Antonio Gramsci, digno militante marxista-leninista (I)

Alfredo Ponce[i]

gramsciDos cosas hacen levantar este artículo sobre el camarada Antonio Gramsci: 1) desmentir su desvinculación con el marxismo-leninismo (alentada por los académicos trotskistas); y, 2) desmitificar una supuesta “convicción humanista” absoluta que rechaza la violencia revolucionaria. Para aprovechar estos planteamientos, le sumaremos otra cuestión, la construcción del Hombre Nuevo.

El movimiento reformista europeo –que nunca nada ha conquistado y mucho menos ha organizado–, necesitó referentes para echar andar sus pretensiones al abandonar el marxismo-leninismo (desde las primeras décadas del siglo XX), asegurando que con la violencia revolucionaria a nada se podía llegar. Negaron la lucha de clases y legitimaron los artilugios y mecanismos de la democracia burguesa como única vía para alcanzar el Poder.

El eurocomunismo –consolidado como tendencia reformista en la década de 1970–, ante la ausencia de una guía real para su incurable intensión, procuró usar como bandera para sí la imagen del camarada Antonio Gramsci; en que, por ejemplo, José María Laso, uno de los ideólogos reformistas en el Partido Comunista de España (PCE), etiquetó a Gramsci como un “precursor del eurocomunismo”. Para ello, se aprovecharon de que el Partido Comunista Italiano (PCI), dirigido por Palmiro Togliatti, a finales de la II Guerra Mundial (1944-45) empieza un viraje radical (Giro de Salerno), traicionando todo el trabajo que Gramsci había conquistado para la toma revolucionaria del Poder, desmovilizando las milicias partisanas y asimilando completamente las formas y métodos de la democracia burguesa y su parlamentarismo.

En Venezuela, el caso más connotado de transfuguismo revisionista –que naturalmente degeneró hacia el reformismo–, fue el del Movimiento al Socialismo (MAS), encabezado por Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff, que, en 1980, al ser este último electo como presidente de la organización, la Embajada norteamericana y la rancia socialdemocracia fueron a celebrar su ascenso.

Los principales difusores de la literatura manipulada de Gramsci han sido los académicos trotskistas, con el mero propósito de despreciar al leninismo y, por consiguiente, a la militancia comunista. Tal es la intensión del trotskismo: dividir, asfixiar y debilitar al movimiento comunista internacional que lucha bajos las banderas del marxismo-leninismo.

Actualmente, Nestor Kohan –un vehemente académico trotskista–, no pierde oportunidad en cuanto libro o artículo escribe sobre Gramsci, para situarlo como un marxista occidental que desprecia al “marxismo soviético”, a Stalin y “seduce a Trotski” en su idea de la “revolución permanente”. Ante este absurdo, el mismo Gramsci ya tenía su propia posición y decía en 1927 que: “Las debilidades teóricas de esta forma moderna del viejo mecanicismo quedan enmascaradas por la teoría general de la revolución permanente, que no es sino una previsión genérica presentada como dogma y que se destruye por sí misma, por el hecho de que no se manifiesta fáctica y efectivamente”.


[i] Publicado originalmente en Tribuna Popular Nº 2960.

  • Tribuna Popular es organo de prensa del Partido Comunista de Venezuela
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