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La toma del poder – Louis Aragon

Aló

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París

Proletarios de todos los países uníos

Aló

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La palabra al representante del Partido Comunista

Camaradas

En nombre del Partido Comunista

Oh clamor de las nubes

Tumultos de granizos Luces

Del diablo que se estira

Pájaros anunciadores de la lluvia

Asid el mensaje de las llamas

Zzz Sss Rrr Rrr en el pasaje de las fosas del cielo

Sss Sss Ffhuii

En nombre del Partido Comunista

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Óscar Alfaro al Partido Comunista de Bolivia

Óscar Alfaro
17 de enero 1960

3204020

Con la fuerza de todas las razas
que conforman los pueblos del ande,
hoy se pone de pie el comunismo,
igual que un proletario gigante.

Es un indio que eleva los puños
sobre todas las cumbres tonantes
y reclama su pan y su tierra
con la voz de los roncos volcanes.

Guaraníes, aimaras y quechuas,
la montaña, la selva y los valles,
se reúne en nuestro Partido
en un pacto de sol y de sangre.

Hay diez cumbres saltadas al tiempo
Hay diez años de lucha y coraje.
Son diez rojas estrellas que escriben
la palabra “victoria” en los andes.

Y los campos, talleres y minas
con su voz de metal crepitante
hoy saludan a nuestro Partido
levantando banderas llameantes

Ni pistolas que apuntan al pecho
cortarán el camino gigante
aunque ensayen de nuevo en su cuerpo
el martirio de Tupaj Katari

Con la fuerza triunfal de las masas
alcanzaremos la patria sangrante
sobre el bosque de brazos obreros
hacia el triunfo más puro y más grande.

Derrumbemos los muros del tiempo
bolivianos de todas las clases.
Adelante que es de nuestra vida
camaradas heroicos del ande.

LA CANCIÓN DEL PARCHE Y EL ABRIGO (Bertolt Brecht)

Cada vez que nuestro abrigo está raído

vienen ustedes corriendo y nos dicen:

“¡No es posible que sigan así!

¡Hay que ayudarles y por todos los medios!”

Y llenos de ira se dirigen a los dueños

mientras nosotros, congelándonos, esperamos:

Y ustedes regresan triunfantes;

nos muestran lo que acaban de conquistar

para nosotros:

un pequeño parche

Bien, ese es el parche

Pero ¿dónde está el abrigo?

Cada vez que gritamos por hambre

vienen ustedes corriendo y nos dicen:

“¡No es posible que sigan así!

¡Hay que ayudarles y por todos los medios!”

Y llenos de ira se dirigen a los dueños

mientras nosotros, congelándonos, esperamos.

Y ustedes regresan triunfantes;

nos muestran lo que acaban de conquistar

para nosotros:

alguna migaja

Bien, esa es la migaja

Pero ¿dónde está el pan?

Necesitamos no sólo el parche

sino también el abrigo.

Necesitamos no sólo la migaja

sino también todo el pan.

Necesitamos no sólo el puesto de trabajo,

sino toda la fábrica y el carbón

y el mineral y el poder del Estado

Bien, eso es lo que necesitamos

Pero ¿Qué nos ofrecen ustedes?

brecht

El Partido (Vladimir Maiakoviski)

El Partido
Vladimir Maiakoviski

El Partido
es como
un huracán bravío
en el que voces finas, quedas,
se han unido y fundido;
a su embate,
se quiebran
las fortalezas del enemigo,
como del cañoneo
saltan los tímpanos de los oídos.
Desgraciado del hombre
cuando está solo.
Mal lo pasará,
ninguna batalla ganará,
todo el que posea una fuerza mayor
será su señor
e incluso los débiles
si son dos.
Pero
si en un Partido
se apiñan los pequeños
entonces
¡ríndete enemigo,
y quédate ahí quieto!
El Partido
es una mano de un millón de dedos,
apretada
con vigor,
en recio puño demoledor.
Uno solo es absurdo,
uno es como ninguno,
uno,
por muy importante
que sea,
no levantará
ni una simple
viga de madera
y menos un edificio
de cinco pisos.
El Partido
son
millones de hombros,
apretados, estrechamente,
unos contra otros.
Con el Partido
obras levantaremos
hasta el cielo,
ayudándonos siempre,
elevándonos mutuamente.
El Partido
es la espina dorsal de la clase obrera.
El Partido
es la inmortalidad de nuestra causa entera.
El Partido
es lo único que jamás me traicionará.
Hoy dependiente soy,
pero mañana
reinos del mapa podré borrar.
El cerebro de la clase,
la acción de la clase
la fuerza de la clase
la gloria de la clase,
¡eso es el Partido!

El Partido y Lenin
son hermanos gemelos;
para la madre-historia,
¿quién es más entrañable de ellos?
Cuando decimos: Lenin
es como si dijéramos: el Partido
Cuando decimos: el Partido es como si dijéramos: Lenin.

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VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN (MIGUEL HERNÁNDEZ)

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

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A TU DECORO CANTO

A Sonia, prisionera del imperio

Desde el subsuelo de mi alma;

desde la atalaya de mis esperanzas,
desde los arraigos de mi fe
en tus puras causas de pueblo
te profeso mi amor:
amor de pólvora y obuses
a tu osado ser de combatiente,
¡camarada!
¡compañera!

 En el verde bosque y el rastrojo
escucho el vuelo de tu risa
y de tu voz hermana
de la voz del monte
y del relámpago
y del acero…, tu voz.

Humeante fusil de ideas
en la trinchera de las convicciones
dispara…
porfía…,
arenga…,
vence la distancia,
las infamias…,
y las rejas
desde tus libres manos campesinas,
guerrilleras.

Tu nombre de fuego,
compañera,
me sabe a libertad de pueblos,
camarada;
por eso te canto desde las trincheras
por eso te canto en las barricadas;
canto a tu decoro
que se me vuelve trigo,
y agua
y pan
que germina de tus pechos.

A tu dolor por la tristeza ajena canto,
canto a tu bucólica presencia encarcelada.

Con la mirada del sol
y el aliento de la luna
te entrego mi amor sin condición,
mi firme credo en tus razones
mientras
contra la infamia del imperio
canto…,
tomando la voz de tu rebeldía,
mi valiente guerrillera,
mi camarada:
por la redención de los pobres
es que te declamo
y canto.

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A Marulanda

Manuel
De sueños grandes y glorias
Su mente modesta, ancha,
Sembró en nuestra patria memorias.
Le mataron tantas veces
Con su rabia los mercenarios
Pero seguías sembrando con creces
Justicieros idearios.

 Así caminó llanuras

Montañas valles y campos
Con su morral de futuro
Con sus soles de luz y cantos.
Se fue Manuel a otro siclo del tiempo
A reunirse con los hermanos
Allí encontrará los mártires
Del sueño bolivariano.
Aquí sus hijos y pueblo
En el corazón lo llevamos;
Nunca lo olvidaremos
Porque somos más que hermanos.
Llora de sentimiento la patria
Y de tristeza nuestro pueblo;
Los oligarcas lo celebran
Como buitres del infierno.
Se fue el comandante Manuel
El que no se arrodilló al imperio
El que trochó por las selvas
Con fusiles libertarios
Construyendo un ejército
De rebeldes solidarios.
Con Manuel esta tropa
De militantes rebeldes
Sigue marchando segura
Y sin temerle a la muerte
Con Marulanda y las masas
Va caminando este pueblo
Por las urbes y montañas
Se va agigantando su sueño.
Su adiós es un ahora
Que le hace infinito
Esperanza de la historia