Archivo de la etiqueta: Partidos y Juventudes Comunistas

Antonio Gramsci, digno militante marxista-leninista (I)

Alfredo Ponce[i]

gramsciDos cosas hacen levantar este artículo sobre el camarada Antonio Gramsci: 1) desmentir su desvinculación con el marxismo-leninismo (alentada por los académicos trotskistas); y, 2) desmitificar una supuesta “convicción humanista” absoluta que rechaza la violencia revolucionaria. Para aprovechar estos planteamientos, le sumaremos otra cuestión, la construcción del Hombre Nuevo.

El movimiento reformista europeo –que nunca nada ha conquistado y mucho menos ha organizado–, necesitó referentes para echar andar sus pretensiones al abandonar el marxismo-leninismo (desde las primeras décadas del siglo XX), asegurando que con la violencia revolucionaria a nada se podía llegar. Negaron la lucha de clases y legitimaron los artilugios y mecanismos de la democracia burguesa como única vía para alcanzar el Poder.

El eurocomunismo –consolidado como tendencia reformista en la década de 1970–, ante la ausencia de una guía real para su incurable intensión, procuró usar como bandera para sí la imagen del camarada Antonio Gramsci; en que, por ejemplo, José María Laso, uno de los ideólogos reformistas en el Partido Comunista de España (PCE), etiquetó a Gramsci como un “precursor del eurocomunismo”. Para ello, se aprovecharon de que el Partido Comunista Italiano (PCI), dirigido por Palmiro Togliatti, a finales de la II Guerra Mundial (1944-45) empieza un viraje radical (Giro de Salerno), traicionando todo el trabajo que Gramsci había conquistado para la toma revolucionaria del Poder, desmovilizando las milicias partisanas y asimilando completamente las formas y métodos de la democracia burguesa y su parlamentarismo.

En Venezuela, el caso más connotado de transfuguismo revisionista –que naturalmente degeneró hacia el reformismo–, fue el del Movimiento al Socialismo (MAS), encabezado por Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff, que, en 1980, al ser este último electo como presidente de la organización, la Embajada norteamericana y la rancia socialdemocracia fueron a celebrar su ascenso.

Los principales difusores de la literatura manipulada de Gramsci han sido los académicos trotskistas, con el mero propósito de despreciar al leninismo y, por consiguiente, a la militancia comunista. Tal es la intensión del trotskismo: dividir, asfixiar y debilitar al movimiento comunista internacional que lucha bajos las banderas del marxismo-leninismo.

Actualmente, Nestor Kohan –un vehemente académico trotskista–, no pierde oportunidad en cuanto libro o artículo escribe sobre Gramsci, para situarlo como un marxista occidental que desprecia al “marxismo soviético”, a Stalin y “seduce a Trotski” en su idea de la “revolución permanente”. Ante este absurdo, el mismo Gramsci ya tenía su propia posición y decía en 1927 que: “Las debilidades teóricas de esta forma moderna del viejo mecanicismo quedan enmascaradas por la teoría general de la revolución permanente, que no es sino una previsión genérica presentada como dogma y que se destruye por sí misma, por el hecho de que no se manifiesta fáctica y efectivamente”.


[i] Publicado originalmente en Tribuna Popular Nº 2960.

  • Tribuna Popular es organo de prensa del Partido Comunista de Venezuela
Anuncios

Algunos rasgos del oportunismo en América

Pável Blanco Cabrera/Héctor Colío Galindo

El oportunismo, reformpavel3ismo y revisionismo buscan en la actualidad, con un discurso renovado, los viejos objetivos de separar a la clase obrera y sus partidos comunistas de los fundamentos del marxismo, de la lucha revolucionaria contra el capitalismo, del principio de la dictadura del proletariado, del papel revolucionario de la clase obrera y su partido de vanguardia en la revolución socialista y en la construcción del socialismo-comunismo.

Constituye una gran lección la lucha contra el oportunismo y la degeneración de la II Internacional librada por los bolcheviques y otros marxistas que se agruparon en la Izquierda de Zimmerwald, los espartaquistas en Alemania y de muchos partidos, tendencias y grupos que estarían en la base de la III Internacional, la Internacional Comunista.

Históricamente el oportunismo buscó deformar, envilecer, adocenar, domesticar al marxismo, sometiéndolo al ataque directo, tergiversando a los clásicos, llegando inclusive a la grosera mutilación de los textos1 para presentar versiones útiles a la política del gradualismo, del parlamentarismo, la coexistencia con el capitalismo y el abandono de la lucha por el poder. El oportunismo llevó a los partidos de la II Internacional a una posición claudicante y asumió complicidad criminal con el imperialismo durante la Primera Guerra Mundial; fungió directamente como aparato de represión del capital contra la revolución alemana y fue responsable del asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht.

Todas las fuerzas del oportunismo se volcaron contra la Gran Revolución Socialista de Octubre y apoyaron a la contrarrevolución que buscó derrocar el poder soviético de los obreros y campesinos, justificando la intervención imperialista, el cerco sanitario.

La experiencia ha venido demostrando que la lucha contra el oportunismo, reformismo y revisionismo es  de gran importancia ideológica, pues es una cuestión de vida o muerte para la existencia del partido de la clase obrera, para la revolución proletaria y para la construcción del poder obrero. Vladimir Ilich Lenin insistió en varios trabajos que la lucha por el socialismo es incompleta sin la lucha contra el oportunismo, y ello fue rasgo de identidad de los nuevos partidos construidos por la Internacional Comunista, tal y como se refleja en varios de sus documentos que hablan de la lucha constante e implacable contra los “auxiliares de la burguesía”, de reconocer la necesidad de una ruptura total y absoluta con el reformismo “ya que sin ésto es imposible una política comunista consecuente”2; de lo contrario, la III Internacional terminaría –se alertaba- por parecerse mucho a la fenecida II Internacional.

Y éste frente ideológico no puede considerarse temporal, concluido o reducido a una etapa que quedó en el pasado de la historia del movimiento comunista.

El oportunismo es una fuerza auxiliar de la burguesía para retrasar los procesos de ascenso de la lucha de clases, contener la oleada revolucionaria y fomentar la contrarrevolución, pero no debemos subestimar que su actuación es constante y en todos los periodos, mas con una peligrosidad creciente cuando es posible que, por el ciclo del capital, entre la clase obrera haya condiciones para la radicalización de la consciencia. Hoy mismo en Europa y en América es un soporte fundamental del imperialismo, recibiendo inclusive financiamiento de los monopolios para la acción política, desde ONG’s, actividades ideológicas y sobre todo promoción de formas alternativas de la gestión capitalista de “rostro humano”. Éste es el rol del Partido de la Izquierda Europea, al que peligrosamente se emparenta cada día más el Foro de Sao Paulo3, a pesar de una retórica que critica la gestión neoliberal y que promueve políticas públicas asistencialistas4.

Las manifestaciones del oportunismo hoy son en un doble nivel. El primero, socavando al interior de los partidos comunistas y obreros para que pierdan sus rasgos de identidad, sus características revolucionarias y terminen transformados en partidos formalmente comunistas, pero socialdemócratas de hecho, mutando en organizaciones oportunistas. El segundo es la promoción de agrupaciones directamente con ese carácter, integradas por ex-comunistas, maoístas, trotskistas, socialdemócratas, cómo el Bloque de Izquierda en Portugal y Syriza en Grecia.

El frente ideológico contra el oportunismo es una necesidad; descuidarlo, desdeñarlo, omitirlo, conduce a la liquidación de los partidos comunistas. Por ejemplo, el PCM abrazó la tendencia browderista, al igual que otros partidos de América Latina. Como sabemos, el PC de los EEUU estuvo a un paso de la disolución con la intentona de volverlo una asociación, una especie de club ideológico. En México ése modelo era la Liga Socialista donde el PCM debería disolverse. Los partidos colombiano, cubano y dominicano cambiaron de nombre inscritos en aquella corriente. El PCM disolvió sus células en la industria y sindicatos y renunció provisionalmente al centralismo democrático, y cambió de nombre de Partido Comunista de México a Partido Comunista Mexicano; además de las graves lesiones a la estructura leninista se adoptaron políticas de coexistencia con secciones de la burguesía a las que se llamó “nacional” y “progresista” y se renunció a la vía revolucionaria para la conquista del poder. La Carta de J. Duclos, así como las críticas de otros partidos, generaron reacciones de reagrupamiento militante de los comunistas para evitar la liquidación y reconstruir los partidos.

 

En documentos posteriores5 el PCM reconocía que la condena al browderismo sólo fue formal y ello repercutió en los años siguientes, pues no se reaccionó a ciertas políticas de orientación oportunista promovidas a partir del XX Congreso del PCUS, como la cuestión de las llamadas “Vías nacionales” al socialismo, de la posibilidad del camino pacífico adoptándolo no como una excepción, sino como generalidad para el movimiento comunista, basado en las políticas de los partidos francés e italiano.

El PCM fue permeado y empezó a corroerse hasta su disolución en 1981, para mutar primero en un partido socialista y luego en el Partido de la Revolución Democrática (Afiliado a la Internacional Socialista, promotor de la gestión keynesiana y represor del movimiento obrero y popular), un partido de la clase dominante presentado por la propaganda como el partido de la izquierda en México. Las difíciles condiciones de reconstrucción del PCM y el nivel de desarrollo político de la clase obrera en la lucha demuestran que el objetivo al liquidar en los 80’s al PCM era asestar un golpe demoledor a la lucha proletaria, retrasarlo por décadas.

Tan es de actualidad la cuestión que hoy mismo en los EEUU el Partido Comunista enfrenta un problema similar al que sufrió  con Earl Browder, cuando la corriente oportunista que encabeza Sam Webb, el Presidente del Partido, propone una plataforma para despojarlo de sus características, liquidarlo y convertirlo en una fuerza auxiliar del Partido Demócrata. Esta plataforma contiene muchos elementos promovidos por el eurocomunismo, por el proceso que llevó a la liquidación del PCM, y que hoy corroen a varios partidos comunistas, incluyendo algunos de América.

Insistimos en la importancia de combatir las tendencias oportunistas; enunciar los rasgos que manifiesta en América nos mostrará que, más allá de algunas especificidades, son generales al oportunismo internacional.

Lo general y lo específico y la desviación que implica poner el acento en las particularidades.

El marxismo-leninismo, base ideológica de los partidos comunistas, teoría revolucionaria de la clase obrera, se sustenta en el materialismo dialectico, el materialismo histórico y la economía política. Busca extraer lo que es más general de la realidad al estudiar el desarrollo de la historia, los modos de producción, el conflicto socioclasista, las regularidades en la sociedad, las leyes que rigen los cambios y revoluciones.

Las particularidades, lo específico, deben tomarse en cuenta, pues el marxismo-leninismo se enriquece creativamente, pero no puede ser lo determinante en los enfoques, en el análisis.

Con el argumento de desmarcarse del dogmatismo y de análisis ajenos a la realidad se produce un llamado a mestizar el marxismo, reproduciendo la crítica academicista que asume como objetivo disociar a Engels de Marx y a Lenin de Marx. Algunos partidos latinoamericanos –y hoy mismo el PC de los EEUU se lo plantea- se desmarcan del leninismo que, señalan, corresponde a las particularidades de Rusia y a otra etapa histórica. En el fondo, se trata de una renuncia a las posiciones revolucionarias del marxismo, y desde el punto de vista teórico es insostenible. Es también una fuente de desviaciones políticas que conducen al movimientismo, desnaturalizan el rol del partido y el papel de la clase obrera.

La llamada latinoamericanización del marxismo tiene mucho en común con operaciones corrosivas previas, como las de Santiago Carrillo y los eurocomunistas, y el “marxismo occidental”. Pues se rechaza abiertamente el materialismo dialéctico, la dictadura del proletariado y se dirige un ataque a la historia de los partidos comunistas.

Es notable como algunos partidos comunistas se asimilan acríticamente a esas posiciones y las promueven, por ejemplo, al asumir la distribución de la editorial Ocean Sur de origen trotskista, en cuyo catálogo de publicaciones predomina el ataque al socialismo construido en el siglo XX y se difunden críticas al marxismo-leninismo llamándolo “ideología estatal soviética”; todo ello escudado en la promoción editorial de materiales relativos a la Revolución Cubana.

Aspectos esenciales del materialismo dialéctico, como el ateísmo filosófico, se soslayan bajo la presión de corrientes como la teología de la liberación.

De la misma fuente es el argumento de que el marxismo es eurocéntrico; pero el mestizaje ecléctico con barniz misticista termina por levantar al latinoamericanismo como el alfa y omega.

No hay preocupación por la reedición de los clásicos, pero sí por divulgar a estos modernos deformadores, que de ser limitados al claustro universitario los ubicaríamos en el folklore, pero que ejercen gran influencia al seno de algunos partidos comunistas. La debilidad en el frente ideológico, el limitado desarrollo de investigaciones y trabajos teórico-científicos desde nuestras posiciones de clase, lleva a varios partidos a ser sorprendidos por el contrabando ideológico de quienes atacan al marxismo presentándose como “marxistas”. Como un ejemplo recordamos el caso ocurrido no hace muchos años de H. Dieterich, uno de los ideólogos del “socialismo del siglo XXI”, al que la prensa de algunos partidos comunistas reservaba algunos espacios.

La desviación ideológica, el eclecticismo, el acento por la especificidad, están en la base de nuevas revisiones al marxismo.

Otro rasgo negativo es el que deja de lado las leyes generales de la revolución, apelando a la “originalidad” de procesos sociales anteriores y en curso. Una premisa del movimiento comunista internacional, sustentada desde el triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre, es el carácter de la época, a la que situamos como la del imperialismo y las revoluciones proletarias, la de la transición del capitalismo al socialismo; consideramos que el triunfo temporal de la contrarrevolución no altera la premisa.

Programáticamente, el oportunismo introduce un debate y una estrategia sobre la transición, que postergan las tareas de la clase obrera y su partido comunista. ¿Cuál es el argumento? Sobre todo a partir del triunfo de la Revolución China, tuvo recepción el enfoque de Mao Tse Tung sobre las contradicciones en el seno de la burguesía y la existencia de un “sector nacional” de ésta en antagonismo con el imperialismo. Esta burguesía nacional se convierte en tal enfoque en aliada estratégica de la clase obrera en la lucha antimperialista y para alcanzar una meta programática que es la de romper las cadenas de la dependencia con el imperialismo norteamericano. Existen matices en torno a las causas de la dependencia; algunos sostienen la errónea concepción de que el colonialismo es identificable a las relaciones feudales o semifeudales; otros sostienen la caracterización de un capitalismo deformado e incompleto, lo que coloca una serie de cuestiones para el marxismo leninismo, una política clasista y las tareas de los partidos comunistas.

En primer lugar, las del propio desarrollo de las relaciones capitalistas muestran que el posicionamiento alrededor de la dependencia no es dialéctico. Los procesos de acumulación, concentración y centralización llevan al surgimiento de los monopolios, que terminan predominando en la economía y la política sin importar fronteras ni nacionalidades. Lo que existe son relaciones de interdependencia que colocan por un lado a los monopolios y por otro a la clase obrera, es decir, la contradicción capital-trabajo. Expliquemos un poco.

Quienes en México sostienen que la principal tarea es conquistar la independencia con relación a los EEUU y trabajan para una alianza pluriclasista con sectores de la burguesía interesados, olvidan que lo que ellos llaman burguesía nacional hoy conforma monopolios que hacen parte ya del imperialismo, que exportan capitales y que explotan trabajadores de varios países6. Algunos de estos monopolios mexicanos son dominantes a nivel continental e inclusive al interior de los EEUU (como es el caso de telecomunicaciones y algunas mineras).

La lucha por la independencia concebida así  no es más que la búsqueda de una nueva gestión del capitalismo con aliados por demás ficticios.

Es además incompleta la apreciación de que el imperialismo son sólo los EEUU. El imperialismo es el capitalismo de los monopolios y tiene por uno de sus centros a los EEUU, pero también a la UE, y a toda acción de los monopolios y relaciones interestatales. Pongamos por ejemplo el sur del continente, donde la expansión de los monopolios brasileños es una realidad. O el Mercosur, que es una alianza interestatal de carácter capitalista que teje relaciones de interdependencia cada día más estrechas con la Unión Europea7.

Esta concepción de alianzas con sectores de la burguesía se rebautizó de manera contemporánea como “progresismo”, y varios partidos comunistas colaboran con ellos en la formación de gobiernos que no ocultan su naturaleza de clase y practican políticas de beneficio de las superganancias de los monopolios, donde Brasil es el ejemplo evidente.

En tal política de alianzas, el rol de la clase obrera y los partidos comunistas que en ella participan es subordinado; es un problema riesgoso pues la independencia de clase y la autonomía del partido dejan de ser las tareas prioritarias, el deber inclaudicable, dejan de ser organizaciones militantes y se transforman en agrupaciones de afiliados para las que el socialismo se vuelve una opción distante, y que al fijar una etapa intermedia de larga duración las coloca en la colaboración de clases, los pactos sociales, y en un parlamentarismo funcional al progresismo que es una forma de gestión del capitalismo.

Los procesos de Venezuela, Ecuador y Bolivia presentan una problemática distinta frente a la que algunos partidos se posicionan renunciando a la teoría marxista del Estado. El proceso social venezolano es muy importante, sin embargo no es aún una revolución: ¿cómo llamar revolución a un proceso donde no surgió un nuevo Estado, donde el anterior no fue destruido y es la estructura con la que se sigue gobernando? ¿En el que no se han socializado los medios de producción ni impulsado al sector primario y secundario de la economía? Tenemos claro que es una disyuntiva planteada con tensiones y conflictos, donde aún está por resolverse el rumbo definitivo, donde hoy predominan las posiciones de las capas medias, y sujeto a ataques financiados por los monopolios. Y no tenemos una posición neutral, nos colocamos solidarios con la fuerzas más avanzadas, el PCV entre ellas. Pero es inexacto y erróneo promoverlo como camino, llamando revolución a lo que aún no lo es.

El ataque al socialismo construido en el siglo XX, argumento del oportunismo

Uno de los rasgos distintivos del oportunismo es el ataque a la experiencia de la construcción socialista en la URSS y otros países, a la que se denosta retomando argumentos del trotskismo y del anticomunismo.

Resumen sus posiciones los oportunistas en la ausencia de condiciones objetivas para el socialismo, como en su día Kautsky; en supuestas tendencias antidemocráticas y burocráticas, atacando la planificación de la economía y proponiendo la coexistencia de diversos tipos de propiedad así como de las relaciones mercantiles.

 

Toda la artillería acumulada por el capital es presentada en nuevas versiones. Algunos partidos comunistas confrontan esta situación, otros omiten el tema y otros se adhieren a tales posiciones. Por ello varios partidos comunistas incorporaron no sólo a nivel de propaganda sino como concepción programática la propuesta del “socialismo del siglo XXI”, que como ya han señalado los marxistas-leninistas, es una manifestación contra la revolución socialista y el trabajo de los comunistas.

 

Estos rasgos del oportunismo en el continente no son inconexos, y aunque no se expresan con coherencia, nitidez y en ocasiones intentan mixturarse con el marxismo-leninismo, colocan al movimiento comunista frente a serios problemas.

 

Inclusive ciertos rangos de beligerancia oportunista fueron expresados por el PCdoB durante el pasado Encuentro de Partidos Comunistas y Obreros efectuado en Atenas en diciembre de 2011, cuando eufemísticamente expresó que la participación de los comunistas en gobiernos progresistas es una muestra de madurez, y que la crítica a ello es una posición sectaria y alejada de las masas; la colaboración de clases sería entonces lo correcto, en tanto que la independencia de clase y autonomía del Partido Comunista serían lo incorrecto. Es evidente el deslizamiento a posiciones oportunistas del PCdoB.

 

En una apreciación muy general, en América –excepción hecha de Cuba- predominan las relaciones capitalistas, independientemente de que en algunos países se expresen aún relaciones precapitalistas en el campo. Está definido el antagonismo entre capital y trabajo, y la tendencia a la proletarización aumenta entre las capas medias. Como en todo el mundo, los limites históricos del capitalismo sitúan el impostergable objetivo para la clase obrera de luchar por el derrocamiento de la burguesía y la construcción del socialismo-comunismo. El oportunismo como fuerza de choque del capital intenta evitarlo. Es necesario para los partidos comunistas estar en guardia y combatirlo permanentemente.

 

* Pável Blanco Cabrera es el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de México. Héctor Colío Galindoes miembro del Politburo del Comité Central del Partido Comunista de México.

 

1 Por ejemplo la Introducción a La lucha de clases en Francia de 1895 de F. Engels.

2 Por ejemplo en Condiciones de ingreso a la Internacional Comunista redactado por Lenin para el II Congreso Mundial de la Comintern.

3 Base objetiva de ello es la mayor interdependencia del Mercosur con la Unión Europea, el aumento de las relaciones económicas.

4 El antineoliberalismo cuestiona una forma de gestión del capitalismo, mas la alternativa no es necesariamente anticapitalista, socialista-comunista, sino que en muchos casos por otras gestiones, como el keynesianismo, tal y como lo demuestran los procesos “progresistas” en Argentina, Uruguay y Brasil.

5 La lucha interna en el Partido durante los años de 1939 a 1948. Características principales. Comité Centra del Partido Comunista Mexicano.

6 Por ejemplo América Móvil, Industrial Minera México, Cemex, Grupo Bimbo.

7 No hay que desdeñar que el llamado “progresismo” predominante en el Foro de Sao Paulo y además gobernante en Brasil, Argentina y Uruguay, es el que empuja la internacionalización del Foro de Sao Paulo sobre todo con base en fuertes vínculos con el Partido de la Izquierda Europea.

Debemos de confrontar al sistema explotador, que solo crea guerras, refugiados, inmigración y pobreza.

Debemos de confrontar al sistema explotador, que solo crea guerras, refugiados, inmigración y pobreza. Fuerte-inmigracion-Mediterraneo-entradas-Hungria_EDIIMA20150828_0659_4

DECLARACIÓN CONJUNTA DE PARTIDOS COMUNISTAS Y OBREROS

Nosotros, partidos comunistas y obreros que suscribimos:

Denunciamos la agresividad imperialista, las intervenciones y las guerras de los Estados Unidos, la OTAN, la Unión Europea y sus aliados, tales como Turquía, Arabia Saudita y Qatar. La actividad criminal de estas potencias ha causado que millones de personas  pasen a ser refugiados e inmigrantes.

Todos los gobiernos burgueses que han estado participando todos estos años con ejércitos, proveyendo todo tipo de asistencia y reproduciendo todos los pretextos utilizados para justificar el desencadenamiento de estas intervenciones imperialistas también tienen una grave responsabilidad.

Denunciamos a la Unión Europea y a los gobiernos burgueses, que siguen una línea de represión policial y militar contra los refugiados, quienes tratan de escapar de la guerra, la miseria y las redes de tráfico de personas.

Llamamos al reforzamiento de la unidad de clase y de la solidaridad popular contra los pueblos que son víctimas de las intervenciones imperialistas y de la explotación capitalista.

Llamamos  a los pueblos a intensificar la lucha contra las causas del desarraigo de millones de personas de sus hogares, y al mismo tiempo a levantarse hombro con hombro junto a los inmigrantes y los refugiados, quienes están experimentando condiciones inhumanas. Los pueblos deben exigir a sus gobiernos que tomen las medidas necesarias para recibir y dar cobijo a los inmigrantes y refugiados de una manera digna, y también exigir la abolición de los mecanismos represivos de la Unión Europea, incluyendo el reglamento Dublín III.

Los Partidos Comunistas y Obreros luchan contra los intentos de la clase burguesa y de los gobiernos burgueses de utilizar la inmigración y la cuestión de los refugiados como un medio para abolir los derechos laborales y para intensificar la explotación de los refugiados e inmigrantes, de la clase obrera en su conjunto, en los países receptores.

En favor de los intereses de los trabajadores debemos unir nuestra fuerza e intensificar la lucha contra los EE.UU., la OTAN y la Unión Europea, las intervenciones imperialistas y las guerras; contra todo intento de los imperialistas por manipular a los pueblos. Debemos de organizar y entrar en conflicto con el sistema explotador que genera guerras, refugiados, inmigración y pobreza. Así, podrán ser creadas las condiciones que permitirán a los refugiados y a los inmigrantes volver a sus respectivos países de origen, con los pueblos a cargo de su propio destino.

 Partido Comunista de Albania, Partido Argelino por la Democracia y el Socialismo, Partido Comunista de Australia, Partido Comunista de Bangladesh, Partido Comunista de Inglaterra, Partido Comunista Obrero de Bielorrusia, Unión de los Comunistas en Bulgaria, Partido Comunista de Canadá, Partido Progresista del Pueblo Trabajador de Chipre (AKEL), Partido Comunista en Dinamarca, Partido Comunista de Dinamarca, Partido Comunista de Finlandia, Partido Comunista Alemán, Partido Comunista Unificado de Georgia, Partido Comunista de Grecia, Partido del Pueblo Progresista de Guyana, Partido Comunista de Irlanda, Partido de los Trabajadores de Irlanda, Partido Comunista, Italia, Partido Comunista de Malta, Partido Comunista de México, Partido Popular Socialista de México, Partido Comunista de Noruega, Partido Comunista de Paquistán, Partido Comunista de Palestina, Partido Comunista de Filipinas-1930, Partido Comunista Obrero de Rusia, Partido Comunista de la Unión Soviética, Partido Comunista de la Federación Rusa, Nuevo Partido Comunista de Yugoslavia, Partido de los Comunistas de Serbia, Partido Comunista de Eslovaquia, Partido Comunista de los Pueblos de España, Partido Comunista de Suecia, Partido Comunista Sirio, Partido Comunista de Tadjikistan, Partido Comunista, Turquía, Partido Comunista de Ucrania, Unión de Comunistas de Ucrania, Partido de los Comunistas de EEUU.

Los Bolcheviques y la Revolución de Octubre (Miguel Urbano)

Por: Miguel Urbano Rodrigues

Odiario.info publica un texto 111hacia el cual, por su importancia, llamamos la atención de nuestros lectores: la introducción que el escritor comunista italiano Giuseppe Boffa escribió para las “Actas de las reuniones del Comité Central (CC) del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (Bolchevique)” realizadas entre Agosto de 1917 y Febrero de 1918 (Fechas según el calendario gregoriano).

Pasajes de ese documento histórico fueron citados por Stalin, por vez primera, en 1924. Pero las “Actas” solamente fueron publicadas en la URSS después del XX Congreso del PCUS. En 1964 Francois Maspero lanzó una edición francesa y, en 1978, la Siglo XXI mexicana publicó las “Actas” en castellano con el título de “Los Bolcheviques y la Revolución de Octubre”. Fue un ejemplar de esa edición, hoy agotada, que me llegó a las manos, enviado por un camarada brasileño.

Leí fascinado esas “Actas” –más de 300 páginas- casi sin interrupciones. Con algunas lagunas ellas permiten al lector acompañar los debates dramáticos en que, durante siete meses, menos de tres decenas de revolucionarios que formaban entonces el Comité Central del Partido Bolchevique tomaron decisiones de las que vendría a depender la victoria o derrota del proyecto comunista

Estudié una media docena de Historias de la Revolución Rusa de 1917, de autores soviéticos y occidentales. Ninguna es tan esclarecedora de la atmósfera de esas reuniones, ninguna ilumina tan profundamente como las “Actas” las divergencias que separaban a los dirigentes bolcheviques unidos por un ideal común. En aquel tiempo no había grabadoras y las “Actas”, anotadas a mano en hojas arrancadas de cuadernos, por la secretaria del Comité Central, Elena Stásova, presentan naturalmente las insuficiencias y fallas propias del ambiente conspirativo posterior a las jornadas represivas de Julio del 17.

Eso no impide que la simple transcripción (igualmente parcial) de las intervenciones de los principales dirigentes del CC represente una contribución para la Historia mucho más valiosa que el análisis de escritores y académicos que no participaron de esas reuniones secretas.

La introducción facilita la reflexión sobre una Documentación tan densa y valiosa. Boffa recuerda que los debates incidieron sobretodo en dos temas: la insurrección armada y, después de la toma del poder por los bolcheviques, la cuestión de la paz con las Potencias Centrales, después del armisticio del 15 de Diciembre del 17 que suspendió la guerra entre la joven República socialista y el Imperio Alemán.

Stalin, Sverdlov, Dzerzhinski, Trotski, Zinoviev, Kamenev, Bujarin, Preobrazhenski y Alexandra Kolontai fueron algunos de los miembros del CC que entonces discutieron en Petrogrado, en ocasiones con pasión, las decisiones a ser tomadas: Lenin no participó en las primeras reuniones porque estaba en la clandestinidad, perseguido por la policía de Kerenski.

“Las batallas libradas en el núcleo de revolucionarios que dirigió la primera revolución socialista fueron autenticas luchas políticas que pusieron en juego elementos esenciales de la línea del partido y, en ocasiones, los fundamentos ideológicos del bolchevismo” –escribe Boffa.

El primer gran choque de posiciones antagónicas ocurrió cuando Lenin colocó la necesidad urgente de la insurrección armada. Los bolcheviques estaban en minoría en el Soviet de Petrogrado y la dualidad de poderes jugaba a favor del gobierno de Kerenski. Lenin consideraba concluido el periodo de desarrollo pacífico de la revolución porque los mencheviques y los socialistas revolucionarios habían optado por una alianza tácita con la burguesía reaccionaria.

De ahí el imperativo de la insurrección armada orientada para la toma del poder. Cuando Lenin el 15 de Septiembre presentó la propuesta tendiente a la organización “técnica” de la insurrección, definiendo ésta como un “arte”, el debate fue prolongado y tenso.

Dos dirigentes, Kamenev y Zinoviev, se opusieron frontalmente. Es útil recordar que Kamenev, que dirigía con Stalin el Pravda, asumirá una posición crítica cuando Lenin, regresando del exilio, expuso “Las Tesis de Abril” que reformularon toda la estrategia del Partido Bolchevique.

Pero esta vez Kamenev y Zinoiev no se limitaron a estar en desacuerdo. Violando la disciplina partidaria, publicaron en el periódico “Novaya Zhizn”, de Máximo Gorki (que entonces no militaba con los bolcheviques), un documento en que combatían y denunciaban la insurrección.

Esto en las vísperas del asalto al Palacio de Invierno.

“Traidores y esquiroles ” fueron expresiones usadas por Lenin para definir la actitud de dos dirigentes a los que lo ligaba una sólida amistad personal. Pero a pesar de haber pedido la expulsión de ambos del CC y del Partido, la sugestión no obtuvo mayoría y los dos permanecieron en funciones.

Lo que confiere a las “Actas” un interés especial es la publicación parcial de las intervenciones de los miembros del CC que participaron en esas tempestuosas reuniones. Ellas contribuyen a desmontar las especulaciones que corrieron por el mundo sobre lo que pasó en esas jornadas del Instituto Smolny, cuartel general bolchevique. El propio John Reed, un amigo de la Revolución, presentó una versión inexacta de los debates en su libro “Diez días que conmovieron al mundo”. La propuesta de insurrección fue aprobada por todos los presentes, con los votos en contra de Kamenev y Zinoviev.

Las dudas de algunos no sorprenden. Esos veteranos bolcheviques no tenían respuesta para una pregunta: ¿Era posible una revolución Socialista en Rusia atrasada antes de su victoria en un país desarrollado? ¿O debería la revolución desarrollarse como democrática y nacional?

Lenin fue el primero en comprender que solamente la insurrección armada podría frenar la contrarrevolución en marcha, apoyada por las potencias imperialistas.

EL DILEMA DE BREST-LITOVSK

La otra cuestión que ocupó las agendas de sucesivas reuniones del CC y allí exhaustivamente debatida fue el de la actitud a asumir frente a la Alemania imperial después de la toma del poder por el Partido Bolchevique.

En la Conferencia de Abril en 1917, el Partido tenía decidido oponerse a una “paz por separado” con Alemania y “proponer a todos los pueblos una paz democrática, esto es, sin anexiones ni reparaciones”. El caminar de la Historia volvió utópica esa posición.

La discusión en el CC del debate sobre la Paz iniciada después del armisticio del 15 de Diciembre es la más amplia y emocionantes de las registradas por las “Actas”. Fueron dramáticos, vehementes, los debates sobre el tema.

Las clausulas de paz presentadas por los alemanes y austriacos eran indecorosas y humillantes. Exigían territorios con un tercio de la población del país y la mitad de su industria.

El partido estaba dividido, con destacados dirigentes defendiendo posiciones incompatibles. La tendencia mayoritaria, invocando decisiones tomadas al inicio de la Revolución de Febrero, optaba por la “guerra revolucionaria” como respuesta al imperialismo alemán. Trotski pretendía que se declarase finalizada la guerra y se desmovilizara al ejército, pero sin firmar la paz.

La única posición realista y lúcida, pero minoritaria, era la de Lenin. Las condiciones alemanas eran monstruosas. Pero la “guerra revolucionaria” era una idea romántica. Los soldados desertaban en masa del frente; en la práctica, ya no había ejército. La opción de Trotski era también inaceptable, porqué partía de una hipótesis improbable en el momento: la revolución inmediata en Alemania.

Trotski comandaba la delegación soviética en las conversaciones con los alemanes, los austriacos, los turcos, los búlgaros. La ausencia de un consenso le llevó a tomar una decisión unilateral que mereció severas críticas de Lenin: salió de Brest declarando finalizada la guerra, pero no firmo la paz: En la práctica impuso la formula “¡ni guerra, ni paz!”.

La reunión ampliada del CC del día 23 de Febrero en la que participaron 60 destacados bolcheviques fue angustiante. Las “Actas” transmiten la atmósfera emocionante de aquella sesión en que se jugaba la suerte de la Revolución Soviética.

Los alemanes habían denunciado el armisticio y el 21 de Febrero de 1918 desencadenaron una ofensiva en todos los frentes y, sin encontrar prácticamente resistencia, estaban casi a las puertas de Petrogrado.

En su intervención final, Lenin, que amenazó con dimitir, esbozó un escenario de tragedia: “Si no firmamos –dice- estaremos suscribiendo la condena a muerte del poder soviético dentro de tres semanas”.

Lenin convenció; pero la firma de la paz el 3 de Marzo y la posterior ratificación del Tratado de Brest dejaron secuelas muy dolorosas. Algunos comisarios del pueblo dimitieron, abriendo heridas en el Partido.

Resta añadir que el Tratado de Brest fue declarado nulo por Rusia el 13 de Noviembre, dos días después de la capitulación de Alemania.

Pero antes de finalizar la Primera Guerra Mundial las potencias capitalistas iniciaron el cerco a la joven República Soviética. Los japoneses, en Abril, tomaron Vladivostok en el Extremo Oriente; los ingleses y los norteamericanos desembarcaron en las tierras árticas de Rusia, las escuadras británica y francesa bloquearon los puertos del Mar Negro en tanto los generales blancos preparaban una larga guerra civil.

Giuseppe Boffa, señalando que la Revolución ganaría con un alto costo su primera batalla defensiva, afirma que los acontecimientos de aquellos meses entre el VI y el VII Congreso del Partido Bolchevique vinieron a destacar “el punto más alto de toda la historia humana”. Es mi convicción de que ningún partido se aproximó tanto a la imagen de la democracia ideal como el bolchevique en aquellas jornadas.

Las “Actas” compiladas en “Los Bolcheviques y la Revolución de Octubre” constituyen la más convincente respuesta a las campañas anticomunistas que deforman y calumnian el centralismo democrático.
__

Vila Nova de Gaia, Octubre del 2012
Traducción: Jazmín Padilla para www.odiario.info

Al Comandante Jorge (Por Iván Márquez)

4b5b1d0949cee7cbf3fb07a0407ba552

Surgió dela entraña popular
De la Colombia rural, profunda,
Campesino como nosotros,
Humilde como nosotros;
Nació silvestre y libre,
Rebelde fue creciendo
En una geografía poblada de leyendas
De historias guerrilleras,
De Manuel Marulanda Vélez
Que pasaba en las noches
Arropado en la niebla
Con la esperanza al hombro
Con la patria nueva…

-¡Jojoy! ¿Y quiénes son ellos?
Preguntó el muchacho
De inquieta mirada,
Tormenta a punto de estallar,
Envuelta en su ruana…

Pero volvieron
Con la brisa fresca de los frailejones;
Y los vio entre relámpagos
De fuego y oro
Del fogón del hogar,
Fantasmagóricos adalides
Flotando en la atmósfera sagrada, fraternal,
Del café recién colado…
Husmeó sus huellas
Y supo que venían de Ceilán,
De Génova Quindío
Y del sur del Tolima,
Del cuartel de El Davis,
Con el canto del Cambrín,
Con el murmullo de Rio Chiquito en los guijarros,
Y la pólvora de Marquetalia,
Y la carcajada de Jacobo.

Se fue con ellos…

Domeñó las cordilleras,
Los cañones profundos;
Pasó por playones extraviados…
Fue viento raudo y gélido del páramo
Y aire cálido en las vegas del Magdalena;
En el Cauca fundió su ser
Con el anhelo de indios y de negros,
Y en el Caguán fue selva y río,
Estatura guerrillera en creciente,
Sol en la llanura sin fin,
Agua en los morichales.

Y en la serranía de la Macarena ascendió a los cielos.

La oligarquía se fijó en él
Y contra él dirigió su fuego
Cargado de odio, de sordo rencor,
Pero el pueblo lo atrincheró en su corazón,
Y la eufonía “Jojoy” palpitó en el pecho herido de los pobres.

El mejor oficial de Manuel,
El más eficaz de sus generales,
Recio huracán desafiando tiranías,
Héroe de la libertad y la justicia…
Ángel armado de la Nueva Colombia,
La patria grande y el socialismo.

Fue Jorge, el Mono Jojoy,
Querido por su pueblo,
Amado por su tropa…

Sigue avanzando hacia la capital, Jorge,
Con el fuego incandescente del amor
De Bolívar y del Che
Y la certera estrategia de Manuel.
Que suene ese corrido,
Que cantaba el Mono
En la ofensiva que sube a Bogotá
En el puño de los insurrectos e insumisos.

Hasta siempre comandante
Hasta siempre hermano, hasta siempre.
Nacimos para vencer.