es una prueba palmaria de ello.

    ¿Y en el Buró Político? ¿Hay en el Buró Político alguna desviación? No, en nuestro Buró Político no hay derechistas, ni “izquierdistas”, ni transigentes con unos ni con otros. Esto hay que decirlo aquí del modo más categórico. Ya es hora de acabar con los chismes difundidos por personas mal intencionadas para con el Partido y por los oposicionistas de toda clase, que dicen que en el Buró Político de nuestro C.C. existe una desviación derechista o una actitud transigente respecto a ella.

    ¿Se han producido vacilaciones y titubeos en la organización de Moscú o en su órgano dirigente, el Comité de Moscú? Sí, se han producido. Sería necio querer afirmar ahora que no se han dado titubeos y vacilaciones. El sincero discurso de Penkov es una prueba palmaria de ello. Penkov no es un hombre de última fila en la organización y en el Comité de Moscú. Y ya habéis escuchado cómo ha reconocido, abierta y francamente, sus errores en muchos e importantísimos problemas de la política de nuestro Partido. Eso no quiere decir, naturalmente, que todo el Comité de Moscú se haya dejado llevar por esas vacilaciones. Nada de eso. Documentos como el mensaje dirigido en octubre de este año por el Comité de Moscú a los afiliados de su organización demuestran de un modo indudable que el Comité de Moscú ha logrado sobreponerse a las va-

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cilaciones de algunos de sus miembros. Y no dudo de que el núcleo dirigente del Comité de Moscú logrará corregir definitivamente la situación.

    Algunos camaradas están disgustados porque las organizaciones distritales del Partido han tomado cartas en el asunto planteando la necesidad de acabar con los errores y las vacilaciones de tales o cuales dirigentes de la organización de Moscú. No acierto a comprender las razones de ese disgusto. ¿Qué puede haber de malo en que los activos distritales de la organización de Moscú hayan hecho oír su voz, exigiendo la eliminación de los errores y las vacilaciones? ¿Acaso nuestro trabajo no transcurre bajo el signo de la autocrítica desde abajo? ¿Acaso no es un hecho que la autocrítica estimula la actividad de la base del Partido y de la masa proletaria en general? ¿Qué tiene, pues, de malo o de peligroso el que los activos distritales hayan estado a la altura de las circunstancias?

    ¿Ha procedido acertadamente el C.C. al intervenir en este asunto? Yo creo que el C.C. ha procedido acertadamente. Berzin estima que el C.C. procede con excesiva dureza, al plantear que se destituya a un dirigente de una organización de distrito, contra el que se manifestó su organización. Pero esto es completamente erróneo. Podría recordarle a Berzin algunos episodios de 1919 ó 1920, cuando ciertos miembros del C.C., que cometieron errores, no muy graves, a mi juicio, respecto a la línea del Partido, fueron ejemplarmente sancionados, a propuesta de Lenin; y, por cierto, uno de ellos fue destinado al Turkestán y otro estuvo a punto de ser expulsado del C.C.

    ¿Tenía razón Lenin, al proceder así? Yo creo que tenía toda la razón. La situación en el C.C. no era entonces la de hoy. La mitad del C.C. seguía a Trotski, y no existía una situación firme en el seno del propio C.C. Hoy, el C.C. procede de un modo incomparablemente más suave. ¿Por qué? ¿Acaso por-

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que nosotros pretendamos ser más benignos que Lenin? No, no es por eso. Lo que ocurre es que hoy la situación del C.C. es más firme que entonces y esto le permite proceder con mayor suavidad.

    Tampoco tiene razón Sájarov al afirmar que el C.C. no tomó cartas en el asunto con la rapidez debida. Y no tiene razón, pues él ignora, al parecer, que, en rigor, el C.C. empezó a ocuparse del asunto en febrero de este año. Sájarov, si lo desea, puede convencerse de ello. Es cierto que la intervención del C.C. no dio inmediatamente resultados positivos. Pero sería peregrino echarle la culpa al C.C.

    Conclusiones:

    1) el peligro derechista es un peligro grave para nuestro Partido, pues tiene sus raíces en la situación económico-social de nuestro país;

    2) el peligro de la desviación derechista lo agrava la existencia de dificultades que es imposible vencer si no se vence la desviación derechista y la transigencia con ella;

    3) en la organización de Moscú ha habido vacilaciones y titubeos, ha habido elementos de inestabilidad;

    4) el núcleo del Comité de Moscú, con la ayuda del C.C. y de los activos de las organizaciones de distrito, ha tomado todas las medidas necesarias para acabar con las vacilaciones;

    5) no puede caber duda de que el Comité de Moscú logrará sobreponerse a los errores que se han perfilado;

    6) la tarea consiste en acabar con la lucha interna, en fundir en un solo bloque la organización de Moscú y en llevar a cabo con éxito las nuevas elecciones de dirigentes de las células sobre la base de una amplia autocrítica. (A p l a u s o s)

J. V. Stalin, Obras, t. XI.

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La multipolaridad: ¿dos mundos, o disputa interimperialista

 La Primera Guerra Mundial tuvo como consecuencia principal la apertura de una brecha en el frente único imperialista y la separación de Rusia del sistema capitalista mundial. Luego, como producto de la victoria del sistema socialista en la URSS, el capitalismo dejó de ser el único sistema en la economía mundial.

Zhdánov

Pável Blanco Cabrera

Primer Secretario del CC del PCMPavelBlanco1

La Segunda Guerra Mundial que culminó con la victoria antifascista impuso una nueva correlación de fuerzas en lo internacional, la cual fue construyéndose en las Conferencias de Teherán, Yalta y Potsdam y habría de concretarse en el surgimiento de la Organización de las Naciones Unidas.

Tal correlación no fue resultado de una confrontación interimperialista por reparto de territorios y mercados, por la búsqueda de una mejor posición en la pirámide imperialista, pues la naturaleza de la Segunda Guerra Mundial fue la búsqueda de la destrucción del socialismo en la URSS, lo que contó en principio con la complicidad y aval de los países involucrados en el conflicto, aún de aquellos que más tarde harían parte de los Aliados. Es conocido que Inglaterra tenía entre sus objetivos la liquidación del socialismo –“ahogar al niño en la cuna”- desde 1917, año en que triunfó la Gran Revolución Socialista de Octubre y se instauró el poder de los soviets, es decir el poder de los obreros y campesinos. EEUU esperó a ver como se definían las fuerzas[2], pero aún avanzada la guerra, entre los monopolios norteamericanos y los de Alemania Nazi se mantenían fuertes vínculos comerciales y financieros. Puede afirmarse que en general los países imperialistas tenían una sorda complicidad con los objetivos anticomunistas del fascismo alemán y las políticas guerreristas de Hitler, que aguardaban la derrota de la URSS[3] en tanto que país que construía un mundo nuevo.

La construcción socialista en la URSS era un hecho inobjetable después del derrocamiento del viejo orden; con la colectivización del campo y la industrialización, basados en el poder obrero, la socialización de los medios de producción, la planificación central, surgía una nueva sociedad que representaba el anhelo de los explotados del mundo; los obreros de todos los rincones del planeta veían la vida nueva como un ejemplo a seguir y se organizaban en consecuencia, desafiando la represión de la clase dominante. En la URSS el trabajo, la salud, la vivienda, la educación, la cultura eran garantizados para el proletariado; la emancipación de la mujer daba pasos agigantados; los niños crecían en condiciones diferentes a las de sus padres y abuelos, que habían tenido que trabajar desde temprana edad sometidos por un régimen oprobioso de semiesclavitud. La estadística no miente: la vida nueva se abría paso con la revolución proletaria, con la construcción del socialismo-comunismo, con gran optimismo a pesar de los sacrificios y dificultades provocados por la contrarrevolución interna y externa.

De manera consecuente la URSS se convirtió también en una base de apoyo para el proletariado y su lucha a escala internacional, en primer lugar, con la construcción de un país multinacional; con la forja de la Internacional Comunista,  que permitió que en buena parte del mundo se organizaran partidos comunistas acelerando positivamente la lucha de clases en el contexto de la crisis general del capitalismo que inició en 1929; se dieron por doquier estallidos revolucionarios que recibieron el firme apoyo del poder soviético: en Hungría, Turín, Shanghái, Brasil con la Columna Prestes, el triunfo del poder popular en Mongolia. Las luchas revolucionarias en China y en España Republicana contaron siempre con el apoyo de la Unión Soviética, respaldo que, enfatizamos, no se manifestaba sólo en declaraciones de solidaridad, sino en una política concreta, tangible, de vidas y bienes.

Junto con la Comintern, la KIM, la Profintern -es decir los partidos comunistas, las juventudes comunistas y la Internacional de Sindicatos Rojos-, que contribuyeron a forjar al movimiento comunista, también había un silencioso pero vital trabajo para traducir las obras del marxismo-leninismo a diferentes idiomas, proporcionando una ayuda extraordinaria a la fusión del socialismo científico con el movimiento obrero. Para los que suscribimos la tesis marxista de que las ideas pueden convertirse en fuerza material, el rol de Ediciones en Lenguas Extranjeras (y sus sucesivas denominaciones) del Instituto Marx-Engels-Lenin-Stalin de Moscú, del aparato de traducciones de la Comintern para poner los clásicos a disposición de los trabajadores del mundo, potenció fuertemente y hasta nuestros días el accionar de toda fuerza revolucionaria.

El rol de la URSS, altamente subversivo, fue comprendido por la reacción; y frente a la ola revolucionaria, el imperialismo desató la fuerza contrarrevolucionaria del fascismo, permitió el rearme de Alemania e incentivó el rol belicista de los monopolios que se expresaban políticamente en el partido Nazi y en la doctrina designada específicamente “anti-Comintern”.

El carácter de la guerra que se preparaba fue muy claro para la Internacional Comunista y sus secciones nacionales; la defensa de la URSS era la defensa del socialismo y de la perspectiva revolucionaria; se produjo en el VII Congreso un viraje táctico, expresado en el informe de Dimítrov, en esa dirección, es decir, hacer todo para la defensa de la URSS, país del socialismo, con la línea del frente popular.

En la URSS -y pueden estudiarse los materiales del XVIII Congreso del Partido Comunista Bolchevique de la URSS- hay una intensa preparación para la confrontación. El Estado soviético se ve forzado a una serie de maniobras para ganar tiempo, mejorar las condiciones para la confrontación con la maquinaría bélica del III Reich.

Si bien el campo de batalla de la Gran Guerra Patria es principalmente el territorio soviético, lo cierto es que en tanto  guerra que tiene por propósito liquidar al socialismo, la pelea se libra en varios frentes, con una estrategia unificada de los comunistas del mundo. Tanto la acción del Ejército Rojo, de los partisano soviéticos, del Partido Comunista (Bolchevique) movilizado en su totalidad, como la acción de los partisanos en toda Europa y la acción clandestina antifascista donde destacaban los comunistas (incluido el interior de Alemania nazi, donde hubo una gran resistencia), así como la lucha de los frentes populares y del movimiento obrero mundial demandando la apertura del segundo frente en Europa y la alianza antifascista, influyeron decisivamente en el curso de la guerra y en la configuración del ulterior orden de la posguerra.

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Sobre el Materialismo Dialéctico y el materialismo histórico (STALIN)

Dejamos este excelente texto didáctico de Stalin para iniciarse en el Marxismo-Leninismo.

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Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico (1938)

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Enver Hoxha: Con Stalin (Memorias) Tirana 1979

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ENVER HOXA: Con Stalin (Recordaciones)

Memorias de Enver Hoxha sobre sus encuentros personales con Stalin. Se abordan temas variados destacándose las mediadas contra las acciones del imperialismo angloamericano, el apoyo y los debates ante la revolución griega, la traición de Tito, las campañas de terror sobre los albaneses de Kosova, la colectivización e industrialización de Albania, el papel del partido y de los comisarios políticos, la actitud ante la religión y el clero, entre otros, donde siempre Enver Hoxha recuerda los consejos y opiniones de Stalin como guía de los comunistas albaneses y la fraternal y humilde actitud con la que Stalin se abocaba a los problemas del pueblo albanes sin importar que se tratara de un pequeño país.

Extraido de:

https://produccionesdigsoyuz.wordpress.com

Un Partido con paredes de cristal (Alvaro Cunhal)

Dejamos este excelente libro del historico dirigente del Partido Comunista Portugués el camarada Alvaro Cunhal que sirve como referente para la formacion politica de nuestra militancia.

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UN PARTIDO CON PAREDES DE CRISTAL (LIBRO COMPLETO)

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Algunos rasgos del oportunismo en América

Pável Blanco Cabrera/Héctor Colío Galindo

El oportunismo, reformpavel3ismo y revisionismo buscan en la actualidad, con un discurso renovado, los viejos objetivos de separar a la clase obrera y sus partidos comunistas de los fundamentos del marxismo, de la lucha revolucionaria contra el capitalismo, del principio de la dictadura del proletariado, del papel revolucionario de la clase obrera y su partido de vanguardia en la revolución socialista y en la construcción del socialismo-comunismo.

Constituye una gran lección la lucha contra el oportunismo y la degeneración de la II Internacional librada por los bolcheviques y otros marxistas que se agruparon en la Izquierda de Zimmerwald, los espartaquistas en Alemania y de muchos partidos, tendencias y grupos que estarían en la base de la III Internacional, la Internacional Comunista.

Históricamente el oportunismo buscó deformar, envilecer, adocenar, domesticar al marxismo, sometiéndolo al ataque directo, tergiversando a los clásicos, llegando inclusive a la grosera mutilación de los textos1 para presentar versiones útiles a la política del gradualismo, del parlamentarismo, la coexistencia con el capitalismo y el abandono de la lucha por el poder. El oportunismo llevó a los partidos de la II Internacional a una posición claudicante y asumió complicidad criminal con el imperialismo durante la Primera Guerra Mundial; fungió directamente como aparato de represión del capital contra la revolución alemana y fue responsable del asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht.

Todas las fuerzas del oportunismo se volcaron contra la Gran Revolución Socialista de Octubre y apoyaron a la contrarrevolución que buscó derrocar el poder soviético de los obreros y campesinos, justificando la intervención imperialista, el cerco sanitario.

La experiencia ha venido demostrando que la lucha contra el oportunismo, reformismo y revisionismo es  de gran importancia ideológica, pues es una cuestión de vida o muerte para la existencia del partido de la clase obrera, para la revolución proletaria y para la construcción del poder obrero. Vladimir Ilich Lenin insistió en varios trabajos que la lucha por el socialismo es incompleta sin la lucha contra el oportunismo, y ello fue rasgo de identidad de los nuevos partidos construidos por la Internacional Comunista, tal y como se refleja en varios de sus documentos que hablan de la lucha constante e implacable contra los “auxiliares de la burguesía”, de reconocer la necesidad de una ruptura total y absoluta con el reformismo “ya que sin ésto es imposible una política comunista consecuente”2; de lo contrario, la III Internacional terminaría –se alertaba- por parecerse mucho a la fenecida II Internacional.

Y éste frente ideológico no puede considerarse temporal, concluido o reducido a una etapa que quedó en el pasado de la historia del movimiento comunista.

El oportunismo es una fuerza auxiliar de la burguesía para retrasar los procesos de ascenso de la lucha de clases, contener la oleada revolucionaria y fomentar la contrarrevolución, pero no debemos subestimar que su actuación es constante y en todos los periodos, mas con una peligrosidad creciente cuando es posible que, por el ciclo del capital, entre la clase obrera haya condiciones para la radicalización de la consciencia. Hoy mismo en Europa y en América es un soporte fundamental del imperialismo, recibiendo inclusive financiamiento de los monopolios para la acción política, desde ONG’s, actividades ideológicas y sobre todo promoción de formas alternativas de la gestión capitalista de “rostro humano”. Éste es el rol del Partido de la Izquierda Europea, al que peligrosamente se emparenta cada día más el Foro de Sao Paulo3, a pesar de una retórica que critica la gestión neoliberal y que promueve políticas públicas asistencialistas4.

Las manifestaciones del oportunismo hoy son en un doble nivel. El primero, socavando al interior de los partidos comunistas y obreros para que pierdan sus rasgos de identidad, sus características revolucionarias y terminen transformados en partidos formalmente comunistas, pero socialdemócratas de hecho, mutando en organizaciones oportunistas. El segundo es la promoción de agrupaciones directamente con ese carácter, integradas por ex-comunistas, maoístas, trotskistas, socialdemócratas, cómo el Bloque de Izquierda en Portugal y Syriza en Grecia.

El frente ideológico contra el oportunismo es una necesidad; descuidarlo, desdeñarlo, omitirlo, conduce a la liquidación de los partidos comunistas. Por ejemplo, el PCM abrazó la tendencia browderista, al igual que otros partidos de América Latina. Como sabemos, el PC de los EEUU estuvo a un paso de la disolución con la intentona de volverlo una asociación, una especie de club ideológico. En México ése modelo era la Liga Socialista donde el PCM debería disolverse. Los partidos colombiano, cubano y dominicano cambiaron de nombre inscritos en aquella corriente. El PCM disolvió sus células en la industria y sindicatos y renunció provisionalmente al centralismo democrático, y cambió de nombre de Partido Comunista de México a Partido Comunista Mexicano; además de las graves lesiones a la estructura leninista se adoptaron políticas de coexistencia con secciones de la burguesía a las que se llamó “nacional” y “progresista” y se renunció a la vía revolucionaria para la conquista del poder. La Carta de J. Duclos, así como las críticas de otros partidos, generaron reacciones de reagrupamiento militante de los comunistas para evitar la liquidación y reconstruir los partidos.

 

En documentos posteriores5 el PCM reconocía que la condena al browderismo sólo fue formal y ello repercutió en los años siguientes, pues no se reaccionó a ciertas políticas de orientación oportunista promovidas a partir del XX Congreso del PCUS, como la cuestión de las llamadas “Vías nacionales” al socialismo, de la posibilidad del camino pacífico adoptándolo no como una excepción, sino como generalidad para el movimiento comunista, basado en las políticas de los partidos francés e italiano.

El PCM fue permeado y empezó a corroerse hasta su disolución en 1981, para mutar primero en un partido socialista y luego en el Partido de la Revolución Democrática (Afiliado a la Internacional Socialista, promotor de la gestión keynesiana y represor del movimiento obrero y popular), un partido de la clase dominante presentado por la propaganda como el partido de la izquierda en México. Las difíciles condiciones de reconstrucción del PCM y el nivel de desarrollo político de la clase obrera en la lucha demuestran que el objetivo al liquidar en los 80’s al PCM era asestar un golpe demoledor a la lucha proletaria, retrasarlo por décadas.

Tan es de actualidad la cuestión que hoy mismo en los EEUU el Partido Comunista enfrenta un problema similar al que sufrió  con Earl Browder, cuando la corriente oportunista que encabeza Sam Webb, el Presidente del Partido, propone una plataforma para despojarlo de sus características, liquidarlo y convertirlo en una fuerza auxiliar del Partido Demócrata. Esta plataforma contiene muchos elementos promovidos por el eurocomunismo, por el proceso que llevó a la liquidación del PCM, y que hoy corroen a varios partidos comunistas, incluyendo algunos de América.

Insistimos en la importancia de combatir las tendencias oportunistas; enunciar los rasgos que manifiesta en América nos mostrará que, más allá de algunas especificidades, son generales al oportunismo internacional.

Lo general y lo específico y la desviación que implica poner el acento en las particularidades.

El marxismo-leninismo, base ideológica de los partidos comunistas, teoría revolucionaria de la clase obrera, se sustenta en el materialismo dialectico, el materialismo histórico y la economía política. Busca extraer lo que es más general de la realidad al estudiar el desarrollo de la historia, los modos de producción, el conflicto socioclasista, las regularidades en la sociedad, las leyes que rigen los cambios y revoluciones.

Las particularidades, lo específico, deben tomarse en cuenta, pues el marxismo-leninismo se enriquece creativamente, pero no puede ser lo determinante en los enfoques, en el análisis.

Con el argumento de desmarcarse del dogmatismo y de análisis ajenos a la realidad se produce un llamado a mestizar el marxismo, reproduciendo la crítica academicista que asume como objetivo disociar a Engels de Marx y a Lenin de Marx. Algunos partidos latinoamericanos –y hoy mismo el PC de los EEUU se lo plantea- se desmarcan del leninismo que, señalan, corresponde a las particularidades de Rusia y a otra etapa histórica. En el fondo, se trata de una renuncia a las posiciones revolucionarias del marxismo, y desde el punto de vista teórico es insostenible. Es también una fuente de desviaciones políticas que conducen al movimientismo, desnaturalizan el rol del partido y el papel de la clase obrera.

La llamada latinoamericanización del marxismo tiene mucho en común con operaciones corrosivas previas, como las de Santiago Carrillo y los eurocomunistas, y el “marxismo occidental”. Pues se rechaza abiertamente el materialismo dialéctico, la dictadura del proletariado y se dirige un ataque a la historia de los partidos comunistas.

Es notable como algunos partidos comunistas se asimilan acríticamente a esas posiciones y las promueven, por ejemplo, al asumir la distribución de la editorial Ocean Sur de origen trotskista, en cuyo catálogo de publicaciones predomina el ataque al socialismo construido en el siglo XX y se difunden críticas al marxismo-leninismo llamándolo “ideología estatal soviética”; todo ello escudado en la promoción editorial de materiales relativos a la Revolución Cubana.

Aspectos esenciales del materialismo dialéctico, como el ateísmo filosófico, se soslayan bajo la presión de corrientes como la teología de la liberación.

De la misma fuente es el argumento de que el marxismo es eurocéntrico; pero el mestizaje ecléctico con barniz misticista termina por levantar al latinoamericanismo como el alfa y omega.

No hay preocupación por la reedición de los clásicos, pero sí por divulgar a estos modernos deformadores, que de ser limitados al claustro universitario los ubicaríamos en el folklore, pero que ejercen gran influencia al seno de algunos partidos comunistas. La debilidad en el frente ideológico, el limitado desarrollo de investigaciones y trabajos teórico-científicos desde nuestras posiciones de clase, lleva a varios partidos a ser sorprendidos por el contrabando ideológico de quienes atacan al marxismo presentándose como “marxistas”. Como un ejemplo recordamos el caso ocurrido no hace muchos años de H. Dieterich, uno de los ideólogos del “socialismo del siglo XXI”, al que la prensa de algunos partidos comunistas reservaba algunos espacios.

La desviación ideológica, el eclecticismo, el acento por la especificidad, están en la base de nuevas revisiones al marxismo.

Otro rasgo negativo es el que deja de lado las leyes generales de la revolución, apelando a la “originalidad” de procesos sociales anteriores y en curso. Una premisa del movimiento comunista internacional, sustentada desde el triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre, es el carácter de la época, a la que situamos como la del imperialismo y las revoluciones proletarias, la de la transición del capitalismo al socialismo; consideramos que el triunfo temporal de la contrarrevolución no altera la premisa.

Programáticamente, el oportunismo introduce un debate y una estrategia sobre la transición, que postergan las tareas de la clase obrera y su partido comunista. ¿Cuál es el argumento? Sobre todo a partir del triunfo de la Revolución China, tuvo recepción el enfoque de Mao Tse Tung sobre las contradicciones en el seno de la burguesía y la existencia de un “sector nacional” de ésta en antagonismo con el imperialismo. Esta burguesía nacional se convierte en tal enfoque en aliada estratégica de la clase obrera en la lucha antimperialista y para alcanzar una meta programática que es la de romper las cadenas de la dependencia con el imperialismo norteamericano. Existen matices en torno a las causas de la dependencia; algunos sostienen la errónea concepción de que el colonialismo es identificable a las relaciones feudales o semifeudales; otros sostienen la caracterización de un capitalismo deformado e incompleto, lo que coloca una serie de cuestiones para el marxismo leninismo, una política clasista y las tareas de los partidos comunistas.

En primer lugar, las del propio desarrollo de las relaciones capitalistas muestran que el posicionamiento alrededor de la dependencia no es dialéctico. Los procesos de acumulación, concentración y centralización llevan al surgimiento de los monopolios, que terminan predominando en la economía y la política sin importar fronteras ni nacionalidades. Lo que existe son relaciones de interdependencia que colocan por un lado a los monopolios y por otro a la clase obrera, es decir, la contradicción capital-trabajo. Expliquemos un poco.

Quienes en México sostienen que la principal tarea es conquistar la independencia con relación a los EEUU y trabajan para una alianza pluriclasista con sectores de la burguesía interesados, olvidan que lo que ellos llaman burguesía nacional hoy conforma monopolios que hacen parte ya del imperialismo, que exportan capitales y que explotan trabajadores de varios países6. Algunos de estos monopolios mexicanos son dominantes a nivel continental e inclusive al interior de los EEUU (como es el caso de telecomunicaciones y algunas mineras).

La lucha por la independencia concebida así  no es más que la búsqueda de una nueva gestión del capitalismo con aliados por demás ficticios.

Es además incompleta la apreciación de que el imperialismo son sólo los EEUU. El imperialismo es el capitalismo de los monopolios y tiene por uno de sus centros a los EEUU, pero también a la UE, y a toda acción de los monopolios y relaciones interestatales. Pongamos por ejemplo el sur del continente, donde la expansión de los monopolios brasileños es una realidad. O el Mercosur, que es una alianza interestatal de carácter capitalista que teje relaciones de interdependencia cada día más estrechas con la Unión Europea7.

Esta concepción de alianzas con sectores de la burguesía se rebautizó de manera contemporánea como “progresismo”, y varios partidos comunistas colaboran con ellos en la formación de gobiernos que no ocultan su naturaleza de clase y practican políticas de beneficio de las superganancias de los monopolios, donde Brasil es el ejemplo evidente.

En tal política de alianzas, el rol de la clase obrera y los partidos comunistas que en ella participan es subordinado; es un problema riesgoso pues la independencia de clase y la autonomía del partido dejan de ser las tareas prioritarias, el deber inclaudicable, dejan de ser organizaciones militantes y se transforman en agrupaciones de afiliados para las que el socialismo se vuelve una opción distante, y que al fijar una etapa intermedia de larga duración las coloca en la colaboración de clases, los pactos sociales, y en un parlamentarismo funcional al progresismo que es una forma de gestión del capitalismo.

Los procesos de Venezuela, Ecuador y Bolivia presentan una problemática distinta frente a la que algunos partidos se posicionan renunciando a la teoría marxista del Estado. El proceso social venezolano es muy importante, sin embargo no es aún una revolución: ¿cómo llamar revolución a un proceso donde no surgió un nuevo Estado, donde el anterior no fue destruido y es la estructura con la que se sigue gobernando? ¿En el que no se han socializado los medios de producción ni impulsado al sector primario y secundario de la economía? Tenemos claro que es una disyuntiva planteada con tensiones y conflictos, donde aún está por resolverse el rumbo definitivo, donde hoy predominan las posiciones de las capas medias, y sujeto a ataques financiados por los monopolios. Y no tenemos una posición neutral, nos colocamos solidarios con la fuerzas más avanzadas, el PCV entre ellas. Pero es inexacto y erróneo promoverlo como camino, llamando revolución a lo que aún no lo es.

El ataque al socialismo construido en el siglo XX, argumento del oportunismo

Uno de los rasgos distintivos del oportunismo es el ataque a la experiencia de la construcción socialista en la URSS y otros países, a la que se denosta retomando argumentos del trotskismo y del anticomunismo.

Resumen sus posiciones los oportunistas en la ausencia de condiciones objetivas para el socialismo, como en su día Kautsky; en supuestas tendencias antidemocráticas y burocráticas, atacando la planificación de la economía y proponiendo la coexistencia de diversos tipos de propiedad así como de las relaciones mercantiles.

 

Toda la artillería acumulada por el capital es presentada en nuevas versiones. Algunos partidos comunistas confrontan esta situación, otros omiten el tema y otros se adhieren a tales posiciones. Por ello varios partidos comunistas incorporaron no sólo a nivel de propaganda sino como concepción programática la propuesta del “socialismo del siglo XXI”, que como ya han señalado los marxistas-leninistas, es una manifestación contra la revolución socialista y el trabajo de los comunistas.

 

Estos rasgos del oportunismo en el continente no son inconexos, y aunque no se expresan con coherencia, nitidez y en ocasiones intentan mixturarse con el marxismo-leninismo, colocan al movimiento comunista frente a serios problemas.

 

Inclusive ciertos rangos de beligerancia oportunista fueron expresados por el PCdoB durante el pasado Encuentro de Partidos Comunistas y Obreros efectuado en Atenas en diciembre de 2011, cuando eufemísticamente expresó que la participación de los comunistas en gobiernos progresistas es una muestra de madurez, y que la crítica a ello es una posición sectaria y alejada de las masas; la colaboración de clases sería entonces lo correcto, en tanto que la independencia de clase y autonomía del Partido Comunista serían lo incorrecto. Es evidente el deslizamiento a posiciones oportunistas del PCdoB.

 

En una apreciación muy general, en América –excepción hecha de Cuba- predominan las relaciones capitalistas, independientemente de que en algunos países se expresen aún relaciones precapitalistas en el campo. Está definido el antagonismo entre capital y trabajo, y la tendencia a la proletarización aumenta entre las capas medias. Como en todo el mundo, los limites históricos del capitalismo sitúan el impostergable objetivo para la clase obrera de luchar por el derrocamiento de la burguesía y la construcción del socialismo-comunismo. El oportunismo como fuerza de choque del capital intenta evitarlo. Es necesario para los partidos comunistas estar en guardia y combatirlo permanentemente.

 

* Pável Blanco Cabrera es el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de México. Héctor Colío Galindoes miembro del Politburo del Comité Central del Partido Comunista de México.

 

1 Por ejemplo la Introducción a La lucha de clases en Francia de 1895 de F. Engels.

2 Por ejemplo en Condiciones de ingreso a la Internacional Comunista redactado por Lenin para el II Congreso Mundial de la Comintern.

3 Base objetiva de ello es la mayor interdependencia del Mercosur con la Unión Europea, el aumento de las relaciones económicas.

4 El antineoliberalismo cuestiona una forma de gestión del capitalismo, mas la alternativa no es necesariamente anticapitalista, socialista-comunista, sino que en muchos casos por otras gestiones, como el keynesianismo, tal y como lo demuestran los procesos “progresistas” en Argentina, Uruguay y Brasil.

5 La lucha interna en el Partido durante los años de 1939 a 1948. Características principales. Comité Centra del Partido Comunista Mexicano.

6 Por ejemplo América Móvil, Industrial Minera México, Cemex, Grupo Bimbo.

7 No hay que desdeñar que el llamado “progresismo” predominante en el Foro de Sao Paulo y además gobernante en Brasil, Argentina y Uruguay, es el que empuja la internacionalización del Foro de Sao Paulo sobre todo con base en fuertes vínculos con el Partido de la Izquierda Europea.

La lucha consecuente de los comunistas contra los trotskistas (José Antonio Egido)

En 1914 Lenin escribió en su folleto sobre el derecho a la autodeterminación que “¡Trotski es mas peligroso que un enemigo!”.

Ese mismo año, el 9 de mayo escribe: “Los viejos militantes marxistas rusos conocen bien a Trotski y no hace falta hablarles de él. Pero la joven generación obrera no le conoce y es necesario hablarles de él. Porque es una figura típica de los 5 grupos extranjeros que flotan entre los liquidadores y el Partido”.

El pleno del Comité Central (C.C.) del Partido Comunista (Bolchevique) de Rusia deenero de 1925 estima que “el conjunto de las intervenciones de Trotski contra el partidopuede ser definido ahora… como el deseo de transformar la ideología del PCR en una especie de “bolchevismo” sin leninismo “modernizado” por Trotski. Eso no es bolchevismo. Es una revisión del bolchevismo”. El documento repasa las tres discusiones que el partido ha debido mantener con Trotski:

  • sobre la paz de Brest
  • sobre los sindicatos
  • Sobre el aparato del partido

La que lleva en ese momento en la que “Trotski ha emprendido ya la cruzada abierta contra los fundamentos de la concepción bolchevique del mundo”.

El XV Congreso del Partido (1927) caracteriza al trotskismo como “instrumento de la tercera fuerza contra el régimen de la dictadura del proletariado”.

El 8 de junio de 1926 el Presidium del Comité ejecutivo de la Internacional Comunista (I.C.) aprobó un documento que denunciaba las posiciones sectarias de los trotskistas. El pleno conjunto del CC y de la CCC del PC(b) de la URSS de agosto de 1927 recuerda que “el partido y la KOMINTERN… condenaron en 1923 a la oposición trotskista, caracterizando sus opiniones como una desviación pequeño-burguesa”. El XV congreso del PC(b) de la URSS en diciembre de 1927 considera que la oposición trotskista-menchevique calumnia a la URSS calificándola de Estado termidoriano degenerado, niega la dictadura del proletariado en la URSS y entabla una luchacontrarrevolucionaria contra ella. “La oposición trotskista ha roto por completo con elleninismo y defiende una plataforma menchevique-liquidadora, ayuda a los enemigos de la URSS con sus calumnias y realiza una labor escisionista inaudita”. En febrero de 1928 el IX Pleno del mismo órgano aprobó las resoluciones del XV Congreso soviético y declaró la pertenencia al trotskismo incompatible con la afiliación a la I.C.

El 27 de octubre de 1928 los miehqdefaultmbros de la dirección del PC Americano (PCA) Max Schachtman y Martín Abern que declararon su total apoyo a Trotsky fueron expulsados y crearon la Liga Comunista de América (LCA). En 1934 el PCA se enfrenta a la fusiónde la LCA con el Partido Obrero Americano (AWP). En 1937 denuncia a la revista Partisan Review que invita a colaborar a Trotsky y que terminaría como un órgano de propaganda de la CIA. El dirigente comunista norteamericano William Z. Foster escribió que la lucha contra el trotskismo en los años 30 “decidía no sólo el destino de la Revolución en Rusia sino también el del Movimiento Comunista mundial. La victoria de las fuerzas trotskistas significaría el éxito decisivo de la reacción mundial” .

En 1.927 el secretario del Partido Comunista Chino (PCCh) Chen Duxiu es destituido y expulsado del Partido por sus posiciones trotskistas y capitulacionistas. Intentaconspirar contra el nuevo secretario del Partido Wang Ming. Éste escribe que “en el verano de 1927 fue derrotado el oportunismo de derecha de Chen Duxiu,… en el otoño de 1929 fracasó el grupo de liquidadores trotskistas-chenduxiuistas”. Considera que los trotskistas son “cómplices activos de la reacción imperialista” .

De 1928 a 1930 el Partido Comunista Brasileño (PCB) expulsa a los troskistas que formaron la “Liga Comunista Internacionalista” que, tras criticar la insurrección popular en 1935 de la Alianza Nacional Libertadora (ANP) y a su jefe, el líder comunista LuizCarlos Prestes, desapareció en 1936.

En 1932 y 1933 los trotskistas fueron expulsados del Partido Comunista de Cuba y constituyeron el “Partido bolchevique internacional”.

La Historia del Partido del Trabajo de Albania señala como en 1934, en los comienzos del comunismo albanés, se desató una lucha entre comunistas y trotskistas en el seno del “Grupo Comunista” de la ciudad de Korça: “Los elementos trotskistas se lanzaron con furia contra la línea seguida por Ali Kelmendi y contra la parte mas sana del Grupo, esforzándose en obstruir por todos los medios la ampliación de la labor y la influencia de los comunistas entre las masas. Su representante principal, Niko Xoxi, ambicionaba tomar la dirección del Grupo para luego obligarlo a que aceptase los puntos de vista trotskistas”. La lucha se saldó con el desenmascaramiento y la expulsión de N. Xoxi del comité directivo del grupo.

En 1935 el fundador del Partido Comunista de Bélgica (PCB) Joseph Jacquemotte derrota a los trotskistas en la Conferencia del Partido de Charleroi .

En una fecha sin determinar el “Amauta” José Carlos Mariátegui, fundador del PC peruano y gran pensador marxista escribe:”El trotskimo sabe de un radicalismo teórico que no logra condensarse en fórmulas concretas y precisas”.

En 1936 el gran comunista catalán Joan Comorera redacta la declaración de principios para la unificación de 4 partidos revolucionarios que dará lugar al Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) excluyendo explícitamente a los trotskistas.

En marzo de 1937 Stalin acusa al trotskismo de pasar de corriente política de la clase obrera a “banda cínica y sin principios de saboteadores, agentes de diversión, espías y asesinos”. En 1937 Ho Chi Minh indica al PC de Indochina que no hay que aceptar absolutamente ningún compromiso con los trotskistas. Según Santucho, los trotskistas vietnamitas se enfrentaron abiertamente al PC justamente cuando éste comienza a desarrollar la guerrilla. El Pleno de su C.C. de marzo de 1938 señala que se ha subestimado el peligro trotskista y la colaboración sin principios con los trotskistas. En marzo de 1939 este PC llama en un manifiesto a barrer a los trotskistas. En los años 40 las publicaciones ilegales del Partido y del Frente Viet Minh luchan contra “los trotskistas provocadores y saboteadores”. En Octubre de 1938 Mao Tsetung afirma ante el C. C. del PCCh que “los servicios secretos del imperialismo japonés tratan constantemente de minar nuestro Partido y de hacer que, disfrazados de activistas, se infiltren en él colaboracionistas, trotskistas, elementos pro japoneses, degenerados y arribistas” .

A finales de los años 30 el Partido Comunista de Chile expulsa de sus filas a los trotskistas, que crean el “Partido Comunista de Izquierdas” y comienzan a luchar contra el Frente Popular que termina por fracasar en 1940-41.

El Ché Guevara escribió que “Consideramos que el partido trotskista actúa contra la Revolución” . La oposición sistemática del trotskista “Partido Obrero Revolucionario” (POR) a la Revolución Cubana fue perseguida: en 1961 fue destruida una edición en español de La Revolución permanente de Trotsky, en 1962 un trotskista fue detenido mientras difundía un panfleto, un mitin en honor a Trotsky fue prohibido en Guantánamo y su secretario general Idalberto Ferrera Acosta fue detenido durante 48 horas. En 1965 un grupo de trotskistas fue procesado. La represión cesó y los detenidos fueron liberados cuando los trotskistas se comprometieron a cesar en su actividad contrarrevolucionaria. En 1966, Fidel Castro, acusó al trotskismo de ser “instrumento vulgar del imperialismo y de la reacción”.

Las fuerzas revolucionarias mexicanas tomaron medidas para combatir la influencia contrarrevolucionaria del trotskismo. La Liga Comunista 23 de septiembre (LC23S) ejecutó al dirigente del PRT Alfonso Peralta Reyes en 1976 e informó que no toleraría la propaganda trotskista.

Respondiendo a calumnias de un troskista irlandés, el presidente nacional del Partido Comunista de Irlanda (PCI) Michael O’Riordan escribe que “Los hechos son testarudos y testimonian que el trotskismo, teórica y prácticamente, ha sido un fracaso en la historia y en ninguna parte ha podido instaurar el poder de la clase obrera” .

El traidor Gorbachov rehabilitó a Trotsky poco antes de la liquidación de la URSS.

En septiembre de 1993 el Partido de la Liberación (P.L.) de Argentina sale al paso de la política reformista y anticomunistas de los trotskistas argentinos con el importante documento “Nuestra confrontación con el trotskismo”.

La lucha de los comunistas contra el trotskismo sigue en el siglo XXI. El líder de la Coordinación Comunista que lucha contra la degeneración del PC de Francia Jean-Luc Sallé estima que “la destrucción programada del PCF crea las condiciones para un reforzamiento de las corrientes trotskistas. Aprovechan su gran ocasión: la de impedir la emergencia de un partido comunista auténtico y crear un partido trotskista que conduciría a la clase obrera al impasse… y reforzaría el dispositivo socialdemócrata, apoyo social del capitalismo. Las tácticas varían. LO y LCR quieren a partir de sus éxitos electorales, crear una formación a “la izquierda” del PCF mutado. El Partido de los Trabajadores (PT) practica el entrismo en el PCF… Para la coordinación comunista los dos adversarios de la reconstrucción del partido son los liquidadores reformistas y los troskistas”.

En el seno del Partido Comunista de Filipinas (CPP) se produce una crisis política en 1991. Una parte de sus miembros, considerados traidores por el Partido, abrazan el troskismo y crean en 1998 el “Partido revolucionario de los trabajadores de Filipinas”. Uno de sus cuadros será ejecutado en el 2001 por el Partido. En el 2002 el líder de la Coordination Communiste pour la reconstruction du parti communiste revolutionnaire, que en 1999 habia abandonado ya el PCF, Maurice Cukierman declara: “Hace falta recordar que a menudo el trotskismo es la escuela de formación política de los dirigentes socialdemócratas? El anticomunismo y antisovietismo que destilan da n prueba del callejón sin salida en el que intentan encerrar a la clase obrera”. También en el 2002 Raymond Casas, antiguo cuadro del PCF, uno de los fundadores del PC Marxista-Leninista de Francia, escribe que “el trotskismo es un peligro serio para un partido revolucionario aunque puede convertirse en una comedia ridícula. Los comunistas sinceros y lúcidos tienen que estar seguros que la reconstrucción de un verdadero partido revolucionario exige la vigilancia más grande en relación al trotskismo, cáncer mundial de todo Partido Comunista serio. La experiencia debe convertirnos en implacables en este punto, bajo pena de no conocer nunca un partido sólido, anhelado y esperado por las masas laboriosas”.

En el 2003 el comunista belga Johnny Coopmans imparte un curso titulado “El trotskismo, una doctrina antimarxista?” en la universidad marxista de verano del PTB. Afirma que “analizar el trotskismo es aprender a construir hoy un movimiento comunista”.

El presidente del PC de la Federación Rusa (PCFR) Guennadi Ziuganov escribe en el 2004 que “Haremos lo posible para no permitir en nuestras filas el espíritu del trotskismo, o lo que es lo mismo, los intentos de determinados activistas engreídos, que se sienten superiores, “superhombres, por encima del CC, de sus leyes, de sus decisiones, dando de este modo la excusa a determinada parte del partido a hacer un trabajo de desgaste que haga perder la confianza de ese mismo CC”.

En el seminario de Bruselas del PTB de mayo del 2005 “Comunistas en Lucha” de Francia afirman que “en realidad los socialdemócratas y los troskistas prosiguen su tradicional actividad de zapa al servicio de la burguesía y del sistema de explotación capitalista. Los socialdemócratas y los contrarrevolucionarios trostskistas extienden las ilusiones reformistas para desviar a los trabajadores de la actividad revolucionaria”.