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Violencia sexual a las mujeres en dictadura

Además de ser víctimas de los métodos de tortura efectuadIN_20041129_23194_S2os contra todos quienes pasaron por los múltiples centros de exterminio de la dictadura, más de tres mil mujeres sufrieron violencia sexual por parte de agentes del Estado. Pese a ello, hasta el momento solo se han presentado cinco querellas criminales y los torturadores siguen refugiándose en los pactos de silencio y la impunidad. Tanto las víctimas como las organizaciones de derechos humanos apuntan a la necesidad de visibilizar este delito, ante el peligro de que se naturalice y se repita.
Lelia Pérez tenía 16 años cuando fue detenida por Carabineros y llevada junto a otra decena de estudiantes secundarios al Estadio Chile. Era el 12 de septiembre de 1973 y durante los siguientes días sería víctima de múltiples torturas, entre ellas, su primera agresión de carácter sexual.
“De las mujeres que fuimos llevadas al sector de los camarines, yo creo que todas fuimos sometidas a violencia sexual”, recuerda Lelia, haciendo una pequeña pausa. Su paso por el Estadio Chile fue breve, pero significativo. “Cronológicamente es muy poco tiempo, pero yo siento que entré ahí de 16 y salí de 70”, comenta.
El informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura dedica una sección especial a la violencia sexual ejercida contra las mujeres en dictadura, “tomando en consideración las características de esa violencia, además de su significación moral y cultural en la sociedad chilena”.
De las 3.400 mujeres que declararon en la Comisión, la gran mayoría admitió haber sido víctima de algún tipo de violencia sexual. Si bien 316 dijeron haber sido violadas, se estima que esa cantidad es mucho mayor, ya que “la violación sexual es para muchas mujeres un hecho del cual les cuesta hablar y muchas veces prefieren no hacerlo”, consigna el informe.
Aborto a golpes
Proveniente de una familia de fuerte formación política, Lelia Pérez militaba en el MIR desde los 13 años. Allí, participó de campañas de alfabetización y apoyó el trabajo de los obreros en las fábricas, nutriéndose de experiencias. Su paso por el Estadio Chile no amedrentó esta sed política: volvió a clases en el liceo Darío Salas y retomó su militancia, participando de actos de recuperación en las poblaciones sin dejar de preocuparse por sus compañeros que, poco a poco, comenzaban a desaparecer.
En octubre de 1975, casada y con siete semanas de embarazo, fue detenida por segunda vez y trasladada a Villa Grimaldi, donde permanecería durante tres meses. Allí, los episodios de tortura aumentarían su intensidad, así también las agresiones sexuales que le costarían, incluso, la pérdida del hijo que esperaba, debido a los golpes indiscriminados de los verdugos de la DINA.
“Durante mucho tiempo yo lo situé como, bueno, una tortura más. Pero la agresión sexual no es una tortura más. Porque… cómo te marca, el resto de tu vida, el resto de tus relaciones, el resto de tu sexualidad, de tu afectividad… Y desde dónde se hace. No se hace desde simplemente la búsqueda de la información, se hace desde otra parte, otra tribuna, que es el tema del machismo, del ejercicio del poder sobre la mujer. Ahí no les importó si yo era marxista o no”, expresa Lelia, con una fortaleza que solo refleja su condición de sobreviviente.
Como ella, 229 mujeres que declararon ante la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura fueron detenidas estando embarazadas. 11 de ellas dijeron haber sido violadas y, debido a las torturas, 20 sufrieron un aborto.
El rol de la mujer
Por violación de los torturadores quedé embarazada y aborté en la cárcel. Sufrí shocks eléctricos, colgamientos, “pau-arara”, “submarinos”, simulacro de fusilamiento, quemadura con cigarros. Me obligaron a tomar drogas, sufrí violación y acoso sexual con perros, la introducción de ratas vivas por la vagina y todo el cuerpo. Me obligaron a tener relaciones sexuales con mi padre y hermano que estaban detenidos. También a ver y escuchar las torturas de mi hermano y padre. Me hicieron “el teléfono”, me pusieron en la parrilla, me hicieron cortes con yatagán en mi estómago. Tenía 25 años. Estuve detenida hasta 1976. No tuve ningún proceso. Región Metropolitana, 1974.
Diversos testimonios recogidos en el informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura dan cuenta de los horrores a los que se vieron sometidas las mujeres prisioneras políticas, los que se expresaban, en un primer nivel, desde el lenguaje.
“A mí me decían perra puta mirista, con la variante de perra maraca marxista. Y es interesante detenerse en esos tres apelativos. Porque el primero te quita tu condición de ser humano: perra. El segundo, te quita desde su perspectiva la dignidad de mujer: puta. Y el otro, marxista o mirista: eres su enemiga política”, relata Lelia.
dictadura mujeres
Para la abogada Camila Maturana, Coordinadora del Observatorio Parlamentario de Corporación Humanas, “la violencia sexual se dirige contra de las mujeres por parte de los agentes del Estado como parte de una política sistemática y permanente de represión, precisamente para imprimir en el cuerpo y la sexualidad de las mujeres una marca, un mandato de aniquilación”.
En ese sentido, a su juicio “la violencia sexual tiene un objetivo político, que es reestablecer el orden de género tradicional que la dictadura cívico militar busca volver a imponer en el país. Desde ese punto de vista, podríamos decir que se castiga a las mujeres por transgredir los mandatos de género, por ser parejas de los militantes o participantes de los movimientos que apoyaban la Unidad Popular o por haber pretendido ser partícipes de estos procesos de cambio social y tener una activa participación política, porque tradicionalmente se ha entendido que el espacio público no les pertenece”.
La abogada explica además que la violencia sexual cometida durante la dictadura chilena “lamentablemente presenta muchos elementos comunes con la violencia sexual generalizada que se comete en contra de las mujeres en las guerras y en los conflictos armados”.
Así, “los cuerpos de las mujeres son atacados y ocupados como parte de una estrategia bélica de ataque al enemigo, como si sus cuerpos representaran también el territorio enemigo a ser ocupado, invadido, violentado”. En ese sentido, el derecho internacional ha calificado a la violencia sexual como un delito de lesa humanidad, una violación a los derechos humanos y un crimen de guerra, lo que todavía no ha sido incorporado a los procesos de justicia en Chile.
Las secuelas
Juanita Aguilera es la presidenta de la Comisión Ética contra la Tortura y fue prisionera política entre 1980 y 1984. Para ella, la violencia sexual como tortura contra las mujeres tiene una doble connotación, “porque ellas invaden un campo que es masculino pero además desobedecen a un poder mayor”.
“Cuando el poder trata de castigar a las mujeres, lo que intenta hacer es que ellas sientan y sepan y logren convencerse de que son nada en sus manos. Y ese ser nada es fundamentalmente una demostración de que están reducidas”, manifiesta.
Es por ello que las secuelas de este tipo de agresiones persiguen a las víctimas durante décadas. “Es algo mucho más difícil para hablar, es mucho más difícil de superar, creo que se arrastra demasiado tiempo y que en los primeros años, incluso, ni siquiera habíamos comprendido. En los registros que se hicieron en los primeros años no se registró la agresión sexual como un método de tortura, que era lo habitual, lo común, lo que estaba pasando en esos momentos. Parecía que se daba por hecho que nos iba a suceder, dentro del conjunto de las agresiones que se hacen a las mujeres torturadas, esa en especial, esa innombrable, esa agresión de la cual es difícil conversar. Se ve en los testimonios de las compañeras: son muy pocas quienes logran verbalizarlo sin volver atrás en un proceso de retraumatización”, expone.
40 años de impunidad 
Después de 30 años, sigo llorando. Cuando fui detenida estaba embarazada de 3 meses. Estuve en la Comisaría de [se omite]. El carabinero a cargo me amenazaba de que me iba a violar. En una carpa de campaña en el patio obligaron a un dirigente sindical a violarme y manoseame a vista de dos carabineros a cargo. Me amenazaron con sacarme las uñas de los pies (no lo hicieron, sí a otros compañeros). En [se omite] de [se omite] tuve un simulacro de fusilamiento… Estuve incomunicada en bancas días y noches. Vendada todo el tiempo. Era obligada a observar la tortura de otros y era amenazada de que me violarían nuevamente. En los interrogatorios me desnudaban, me manoseaban y me sentaron en la silla dental y me pusieron corriente en los pechos, garganta, vientre, piernas… Fui a dar al hospital en diciembre del 73. X Región, 1973. 
A diez años de aquel testimonio, a días de cumplirse 40 años del golpe, la impunidad de los torturadores es uno de los factores que más contribuye en la dificultad para las víctimas de superar el trauma. Corporación Humanas presentó el año 2010 las primeras cinco querellas por violencia sexual contra mujeres en la dictadura, con el objetivo de visibilizar este delito como una práctica sistemática de tortura y un crimen específico de género.
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“Los tribunales han tenido conocimiento de la violencia sexual en un amplio número de centros de detención y tortura, pero no se ha dictado hasta ahora ninguna sentencia que condene a algún agente del Estado”, acota la abogada Camila Maturana.
“Cuando la violencia sexual y cualquier otra violación grave a los derechos humanos permanece impune, el mensaje que están dando las instituciones públicas es de tolerancia o aceptación frente a esta violencia. Y eso es lo que es necesario revertir en la sociedad chilena, porque se observan elementos de una cierta continuidad en esta violencia sexual por parte de los agentes del Estado cuando en las manifestaciones sociales, a partir del 2011, quienes han estado detenidos denuncian en muchos casos torturas, abusos y malos tratos por parte de las Fuerzas Especiales y, en el caso de las niñas y mujeres jóvenes, la violencia sexual se dirige contra su cuerpo y sexualidad”, advierte.
Luego de salir de Villa Grimaldi, en diciembre de 1985, Lelia Pérez pasó un año en Tres Álamos, para luego ser enviada al exilio durante una década. Ante la ausencia de justicia, el apoyo familiar y la posibilidad de volver a concebir han sido sus instancias más importantes de reparación.
Sin embargo, coincide en la necesidad de visibilizar la violencia sexual ejercida en dictadura, ante el peligro de que se naturalice e, inevitablemente, se repita. A días de cumplirse 40 años del golpe militar y de su primera detención, Lelia rechaza la “política de los empates” que pretende instaurar la derecha para justificar sus crímenes, así como los llamados al aire a perdonar y pedir perdón.
“¿Qué significa que yo pida perdón? ¿Qué significa que yo tengo que perdonar? Me están obligando a tener que manifestarme sobre qué, ¿qué significa perdonar, que no tengo que odiarlos, que no tengo que tener rabia, quieren normar mis emociones? Lo único que podemos hacer es consensuar cómo lo hacemos en el plano jurídico y, en el plano jurídico, un crimen debe ser castigado”, concluye.

#DíaDeLaVictoria70: Desfile de la Victoria en la Plaza Roja 2015

9mayoLa Plaza Roja de la capital rusa acoge el gran desfile militar en honor al septuagésimo aniversario del fin de la Gran Guerra Patria.

Más de 140 aviones militares y helicópteros sobrevuelan Moscú como parte del desfile militar celebrado en la Plaza Roja el Día de la Victoria. “El desfile será grandioso, 143 aviones y helicópteros realizarán un vuelo sobre la Plaza Roja, sobre los veteranos que verán cuánto ha avanzado la aviación desde la Gran Guerra Patria”, comentó el comandante de la Fuerza Aérea rusa, Víktor Bóndarev, informa Ria Novosti.

En las celebraciones del 9 de mayo estarán presentes 27 mandatarios de países extranjeros, entre ellos el líder cubano Raúl Castro, el presidente venezolano Nicolás Maduro, el presidente de China Xi Jinping así como los líderes de la India, Sudáfrica, países de la Comunidad de Estados Independientes, de Europa y Asia.

9 de mayo de 1945

9 de mayo de 2015

70 ANIVERSARIO DE LA VICTORIA SOBRE EL FASCISMO: NUESTRO DERECHO A SER MARXISTAS-LENINISTAS

Escrito por Fidel Castro Ruz

Pasado mañana, 9 de mayo, se conmemorará el 70 aniversario de la Gran Guerra Patria. Dada la diferencia de hora, cuando elaboro estas líneas, los soldados y oficiales del Ejército de la Federación de Rusia llenos de orgullo, estarán ejercitando en la Plaza Roja de Moscú con los rápidos y marciales pasos que los caracterizan.

Lenin fue un genial estratega revolucionario que no vaciló en asumir las ideas de Marx y llevarlas a cabo en un país inmenso y solo en parte industrializado, cuyo partido proletario se convirtió en el más radical y audaz del planeta tras la mayor matanza que el capitalismo había promovido en el mundo, donde por primera vez los tanques, las armas automáticas, la aviación y los gases asfixiantes hicieron su aparición en las guerras, y hasta un famoso cañón capaz de lanzar un pesado proyectil a más de cien kilómetros hizo constar su participación en la sangrienta contienda.

De aquella matanza surgió la Liga de las Naciones, una institución que debía preservar la paz y no logró siquiera impedir el avance acelerado del colonialismo en África, gran parte de Asia, Oceanía, el Caribe, Canadá, y un grosero neocolonialismo en América Latina.

Apenas 20 años después, otra espantosa guerra mundial se desató en Europa, cuyo preámbulo fue la Guerra Civil en España, iniciada en 1936. Tras la aplastante derrota nazi, las naciones cifraron sus esperanzas en la Organización de las Naciones Unidas, que se esfuerza por crear la cooperación que ponga fin a las agresiones y las guerras, donde los países puedan preservar la paz, el desarrollo y la cooperación pacífica de los Estados grandes y pequeños, ricos o pobres del planeta.

Millones de científicos podrían, entre otras tareas, incrementar las posibilidades de supervivencia de la especie humana, ya amenazada con la escasez de agua y alimentos para miles de millones de personas en un breve lapso de tiempo.

Somos ya 7 300 millones los habitantes en el planeta. En el año 1800 solo había 978 millones; esta cifra se elevó a 6 070 millones en el año 2000; y en el 2050, según cálculos conservadores, habrá 10 mil millones.

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EN LOS 70 AÑOS DE LA VICTORIA SOBRE EL NAZI-FASCISMO

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Reproducimos aquí un comunicado conjunto de hasta ahora 55 partidos comunistas de todo el mundo con motivo del 70 aniversario de la victoria sobre el fascismos en 1945:

La liberación de Berlín por las tropas soviéticas, en Mayo de 1945, señala la victoria de los pueblos en la Segunda Guerra Mundial y la derrota del nazi-fascismo –la más violenta forma de dominación de clase generada por el capitalismo y causa directa de la guerra y de la muerte de decenas de millones de seres humanos.

El papel decisivo en la Victoria del 9 de Mayo correspondió a la Unión Soviética, a su pueblo y al Ejército Rojo, bajo la dirección de su Partido Comunista. Fue en el Frente Este que se libraron las grandes batallas que decidieron el desenlace de la Segunda Guerra Mundial. Celebrar el 70 aniversario de la Victoria, es recordar y enaltecer el heroísmo, el coraje y la determinación de millones de hombres y mujeres soviéticos que, a costa de enormes sacrificios y de más de 27 millones de muertos, resistieron y lucharon, dando una contribución determinante para la derrota de la barbarie nazi-fascista. Celebrar el 70 aniversario de la Victoria es recordar  y enaltecer el heroísmo, el coraje y la determinación de otros millones de resistentes y combatientes antifascistas de todo el mundo que dedicaron y entregaron sus vidas a la lucha por la Victoria.

El nazi-fascismo fue un instrumento brutal de imposición del poder del gran capital, frente a la profunda crisis del capitalismo que siguió a la Primera Guerra Mundial, en particular después de la gran crisis de 1929, y las repercusiones de la Revolución de Octubre. El anticomunismo siempre fue el rasgo distintivo del nazi-fascismo. Por todos lados, el movimiento obrero, y los comunistas en especial, fueron sus primeras victimas. Por todos lados los comunistas estuvieron en la primera línea de la resistencia al fascismo, estando en la vanguardia de la resistencia de masas y armada que condujo la liberación.

Hoy, el resurgimiento de la amenaza del fascismo y los peligros de una nueva guerra de grandes proporciones son reales y cada vez mayores. De nuevo, en un cuadro de profundización de la crisis del capitalismo –resultado de sus contradicciones irresolubles- el gran capital intenta salir de la crisis por la fuerza, imponiendo niveles brutales de explotación y agrediendo la soberanía de los pueblos y la independencia de los Estados, por todos los Continentes. Las grandes potencias imperialistas procuran imponer su hegemonía planetaria por la vía militar, multiplicando las guerras de agresión. Ucrania sufre las consecuencias de la acción fascista, con el apoyo activo de los EEUU y de la Unión Europea –y de su brazo armado, la OTAN. En nombre del “combate al comunismo”, el revisionismo y la falsificación de la Historia, con la desvergonzada equiparación entre fascismo y comunismo, se da lugar a la rehabilitación del fascismo.

Es por eso de crucial importancia recordar las lecciones de la Historia, señalar los crímenes del nazi-fascismo, su naturaleza de clase y las complicidades que permitieron su ascenso. No permitir que se olvide la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, para impedir que de nuevo una similar catástrofe tenga lugar.

Los Partidos Comunistas y Obreros signatarios llaman a los trabajadores y a los pueblos de todo el mundo para que desarrollen su lucha emancipadora, para que hagan de la celebración de los 70 años de la Victoria sobre el nazi-fascismo una poderosa afirmación de unidad y lucha por la Paz, contra la amenaza del fascismo y de la guerra, que radica en el capitalismo y que constituye un peligro para la Humanidad, y por la democracia, el progreso social y el socialismo.

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¿POR QUÉ LUCHABAN ELLOS EN LA DEFENSA DE MADRID EN 1936? (Por Miguel Urbano Rodrigues)

d0bdd0be_d0bfd0b0d181d0b0d180d0b0d0bd_d0bcd0b0d0b4d180d0b8d0b4En viaje reciente por Madrid, un impulso de nostalgia me llevó hasta la Ciudad Universitaria. Me perdí en las amplias avenidas entre los edificios modernos de diferentes Facultades e Institutos rodeados de apacibles espacios verdes.

Tuve la sensación de llegar a un lugar desconocido. Y no lo era. La ilusión de lo “nuevo” nacía de la acción del hombre; la Ciudad Universitaria fue reconstruida durante la dictadura.

Había caminado por allí en 1947 durante mi primera visita a España. El panorama en esa época era otro. Yo llevaba en la mano el libro de un francés que describía con detalle la defensa de Madrid en el otoño de 1936.

Yo era entonces un joven sin formación política, modelado por una educación burguesa. Pero el choque de la lectura fue tan fuerte que me atrajo al escenario de la batalla. Guardaba en la memoria imágenes y emociones de las semanas en que republicanos españoles aparecían en el monte donde yo, adolescente, residía en Moura con mis padres. Mi madre era una señora muy conservadora, pero tenía pena de aquella gente que atravesaba la frontera y los dejaba dormir una o dos noches en un granero. Ellos huían de la columna franquista de Yagüe que, subiendo de Sevilla, rumbo a Badajoz y Madrid, cometía masacres espantosos por donde pasaba.

Transcurridas más de seis décadas, era difícil imaginar en la serenidad casi bucólica de la Ciudad Universitaria que allí se había librado, a las puertas de Madrid, una batalla cuyo resultado prolongó el conflicto español hasta las vísperas de la II Guerra Mundial.

Comparé en el libro las imágenes que distanciaban la Ciudad Universitaria de la inicial que yo había conocido y esta de la actual.

En 1947, la reconstrucción solo principiara. Eran aun identificables ruinas de edificios destruidos durante los combates.

El libro del escritor francés, cuyo nombre no recuerdo, era imparcial. Evocaba los acontecimientos casi cronológicamente a partir del golpe de estado del 36, iniciado por Franco en Marruecos y Mola en el Norte.

Recuerdo que el relato dejó en la memoria semillas tan fuertes que durante mi largo exilio brasileño escribí un cuento cuyo personaje había luchado en el frente de Madrid con los republicanos.

Pero solamente muchos años después, ya comunista, y habiendo leído obras fundamentales sobre aquella guerra trágica y romántica comprendí el significado profundo de la épica defensa de Madrid.

En el invierno de la vida, evocar lo que allí pasó, en las orillas del Mazanares, me encaminó para una reflexión muy diferente de la que en la juventud me había conducido a la Ciudad Universitaria en reconstrucción.

En esa primera visita yo me había esforzado por ir al encuentro de la Historia por medio de la lectura de los combates en que se enfrentaron fuerzas antagónicas. Intentaba imaginar el choque de las tropas del general Varela y del coronel Yagüe con los milicianos y las columnas anarquistas que asumieron la defensa de la capital, bajo el mando de Miaja y Rojo, mientras se formaba el Ejército Popular de la República.

Sentado en un talud, contemplando ruinas en la ladera que descendía para el Mazanares, tenía el dedo en un mapa que localizaba las antiguas facultades destruidas cuando alguien me tocó en el hombro.

Era una mujer de unos 70 años. Preguntó:

«Que libro es ese?»

Le dije que era el libro de un escritor extranjero sobre la defensa de Madrid cuando llegaron allí los moros.

Ella sonrió. Mi respuesta abatió el muro de la desconfianza. Se sentó a mi lado y habló durante mucho tiempo, mientras yo la oía, callado.

Contó que trabajaba en el Hospital Clínico, arrasado días después, así como la Casa de Velazquez, cuando la vanguardia de los franquistas atacó a inicios de noviembre del 36. El ímpetu de la ofensiva fue tan fuerte que los milicianos y los anarquistas de la improvisada línea defensiva recularon en desorden. El Gobierno de Largo Caballero se había trasladado de la capital para Valencia. Los civiles del barrio pensaron que la guerra acabaría inmediatamente. Los aviones italianos y alemanes bombardeaban todos los días Madrid. Una compañía de moros penetró hasta la Plaza de España. Pero de repente todo cambió.

Quebrando el aire pesado de la tarde con la mano que apuntaba para lugares que nombraba, donde la batalla fuera más intensa, la vieja señora, testigo de la batalla, pronunció palabras que no olvidé:

“El día 18, llegaron los hombres de la XI Brigada Internacional. Avanzaron al encuentro del enemigo y obligaron a los moros a recular. Algunos, los pocos que sabían español, cantaban un himno que comenzaba así:

País lejano nos ha visto nacer

De odio llena el alma hemos traido

Pero la patria no la hemos aun perdido

Nuestra patria está hoy en Madrid.

Y entonces, volvimos a creer. El pueblo de Madrid comenzó a gritar en las calles el No pasarán. Y los franquistas no pasaron!

El día 23 de noviembre, los combates acabaron. Los nacionalistas se enterraron en trincheras en la Ciudad Universitaria y allí quedaron hasta al fin de la guerra».

La mujer, así como había aparecido, inesperadamente, desapareció. Se despidió con un seco «Adios, señor» y se alejó.

¿Habría participado de alguna manera al lado de los defensores de Madrid? La atmósfera en España, en aquella época, desaconsejaba preguntas a una desconocida.

La «NO INTERVENCIÓN»

Al volver a ver la actual Ciudad Universitaria, vivía en mi cuerpo envejecido un hombre muy diferente del joven que por allí había pasado en la plenitud de la dictadura de Franco, empujado por el deseo de comprender lo que había pasado en las orillas del Mazanares en días decisivos de una guerra que lo perturbaba desde la adolescencia.

Había leído miles de páginas sobre el tema, desde los cuatro volúmenes de «Guerra y Revolución en España» (1) a la novela «La Casa de Eulália» (2) y muchas obras sobre los debates en la Sociedad de Naciones y en el Comité de No Intervención creado para evitar la intervención de las grandes potencias en el conflicto.

Yo sabía que el Comité, instalado en Londres, no había alcanzado el objetivo propuesto. Fue en la práctica un organismo meramente formal. Alemania e Italia no respetaban desde el inicio sus resoluciones, con la complicidad farisaica de Inglaterra y de Francia. Cuando Hitler y Mussolini decidieron apoyar militarmente la sublevación de Franco y Mola, Inglaterra, potencia naval hegemónica, podría haber impedido el desembarco de tanques, aviones y de miles de soldados italianos en los puertos de Andalucía. Pero se limitó a protestas hipócritas. La Francia de Leon Bum cerró la frontera con Cataluña, impidiendo la entrega al gobierno del presidente Manuel Azaña de armas que este había comprado y pagado.

Eso mientras los aviones alemanes de la Legión Condor, pilotados por nazis de la futura Luftwaffe, bombardeaba la población civil de ciudades de la República. La destrucción de Gernika es recordada como ejemplo y símbolo de la barbarie fascista.

Fue solamente en octubre que cargueros venidos de la URSS, en respuesta a la ostentosa intervención de las potencias del Eje, descargaron en Cartagena los primeros cazas Policarpo I-16. Conocidos en Madrid por “chatos” y “moscas”, entraron en combate inmediatamente, abatiendo numerosos Heinkel, Junkers y Fiat para sorpresa de los estados mayores de Londres y París.

La pasividad británica y francesa estimuló la escalada del fascismo. Hitler la interpretó correctamente. La política de «No intervención» funcionó en la práctica como un prólogo de la capitulación de Munich.

LA GESTA DE LAS BRIGADASpost-archivo-rojo-6

Decenas de libros en muchos países evocan la epopeya de las Brigadas Internacionales, desde tesis académicas a memorias y reportajes. Hasta novelas. El cine también le dedicó atención.

Cuestiones polémicas son transversales en ese conjunto heterogeneo de trabajos. Las contradicciones se inician en las estadísticas. No existen registros oficiales sobre el numero de participantes en las siete Brigadas formadas en Albacete, la ciudad donde funcionó el estado mayor de la organización, bajo el mando del francés André Marty. Las evaluaciones oscilan entre 35.000 y 50.000.

Las Brigadas fueron creadas en París, por iniciativa de la III Internacional. Pero es falso que todos sus integrantes fueran comunistas.

Algunos de ellos se hicieron, años después, personalidades de renombre mundial: el alemán Willy Brandt, el yugoslavo Josip Tito, los italianos Pietro Neni y Luigi Largo, el albanés Enver Hosha, el mexicano David Alfaro Siqueiros. Miles de voluntarios extranjeros combatieron por la República sin pertenecer a las Brigadas. Entre otros el francés André Malraux y el inglés Geoges Orwell, ambos escritores famosos.

Existe consenso sobre el comportamiento heroico de las Brigadas en los múltiples frentes en que se batieron. La gran mayoría de esa gente no tenía formación militar. Pero ellos dejaron como colectivo revolucionario memoria de combatientes ejemplares.

Dos generales de las Brigadas, el húngaro Lukács y el soviético Kleber, adquirieron prestigio internacional por su capacidad como estrategas en las batallas en que intervinieron.

Cuando las Brigadas se retiraron de España a finales de 1938, bajo la presión internacional, centenares de sus miembros, no pudiendo regresar a sus países, fueron tratados como apátridas y perseguidos, algunos ingresados en campos de concentración.

Pero la calumnia, la falsificación de la Historia y la propaganda fascista no podían borrar la gesta de esos hombres. Hoy, en 15 ciudades de tres continentes se levantan monumentos dedicados a ella.

Por qué combatieron ellos en España?

Los nombres de algunas Brigadas encierran de cierta manera la respuesta a la pregunta: Garibaldi, Dimitrov, Thaelman, Louise Michel, Lincoln, Viallant Couturier, Henri Barbusse, Comuna de París.

Con opciones ideológicas diferenciadas, ellos combatieron hermanados por el sentimiento de solidaridad con el pueblo español agredido por el fascismo.

Recordar esos revolucionarios maravillosos es un deber en una época en que el fascismo levanta la cabeza en Europa, en los EUA, en América Latina. En las llanuras y montañas de España ellos supieron luchar y morir en defensa de la Humanidad, de valores e ideales que confieren significado a la vida.

Estos días en que, fortificada en el Poder, una derecha cavernícola, fascistizante, intenta en Portugal destruir lo que resta de la Revolução de Abril e impone al pueblo una auténtica dictadura del Capital, concretizada en leyes y decretos que traen a la memoria la era de Salazar- es también un deber combatir esa escoria humana, derrotar su polític a criminal.

No será como en España del 36, por las armas, que los portugueses podrán hoy enfrentar el monstruoso sistema que los oprime y lanza a la miseria. Pero, inevitablemente, el pueblo trabajador, a medida que se profundice en las masas la conciencia de que la dictadura de fachada democrática de la clase dominante lo conduce a la ruina y a una servidumbre de nuevo tipo, volverá, como en grandes momentos de nuestra Historia, a asumirse como sujeto en el proceso de transformación de la vida. Ese día, sin fecha previsible, llegará por la fuerza de la lógica de la Historia.

Serpa, 18 de Febrero de 2013

1.«Guerra y Revolucion en España», obra elaborada por una Comisión presidida por Dolores Ibarruri, Editorial Progreso, Moscú,1967.

  1. Manuel Tiago (pseudónimo de Álvaro Cunhal), «La Casa de Eulália», Ed. Adelante, Lisboa 1997.

Dos poemas de Efraín Huerta, en el centenario de su natalicio.

Efraín Huerta, uno de los grandes poetas de México, militante en su día del Partido Comunista, participante activo de la causa antifascista y de la solidaridad con la URSS, que nació el 18 de Junio de 1914 y del que se cumple hoy su centenario, en el silencio oficial, en tanto se ensalzó al agorero Octavio Paz, excomunista, anticomunista y vocero del “fin de la historia”. Estos dos poemas son significativos de su obra: en respuesta a la represión de 1968 y antes en respaldo a la defensa de Stalingrado, comprendiendo, como los comunistas de la época, que ahí se decidía el destino de la humanidad.

¡Mi País, Oh mi País!

Por Efraín Huerta..

Descenderá al sepulcro vuestra soberbia. Y echados seréis de él como troncos abominables, vestidos de muertos pasados a cuchillo, que descendieron al fondo de la sepultura. Y no seréis contados con ellos en la sepultura: porque destruisteis vuestra tierra, y arrasasteis vuestro pueblo. No será nombrada para siempre la simiente de los malignos.

Libro del profeta Isaías

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Partisana Zoya Kosmodemyanskaya, heroína de la Unión Soviética

Soldado del zoya%205Ejército Rojo, fue la primera mujer condecorada, tras su muerte, con el título de Héroe de la Unión Soviética y con la Orden de Lenin, durante la Gran Guerra Patria. Fue símbolo de heroísmo para los pueblos soviéticos en la Guerra Mundial. Su gesta ha sido plasmada en literatura, periodismo, cinematografía, pintura, escultura y exposiciones en museos.

Kosmodemyanskaya se unió a las Juventudes Comunistas (Komsomol) en 1938, y el 31 de octubre de 1941, a la edad de 18 años, junto con 2000 voluntarios, se integró en el destacamento partisano 9903 del frente occidental. Despues de un corto entrenamiento, Zoya fue destinada a la región de Bolokolamsk (Moscú), donde su grupo participó con éxito en el minado de caminos en territorio ocupado.

El 17 de noviembre fue publicada la Orden Nº 428 de “privar al ejército alemán de toda posibilidad de desplegarse en pueblos y aldeas, expulsar a los ocupantes germanos de cualquier zona poblada, casa o establo, para que solo puedan estar al frio del cielo raso” y con ese fin “destruir y quemar cualquier lugar donde los invasores puedan refugiarse”.

Para el cumplimiento de esa Orden, Zoya formó parte, junto a otros camaradas con la tarea de hostigar y quemar, en el plazo de 5 dias, 10 aldeas donde estaban establecidas tropas germanas. El armamento de Zoya era una pistola “Nagán” y varios cócteles Molotov. Tras diversas escaramuzas con el enemigo, su grupo se dispersó quedando Zoya aislada, decidiendo continuar sola y atacar tres casas y establos en Petrishevo donde se acuartelaban oficiales y soldados alemanes con sus caballos.

Pero los alemanes tenían montada una guardia de colaboracionistas traidores a su servicio, uno de los cuales, S.A. Sviridov, la engañó y fue capturada (por su traición los nazis le premiaron con una botella de vodka).
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Fue torturada durante dos dias de interrogatorios en los que la única información que dió fue su nombre de guerra “Tania”. Por la mañana la llevaron a la calle donde ya habían construido la horca, con un cartel en el cuello que ponía “incendiaria de casas”.

En el acta de identificación del cuerpo, de febrero de 1942 llevada a cabo por una comisión de representantes del VLKSM (Juventudes Comunistas Leninistas de toda la Unión), de oficiales del Ejército Rojo, representantes del Comité Regional del PC de la URSS, del consejo y vecinos de la aldea de Petrishevo, tras estudiar las circunstancias de la muerte y en base a declaraciones de testigos de las torturas y de la ejecución, quedó probado que la Komsomola Kosmodemyanskaya, durante su ejecución realizo un llamamiento a sus conciudadanos: “No os rindais, hay que ayudar al Ejército Rojo. Nuestros camaradas vengarán mi muerte contra los fascistas. La Unión Soviética jamás será vencida”. Dirigiendose a los soldados alemanes Zoya gritó: “rendiós antes de que sea tarde, podréis ahorcar a muchos de nosotros, pero nunca a 170 millones”. Ésto ya lo dijo con la soga al cuello mientras oficiales alemanes la fotografiaban. Aún quiso dicir algo mas, pero en ese momento un oficial elemán quitó el cubo sobre el que se sostenía y quedó colgando. Agarró con sus manos la cuerda y los alemanes la golpearon hasta que expiró su aliento.

Su cuerpo fue dejado colgando un mes, siendo golpeado y vejado en varias ocasiones por soldados alemanes y colaboracionistas. El dia de año nuevo de 1942, un nazi borracho le arrancó parte de la ropa y mutiló su cuerpo congelado. Al dia siguiente el mando alemán, ante la inminente llegada de tropas soviéticas, ordenó descolgarla y enterrarla. Posteriormente, su cuerpo fue llevado por los soviéticos al cementzoya_ kosmodemianskaya joven comunista urss asesinada por hitlerhangingerio de Novodievichi en Moscú.

El 16 de febrero de 1942 fue declarada Héroe de la URSS con la Orden de Lenin. Pero para nosotros es héroe de la humanidad.

El nombre de Kosmodemyanskaya lo llevan innumerables escuelas, barcos, calles de muchas ciudades, montañas, y dos asteroides. Innumerables memoriales escultóricos en todo el territorio soviético: Moscú, Leningrado, Minsk, Kiev, Stalingrado..

Merecen llevar su nombre todo tipo de colectivos, asociaciones, comités, células de partidos..

Su gesta es el reflejo de la lucha de toda una generación de trabajadores que supieron defender su país, el primer Estado Socialista de la historia, frente a la invasión del fascismo internacional liderado y organizado por la Alemania nazi.

El heroísmo de Zoya representa también el de tantos y tantos combatientes anónimos que perdieron su vida por la defensa de la URSS y la liberación de los pueblos dzoya-kosmodemyanskaya-before-execution-november-29-1941-ne Europa de la barbarie nazi-fascista.

En 1991, solo 50 años después de la muerte de Kosmodemyanskaya, un puñado de bandidos consiguió lo que las divisiones de la Wermacht no fueron capaces: derribar el País Soviético. La Alemania nazi no pudo con los soviets porque frente a su agresión se levantó un Partido Comunista que organizó a millones de trabajadores en su defensa.

Pero cincuenta años después, ese partido, extenuado en tantas batallas externas e internas, debilitado por tanta presión y traición, ya no pudo cumplir con la tarea histórica que le correspondía. Pero la memoria y el ejemplo de tantos que dieron su vida por el socialismo, serán estandarte de victoria para los millones que con sus presentes y futuras batallas irán forjando el porvenir.