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Los bolcheviques y la Revolución de octubre (Actas del POSDR (b))

Dejamos a continuacion un importante documento historico, las actas del POSDR (b) en un momento decisivo para la historia de la humanidad (agosto de 1917 a febrero de 1918), aqui se puede ver el pensamiento y la forma de organizarse de los bolcheviques previa toma del palacio de invierno y primeros dias de la primera revolucion socialista en la historia.

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Los bolcheviques y la revolucion de octubre

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La importancia del estudio crítico de la construcción del socialismo en el siglo XX para el fortalecimiento del movimiento obrero, para el contraataque eficaz

epa03198311-greek-leader-of-the-communist-party-kke-aleka-papariga-fpffge Aleka Papariga

Revista Comunista Internacional

Cuando dimos a la publicidad el tema del 18º Congreso, en que aparte del informe previsto se discutió un asunto especial sobre las conclusiones de la construcción socialista, algunos amigos del partido se preguntaron si fue apropiado, en las condiciones actuales con la apariencia de los primeros signos de la crisis económica capitalista, que el partido tratase un asunto tan importante que quizás, según su opinión, no hubiese  la primera línea de la actualidad. No es necesario recordarles la reacción de la prensa burguesa, los comentarios irónicos y cáusticos de periodistas conocidos que les molestó el hecho que nos ocupáramos de este asunto, aunque sabían de antemano porque tomamos esta decisión. La reacción de su parte era totalmente justificada. Tienen un instinto fuerte y perciben cualquier cosa que puede dar fuerza y dinámica al movimiento revolucionario.

Nosotros, desde el primer momento que nos dimos cuenta que el famoso rumbo de la perestroika no fue más que el inicio de la contrarrevolución y la derrota temporal del sistema socialista, entendimos que deberíamos ocuparnos de la gran tarea de dar respuestas a las preguntas razonables que surgieron tanto a nosotros como a todas las personas progresistas sobre lo sucedido, puesto que no estábamos preparados para este acontecimiento trágico. No lo habíamos previsto y desgraciadamente no teníamos los reflejos necesarios para reaccionar ni siquiera poco antes de que se arriara la bandera roja del Kremlin.

Dado que nuestro partido no estaba en poder, no teníamos ninguna responsabilidad directa en la construcción socialista. Pero fue cierto considerarnos como parte del problema. Sin embargo, la tormenta de la contrarrevolución impactó todos los partidos comunistas, creó una crisis interna, llevó algunos a la escisión o a la mutación total, y a otros les provocó confusiones o incluso cuestiones existenciales.

El KKE desde el primer período que se iba determinando el futuro del socialismo en la Unión Soviética, es decir desde 1989 hasta 1991, entró en una profunda crisis ideológica, política y organizativa que dio lugar a la escisión con el abandono de una parte significativa de los miembros del Comité Central dirigidos por el entonces Secretario General del CC. De hecho, ellos estaban promoviendo la condena del movimiento revolucionario y del curso de la construcción socialista, intentaban transformar el Partido en un partido izquierdista oportunista difundido en una alianza de izquierdas que apoyara ciertas reformas limitadas en la gestión del sistema.

La crisis reveló la existencia de una fuerte corriente oportunista de derecha en la dirección del partido que fue aprobada por el sistema político burgués. La crisis de la que sufrió el KKE no era solamente importada. Nunca la atribuimos únicamente al triunfo de la contrarrevolución y a su impacto interno. Los acontecimientos internacionales la revelaron antes, pero lo más importante es que definieron la magnitud de las pérdidas en el sentido de que la amargura del retroceso repentino dificultó a miles de comunistas de ver desde el primer momento el carácter de la crisis del partido que la llevaba a mucha gente a la desmovilización.

Nosotros, los miembros del CC que participamos en la confrontación de la crisis o que nos dimos cuenta más tarde, no debemos olvidar que hicimos nuestro deber en la base de nuestros estatutos que establecen el centralismo democrático que garantiza objetivamente los términos de la democracia dentro del partido para que se desarrolle el diálogo y el debate, para que todos traten de ello creando así una verdadera mayoría. Cuando las deficiencias en la dirección del partido abarcan asuntos de estrategia, literalmente de existencia del Partido, en aquel momento el órgano de dirección no puede ofrecer soluciones, se esconde detrás del problema mientras ello existe y es realmente una dinamita.

La escisión es inevitable en tales circunstancias. No es en generalmente y abstractamente un acontecimiento trágico. Finalmente dirige a la expulsión del partido revolucionario de las fuerzas y de los cuadros que han elegido la vía del consenso, que han elegido tomar acción conforme con las reglas del sistema político burgués. En tales casos la escisión da lugar a la consolidación cuando todas las opciones posibles se han agotado y no existe otro camino. Si hubiéramos actuado así pronto, si no existiera el injustificado (subrayamos que nos referimos a las condiciones concretas internacionales e internas) temor de escisión entonces seguramente bastantes miembros y algunos cuadros del partido no perderían su camino en un período tan crucial para el movimiento popular en general.

Una vez más el oportunismo de derechas aparece como fuerza de contrarrevolución en condiciones de socialismo, como fuerza de división del movimiento comunista revolucionario. Si no te lo haces frente a tiempo, si lo desprecias tiene la fuerza de infligir un golpe devastador y hacer retroceder al movimiento comunista décadas atrás.

Los años 1989-1991 fue uno de los períodos más duros que sufrió nuestro partido incluso en comparación con el período de ilegalidad o de derrota en la guerra civil de 1946-1949. Entonces hubo el ascendiente movimiento comunista, se había formado el sistema socialista en Europa, se había mejorado a nivel global la correlación de fuerzas internacional. Por lo tanto, la dificultad, la derrota en un país, no fueron suficientes para causar confusión y decepción profunda.

En fin, el KKE  encontró su camino a tiempo, mutatis mutandis, consiguió superar la crisis, ponerse a pie y mantener, incluso en aquel período, su prestigio e influencia al pueblo en un momento en que todos los “signos” estaban en contra de nosotros. El enemigo de clase empleando varias formas y mecanismos acogió a los cuadros del partido que lo habían abandonado, les asistió sistemáticamente y al mismo tiempo lanzó abiertamente su anticomunismo contra el KKE con todos los medios que disponía, ideológicos, políticos y con viles calumnias.

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Los Bolcheviques y la Revolución de Octubre (Miguel Urbano)

Por: Miguel Urbano Rodrigues

Odiario.info publica un texto 111hacia el cual, por su importancia, llamamos la atención de nuestros lectores: la introducción que el escritor comunista italiano Giuseppe Boffa escribió para las “Actas de las reuniones del Comité Central (CC) del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (Bolchevique)” realizadas entre Agosto de 1917 y Febrero de 1918 (Fechas según el calendario gregoriano).

Pasajes de ese documento histórico fueron citados por Stalin, por vez primera, en 1924. Pero las “Actas” solamente fueron publicadas en la URSS después del XX Congreso del PCUS. En 1964 Francois Maspero lanzó una edición francesa y, en 1978, la Siglo XXI mexicana publicó las “Actas” en castellano con el título de “Los Bolcheviques y la Revolución de Octubre”. Fue un ejemplar de esa edición, hoy agotada, que me llegó a las manos, enviado por un camarada brasileño.

Leí fascinado esas “Actas” –más de 300 páginas- casi sin interrupciones. Con algunas lagunas ellas permiten al lector acompañar los debates dramáticos en que, durante siete meses, menos de tres decenas de revolucionarios que formaban entonces el Comité Central del Partido Bolchevique tomaron decisiones de las que vendría a depender la victoria o derrota del proyecto comunista

Estudié una media docena de Historias de la Revolución Rusa de 1917, de autores soviéticos y occidentales. Ninguna es tan esclarecedora de la atmósfera de esas reuniones, ninguna ilumina tan profundamente como las “Actas” las divergencias que separaban a los dirigentes bolcheviques unidos por un ideal común. En aquel tiempo no había grabadoras y las “Actas”, anotadas a mano en hojas arrancadas de cuadernos, por la secretaria del Comité Central, Elena Stásova, presentan naturalmente las insuficiencias y fallas propias del ambiente conspirativo posterior a las jornadas represivas de Julio del 17.

Eso no impide que la simple transcripción (igualmente parcial) de las intervenciones de los principales dirigentes del CC represente una contribución para la Historia mucho más valiosa que el análisis de escritores y académicos que no participaron de esas reuniones secretas.

La introducción facilita la reflexión sobre una Documentación tan densa y valiosa. Boffa recuerda que los debates incidieron sobretodo en dos temas: la insurrección armada y, después de la toma del poder por los bolcheviques, la cuestión de la paz con las Potencias Centrales, después del armisticio del 15 de Diciembre del 17 que suspendió la guerra entre la joven República socialista y el Imperio Alemán.

Stalin, Sverdlov, Dzerzhinski, Trotski, Zinoviev, Kamenev, Bujarin, Preobrazhenski y Alexandra Kolontai fueron algunos de los miembros del CC que entonces discutieron en Petrogrado, en ocasiones con pasión, las decisiones a ser tomadas: Lenin no participó en las primeras reuniones porque estaba en la clandestinidad, perseguido por la policía de Kerenski.

“Las batallas libradas en el núcleo de revolucionarios que dirigió la primera revolución socialista fueron autenticas luchas políticas que pusieron en juego elementos esenciales de la línea del partido y, en ocasiones, los fundamentos ideológicos del bolchevismo” –escribe Boffa.

El primer gran choque de posiciones antagónicas ocurrió cuando Lenin colocó la necesidad urgente de la insurrección armada. Los bolcheviques estaban en minoría en el Soviet de Petrogrado y la dualidad de poderes jugaba a favor del gobierno de Kerenski. Lenin consideraba concluido el periodo de desarrollo pacífico de la revolución porque los mencheviques y los socialistas revolucionarios habían optado por una alianza tácita con la burguesía reaccionaria.

De ahí el imperativo de la insurrección armada orientada para la toma del poder. Cuando Lenin el 15 de Septiembre presentó la propuesta tendiente a la organización “técnica” de la insurrección, definiendo ésta como un “arte”, el debate fue prolongado y tenso.

Dos dirigentes, Kamenev y Zinoviev, se opusieron frontalmente. Es útil recordar que Kamenev, que dirigía con Stalin el Pravda, asumirá una posición crítica cuando Lenin, regresando del exilio, expuso “Las Tesis de Abril” que reformularon toda la estrategia del Partido Bolchevique.

Pero esta vez Kamenev y Zinoiev no se limitaron a estar en desacuerdo. Violando la disciplina partidaria, publicaron en el periódico “Novaya Zhizn”, de Máximo Gorki (que entonces no militaba con los bolcheviques), un documento en que combatían y denunciaban la insurrección.

Esto en las vísperas del asalto al Palacio de Invierno.

“Traidores y esquiroles ” fueron expresiones usadas por Lenin para definir la actitud de dos dirigentes a los que lo ligaba una sólida amistad personal. Pero a pesar de haber pedido la expulsión de ambos del CC y del Partido, la sugestión no obtuvo mayoría y los dos permanecieron en funciones.

Lo que confiere a las “Actas” un interés especial es la publicación parcial de las intervenciones de los miembros del CC que participaron en esas tempestuosas reuniones. Ellas contribuyen a desmontar las especulaciones que corrieron por el mundo sobre lo que pasó en esas jornadas del Instituto Smolny, cuartel general bolchevique. El propio John Reed, un amigo de la Revolución, presentó una versión inexacta de los debates en su libro “Diez días que conmovieron al mundo”. La propuesta de insurrección fue aprobada por todos los presentes, con los votos en contra de Kamenev y Zinoviev.

Las dudas de algunos no sorprenden. Esos veteranos bolcheviques no tenían respuesta para una pregunta: ¿Era posible una revolución Socialista en Rusia atrasada antes de su victoria en un país desarrollado? ¿O debería la revolución desarrollarse como democrática y nacional?

Lenin fue el primero en comprender que solamente la insurrección armada podría frenar la contrarrevolución en marcha, apoyada por las potencias imperialistas.

EL DILEMA DE BREST-LITOVSK

La otra cuestión que ocupó las agendas de sucesivas reuniones del CC y allí exhaustivamente debatida fue el de la actitud a asumir frente a la Alemania imperial después de la toma del poder por el Partido Bolchevique.

En la Conferencia de Abril en 1917, el Partido tenía decidido oponerse a una “paz por separado” con Alemania y “proponer a todos los pueblos una paz democrática, esto es, sin anexiones ni reparaciones”. El caminar de la Historia volvió utópica esa posición.

La discusión en el CC del debate sobre la Paz iniciada después del armisticio del 15 de Diciembre es la más amplia y emocionantes de las registradas por las “Actas”. Fueron dramáticos, vehementes, los debates sobre el tema.

Las clausulas de paz presentadas por los alemanes y austriacos eran indecorosas y humillantes. Exigían territorios con un tercio de la población del país y la mitad de su industria.

El partido estaba dividido, con destacados dirigentes defendiendo posiciones incompatibles. La tendencia mayoritaria, invocando decisiones tomadas al inicio de la Revolución de Febrero, optaba por la “guerra revolucionaria” como respuesta al imperialismo alemán. Trotski pretendía que se declarase finalizada la guerra y se desmovilizara al ejército, pero sin firmar la paz.

La única posición realista y lúcida, pero minoritaria, era la de Lenin. Las condiciones alemanas eran monstruosas. Pero la “guerra revolucionaria” era una idea romántica. Los soldados desertaban en masa del frente; en la práctica, ya no había ejército. La opción de Trotski era también inaceptable, porqué partía de una hipótesis improbable en el momento: la revolución inmediata en Alemania.

Trotski comandaba la delegación soviética en las conversaciones con los alemanes, los austriacos, los turcos, los búlgaros. La ausencia de un consenso le llevó a tomar una decisión unilateral que mereció severas críticas de Lenin: salió de Brest declarando finalizada la guerra, pero no firmo la paz: En la práctica impuso la formula “¡ni guerra, ni paz!”.

La reunión ampliada del CC del día 23 de Febrero en la que participaron 60 destacados bolcheviques fue angustiante. Las “Actas” transmiten la atmósfera emocionante de aquella sesión en que se jugaba la suerte de la Revolución Soviética.

Los alemanes habían denunciado el armisticio y el 21 de Febrero de 1918 desencadenaron una ofensiva en todos los frentes y, sin encontrar prácticamente resistencia, estaban casi a las puertas de Petrogrado.

En su intervención final, Lenin, que amenazó con dimitir, esbozó un escenario de tragedia: “Si no firmamos –dice- estaremos suscribiendo la condena a muerte del poder soviético dentro de tres semanas”.

Lenin convenció; pero la firma de la paz el 3 de Marzo y la posterior ratificación del Tratado de Brest dejaron secuelas muy dolorosas. Algunos comisarios del pueblo dimitieron, abriendo heridas en el Partido.

Resta añadir que el Tratado de Brest fue declarado nulo por Rusia el 13 de Noviembre, dos días después de la capitulación de Alemania.

Pero antes de finalizar la Primera Guerra Mundial las potencias capitalistas iniciaron el cerco a la joven República Soviética. Los japoneses, en Abril, tomaron Vladivostok en el Extremo Oriente; los ingleses y los norteamericanos desembarcaron en las tierras árticas de Rusia, las escuadras británica y francesa bloquearon los puertos del Mar Negro en tanto los generales blancos preparaban una larga guerra civil.

Giuseppe Boffa, señalando que la Revolución ganaría con un alto costo su primera batalla defensiva, afirma que los acontecimientos de aquellos meses entre el VI y el VII Congreso del Partido Bolchevique vinieron a destacar “el punto más alto de toda la historia humana”. Es mi convicción de que ningún partido se aproximó tanto a la imagen de la democracia ideal como el bolchevique en aquellas jornadas.

Las “Actas” compiladas en “Los Bolcheviques y la Revolución de Octubre” constituyen la más convincente respuesta a las campañas anticomunistas que deforman y calumnian el centralismo democrático.
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Vila Nova de Gaia, Octubre del 2012
Traducción: Jazmín Padilla para www.odiario.info

Dos poemas de Efraín Huerta, en el centenario de su natalicio.

Efraín Huerta, uno de los grandes poetas de México, militante en su día del Partido Comunista, participante activo de la causa antifascista y de la solidaridad con la URSS, que nació el 18 de Junio de 1914 y del que se cumple hoy su centenario, en el silencio oficial, en tanto se ensalzó al agorero Octavio Paz, excomunista, anticomunista y vocero del “fin de la historia”. Estos dos poemas son significativos de su obra: en respuesta a la represión de 1968 y antes en respaldo a la defensa de Stalingrado, comprendiendo, como los comunistas de la época, que ahí se decidía el destino de la humanidad.

¡Mi País, Oh mi País!

Por Efraín Huerta..

Descenderá al sepulcro vuestra soberbia. Y echados seréis de él como troncos abominables, vestidos de muertos pasados a cuchillo, que descendieron al fondo de la sepultura. Y no seréis contados con ellos en la sepultura: porque destruisteis vuestra tierra, y arrasasteis vuestro pueblo. No será nombrada para siempre la simiente de los malignos.

Libro del profeta Isaías

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Partisana Zoya Kosmodemyanskaya, heroína de la Unión Soviética

Soldado del zoya%205Ejército Rojo, fue la primera mujer condecorada, tras su muerte, con el título de Héroe de la Unión Soviética y con la Orden de Lenin, durante la Gran Guerra Patria. Fue símbolo de heroísmo para los pueblos soviéticos en la Guerra Mundial. Su gesta ha sido plasmada en literatura, periodismo, cinematografía, pintura, escultura y exposiciones en museos.

Kosmodemyanskaya se unió a las Juventudes Comunistas (Komsomol) en 1938, y el 31 de octubre de 1941, a la edad de 18 años, junto con 2000 voluntarios, se integró en el destacamento partisano 9903 del frente occidental. Despues de un corto entrenamiento, Zoya fue destinada a la región de Bolokolamsk (Moscú), donde su grupo participó con éxito en el minado de caminos en territorio ocupado.

El 17 de noviembre fue publicada la Orden Nº 428 de “privar al ejército alemán de toda posibilidad de desplegarse en pueblos y aldeas, expulsar a los ocupantes germanos de cualquier zona poblada, casa o establo, para que solo puedan estar al frio del cielo raso” y con ese fin “destruir y quemar cualquier lugar donde los invasores puedan refugiarse”.

Para el cumplimiento de esa Orden, Zoya formó parte, junto a otros camaradas con la tarea de hostigar y quemar, en el plazo de 5 dias, 10 aldeas donde estaban establecidas tropas germanas. El armamento de Zoya era una pistola “Nagán” y varios cócteles Molotov. Tras diversas escaramuzas con el enemigo, su grupo se dispersó quedando Zoya aislada, decidiendo continuar sola y atacar tres casas y establos en Petrishevo donde se acuartelaban oficiales y soldados alemanes con sus caballos.

Pero los alemanes tenían montada una guardia de colaboracionistas traidores a su servicio, uno de los cuales, S.A. Sviridov, la engañó y fue capturada (por su traición los nazis le premiaron con una botella de vodka).
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Fue torturada durante dos dias de interrogatorios en los que la única información que dió fue su nombre de guerra “Tania”. Por la mañana la llevaron a la calle donde ya habían construido la horca, con un cartel en el cuello que ponía “incendiaria de casas”.

En el acta de identificación del cuerpo, de febrero de 1942 llevada a cabo por una comisión de representantes del VLKSM (Juventudes Comunistas Leninistas de toda la Unión), de oficiales del Ejército Rojo, representantes del Comité Regional del PC de la URSS, del consejo y vecinos de la aldea de Petrishevo, tras estudiar las circunstancias de la muerte y en base a declaraciones de testigos de las torturas y de la ejecución, quedó probado que la Komsomola Kosmodemyanskaya, durante su ejecución realizo un llamamiento a sus conciudadanos: “No os rindais, hay que ayudar al Ejército Rojo. Nuestros camaradas vengarán mi muerte contra los fascistas. La Unión Soviética jamás será vencida”. Dirigiendose a los soldados alemanes Zoya gritó: “rendiós antes de que sea tarde, podréis ahorcar a muchos de nosotros, pero nunca a 170 millones”. Ésto ya lo dijo con la soga al cuello mientras oficiales alemanes la fotografiaban. Aún quiso dicir algo mas, pero en ese momento un oficial elemán quitó el cubo sobre el que se sostenía y quedó colgando. Agarró con sus manos la cuerda y los alemanes la golpearon hasta que expiró su aliento.

Su cuerpo fue dejado colgando un mes, siendo golpeado y vejado en varias ocasiones por soldados alemanes y colaboracionistas. El dia de año nuevo de 1942, un nazi borracho le arrancó parte de la ropa y mutiló su cuerpo congelado. Al dia siguiente el mando alemán, ante la inminente llegada de tropas soviéticas, ordenó descolgarla y enterrarla. Posteriormente, su cuerpo fue llevado por los soviéticos al cementzoya_ kosmodemianskaya joven comunista urss asesinada por hitlerhangingerio de Novodievichi en Moscú.

El 16 de febrero de 1942 fue declarada Héroe de la URSS con la Orden de Lenin. Pero para nosotros es héroe de la humanidad.

El nombre de Kosmodemyanskaya lo llevan innumerables escuelas, barcos, calles de muchas ciudades, montañas, y dos asteroides. Innumerables memoriales escultóricos en todo el territorio soviético: Moscú, Leningrado, Minsk, Kiev, Stalingrado..

Merecen llevar su nombre todo tipo de colectivos, asociaciones, comités, células de partidos..

Su gesta es el reflejo de la lucha de toda una generación de trabajadores que supieron defender su país, el primer Estado Socialista de la historia, frente a la invasión del fascismo internacional liderado y organizado por la Alemania nazi.

El heroísmo de Zoya representa también el de tantos y tantos combatientes anónimos que perdieron su vida por la defensa de la URSS y la liberación de los pueblos dzoya-kosmodemyanskaya-before-execution-november-29-1941-ne Europa de la barbarie nazi-fascista.

En 1991, solo 50 años después de la muerte de Kosmodemyanskaya, un puñado de bandidos consiguió lo que las divisiones de la Wermacht no fueron capaces: derribar el País Soviético. La Alemania nazi no pudo con los soviets porque frente a su agresión se levantó un Partido Comunista que organizó a millones de trabajadores en su defensa.

Pero cincuenta años después, ese partido, extenuado en tantas batallas externas e internas, debilitado por tanta presión y traición, ya no pudo cumplir con la tarea histórica que le correspondía. Pero la memoria y el ejemplo de tantos que dieron su vida por el socialismo, serán estandarte de victoria para los millones que con sus presentes y futuras batallas irán forjando el porvenir.