Archivo de la etiqueta: Formación política

Sobre la construcción del socialismo (Fidel Castro)

“El socialismo no se crea por generación espontánea, el socialismo hay que construirlo, y el artífice esencial de la construcción del socialismo es el partido.”

Fidel Castro (Ideología, conciencia y trabajo político)

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Victorio Codovilla. STALIN: Gigante del pensamiento y de la acción, Bs As, Anteo, 1953

[Este libro reproduce el discurso de Codovilla en el acto realizado en Buenos Aires el 28 de marzo de 1953 con motivo de la muerte de Stalin]

Escaneado por Matías Godoy

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STALIN (Victorio Codovilla)

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Los bolcheviques y la Revolución de octubre (Actas del POSDR (b))

Dejamos a continuacion un importante documento historico, las actas del POSDR (b) en un momento decisivo para la historia de la humanidad (agosto de 1917 a febrero de 1918), aqui se puede ver el pensamiento y la forma de organizarse de los bolcheviques previa toma del palacio de invierno y primeros dias de la primera revolucion socialista en la historia.

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Los bolcheviques y la revolucion de octubre

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La importancia del estudio crítico de la construcción del socialismo en el siglo XX para el fortalecimiento del movimiento obrero, para el contraataque eficaz

epa03198311-greek-leader-of-the-communist-party-kke-aleka-papariga-fpffge Aleka Papariga

Revista Comunista Internacional

Cuando dimos a la publicidad el tema del 18º Congreso, en que aparte del informe previsto se discutió un asunto especial sobre las conclusiones de la construcción socialista, algunos amigos del partido se preguntaron si fue apropiado, en las condiciones actuales con la apariencia de los primeros signos de la crisis económica capitalista, que el partido tratase un asunto tan importante que quizás, según su opinión, no hubiese  la primera línea de la actualidad. No es necesario recordarles la reacción de la prensa burguesa, los comentarios irónicos y cáusticos de periodistas conocidos que les molestó el hecho que nos ocupáramos de este asunto, aunque sabían de antemano porque tomamos esta decisión. La reacción de su parte era totalmente justificada. Tienen un instinto fuerte y perciben cualquier cosa que puede dar fuerza y dinámica al movimiento revolucionario.

Nosotros, desde el primer momento que nos dimos cuenta que el famoso rumbo de la perestroika no fue más que el inicio de la contrarrevolución y la derrota temporal del sistema socialista, entendimos que deberíamos ocuparnos de la gran tarea de dar respuestas a las preguntas razonables que surgieron tanto a nosotros como a todas las personas progresistas sobre lo sucedido, puesto que no estábamos preparados para este acontecimiento trágico. No lo habíamos previsto y desgraciadamente no teníamos los reflejos necesarios para reaccionar ni siquiera poco antes de que se arriara la bandera roja del Kremlin.

Dado que nuestro partido no estaba en poder, no teníamos ninguna responsabilidad directa en la construcción socialista. Pero fue cierto considerarnos como parte del problema. Sin embargo, la tormenta de la contrarrevolución impactó todos los partidos comunistas, creó una crisis interna, llevó algunos a la escisión o a la mutación total, y a otros les provocó confusiones o incluso cuestiones existenciales.

El KKE desde el primer período que se iba determinando el futuro del socialismo en la Unión Soviética, es decir desde 1989 hasta 1991, entró en una profunda crisis ideológica, política y organizativa que dio lugar a la escisión con el abandono de una parte significativa de los miembros del Comité Central dirigidos por el entonces Secretario General del CC. De hecho, ellos estaban promoviendo la condena del movimiento revolucionario y del curso de la construcción socialista, intentaban transformar el Partido en un partido izquierdista oportunista difundido en una alianza de izquierdas que apoyara ciertas reformas limitadas en la gestión del sistema.

La crisis reveló la existencia de una fuerte corriente oportunista de derecha en la dirección del partido que fue aprobada por el sistema político burgués. La crisis de la que sufrió el KKE no era solamente importada. Nunca la atribuimos únicamente al triunfo de la contrarrevolución y a su impacto interno. Los acontecimientos internacionales la revelaron antes, pero lo más importante es que definieron la magnitud de las pérdidas en el sentido de que la amargura del retroceso repentino dificultó a miles de comunistas de ver desde el primer momento el carácter de la crisis del partido que la llevaba a mucha gente a la desmovilización.

Nosotros, los miembros del CC que participamos en la confrontación de la crisis o que nos dimos cuenta más tarde, no debemos olvidar que hicimos nuestro deber en la base de nuestros estatutos que establecen el centralismo democrático que garantiza objetivamente los términos de la democracia dentro del partido para que se desarrolle el diálogo y el debate, para que todos traten de ello creando así una verdadera mayoría. Cuando las deficiencias en la dirección del partido abarcan asuntos de estrategia, literalmente de existencia del Partido, en aquel momento el órgano de dirección no puede ofrecer soluciones, se esconde detrás del problema mientras ello existe y es realmente una dinamita.

La escisión es inevitable en tales circunstancias. No es en generalmente y abstractamente un acontecimiento trágico. Finalmente dirige a la expulsión del partido revolucionario de las fuerzas y de los cuadros que han elegido la vía del consenso, que han elegido tomar acción conforme con las reglas del sistema político burgués. En tales casos la escisión da lugar a la consolidación cuando todas las opciones posibles se han agotado y no existe otro camino. Si hubiéramos actuado así pronto, si no existiera el injustificado (subrayamos que nos referimos a las condiciones concretas internacionales e internas) temor de escisión entonces seguramente bastantes miembros y algunos cuadros del partido no perderían su camino en un período tan crucial para el movimiento popular en general.

Una vez más el oportunismo de derechas aparece como fuerza de contrarrevolución en condiciones de socialismo, como fuerza de división del movimiento comunista revolucionario. Si no te lo haces frente a tiempo, si lo desprecias tiene la fuerza de infligir un golpe devastador y hacer retroceder al movimiento comunista décadas atrás.

Los años 1989-1991 fue uno de los períodos más duros que sufrió nuestro partido incluso en comparación con el período de ilegalidad o de derrota en la guerra civil de 1946-1949. Entonces hubo el ascendiente movimiento comunista, se había formado el sistema socialista en Europa, se había mejorado a nivel global la correlación de fuerzas internacional. Por lo tanto, la dificultad, la derrota en un país, no fueron suficientes para causar confusión y decepción profunda.

En fin, el KKE  encontró su camino a tiempo, mutatis mutandis, consiguió superar la crisis, ponerse a pie y mantener, incluso en aquel período, su prestigio e influencia al pueblo en un momento en que todos los “signos” estaban en contra de nosotros. El enemigo de clase empleando varias formas y mecanismos acogió a los cuadros del partido que lo habían abandonado, les asistió sistemáticamente y al mismo tiempo lanzó abiertamente su anticomunismo contra el KKE con todos los medios que disponía, ideológicos, políticos y con viles calumnias.

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José Antonio Arze

En ocasión del 60 aniversario de su fallecimiento, el autor recuerda al político y sociólogo “injustamente olvidado”.

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La Paz, Letras de Página Siete, domingo, 08 de noviembre de 2015

Se definió como socialista desde sus 16 años. Intentó organizar entre fines de la década del 20 y del 30 el Partido Comunista, pero no tuvo respaldo suficiente de la III Internacional y optó por promover la formación del Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR), que fue el partido más popular en su tiempo

José Antonio Arze (13 de enero de 1904-23 de agosto de 1955) es una figura casi olvidada en Bolivia, situación que contrasta con la popularidad que tuvo en vida, como líder del socialismo boliviano, como promotor de la sociología y como difusor del marxismo y aplicador de esta doctrina al conocimiento de la realidad boliviana. Rompiendo los escrúpulos que nacen del parentesco próximo, intentaré trazar brevemente su silueta intelectual y política con el doble propósito de incitar a los “viejos” a revivir su memoria  y a los jóvenes a interesarse por indagar acerca del papel de este personaje en la cultura boliviana.

Rol histórico

Para precisar el rol histórico de José Antonio Arze, acudimos a una autovaloración que aparece en una escueta autobiografía que escribió a mediados de 1952. El pasaje que nos interesa dice así: “Durante mis 48 años de vida, creo haber hecho alguna contribución al progreso de mi país, al menos en tres direcciones: 1) La implantación de la autonomía universitaria; 2) La fundación del PIR, movimiento de izquierda que ha tenido la virtud de suscitar el estudio científico de la realidad nacional y agrupar a las clases obreras, campesinas y medias en un frente de resistencia contra la oligarquía interna y el Imperialismo. (No es del caso discutir aquí los pros y contras aducidos en relación con los 12 años de vida y el futuro de mi partido); 3) La difusión en Bolivia de la sociología, como ciencia teórica y como método para la investigación de los problemas sociales bolivianos”.

Este pasaje se complementa con este otro, tomado de la misma fuente: “Auscultando con profunda sinceridad en el mundo de mis anhelos actuales, debo decir que no me interesan mucho ni la adquisición de una gran fortuna, ni situaciones espectaculares de política. Analizando los años más activos de mi vida, llego a la conclusión de que he sido, por sobre todo, un intelectual, con acentuada afición a las lecturas sociológicas e históricas, pero un intelectual siempre sensible también a las actividades tendientes a buscar mejores condiciones de vida para las masas oprimidas de mi Patria”.

He aquí algunos datos factuales que dan sustento objetivo a esta autoevaluación.

En el ámbito de la sociología tuvo destacado papel como profesor y conferencista de esta materia en universidades de Bolivia y del exterior (Perú, Chile, México, Estados Unidos, Francia, etc.). Diseñó la organización de institutos de investigación sociológica de alcance nacional e internacional (las tres instituciones nombradas por él más el proyecto de Instituto Sociográfico de América Latina (ISAL) bien acogido por sus colegas latinoamericanos); creó la Sociedad Boliviana de Sociología; escribió un extenso libro sobre sociología marxista (1963) y varios ensayos sobre sociología boliviana y latinoamericana. Lo fundamental de sus aportes en esta materia radican en su esfuerzo por reconstruir la visión histórico-sociológica de Bolivia desde el punto de vista del materialismo histórico.

En el plano político, se definió como socialista desde sus 16 años. Intentó organizar entre fines de la década del 20 y del 30 el Partido Comunista, pero no tuvo respaldo suficiente de la III Internacional y optó por promover la formación del Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR), que fue el partido más popular en su tiempo y que plasmó en su programa postulados como la Reforma Agraria, la nacionalización de las Minas, la reforma educacional, la coeducación, la escuela activa, el estímulo activo de las lenguas nativas, que se convirtieron en el contenido central del proceso revolucionario de 1952 (aunque haya sido otro el partido que liderizó esa revolución). Hoy mismo varias de sus iniciativas vienen ejecutándose, aunque sus propugnadores no lo sepan. Tuvo un activo papel opositor a los gobiernos de Peñaranda, Villarroel y Urriolagoitia. En un intento de rescatar los valores democráticos nacionales, se aproximó a los partidos tradicionales para enfrentar el peligro de desviación nazifascista del gobierno de Villarroel, pero prontamente retornó a una posición de independencia. Sin embargo, sus enemigos no le entendieron bien y lo combatieron con saña, llegando incluso a un intento de asesinato. Políticamente, sus enemigos principales fueron la “rosca”, el movimientismo y el trotskismo. Pero esta es materia de dilucidaciones más profundas.

En el campo de la educación, enseñó en todos los ciclos de enseñanza en Bolivia y el exterior. A él se deben, en buena parte, logros tan importantes como la autonomía universitaria (fue su teórico y su promotor), la educación activa, la coeducación y la escuela única, que se plasmaron principalmente en el código de la educación boliviana (1955), en cuya redacción participó como una de las figuras centrales.
Además de estas tres vertientes que las llamaremos fundamentales, Arze realizó una importante labor de difusión de la cultura boliviana en el exterior; intentó sentar los fundamentos de una crítica literaria de contenido socialista y revolucionario; tradujo del francés varios libros, siendo entre ellos dos los más importantes: El imperio socialista de los incas, de Louis Baudin, y Melgarejo, un tirano romántico, de Max Daireaux.

Cómo se lo ve

De José Antonio Arze se han ocupado varios autores nacionales y extranjeros. Valentín Abecia López le ha dedicado una biografía más o menos extensa. Guillermo Francovich lo exalta entre los pensadores bolivianos destacando que fue indiscutiblemente el “líder del marxismo militante en Bolivia”. Juan Albarracín Millán le ha consagrado un extenso capítulo en su recuento del pensamiento sociológico boliviano.

El sociólogo argentino Alfredo Poviña lo presenta como destacado cultor de esta ciencia con influencia en Chile y en Bolivia. Édgar Ávila, y otros, se han ocupado de su faceta literaria. Entre los poetas que le han dedicado versos están, cuando menos, Yolanda Bedregal, Paz Nery Nava, Juan Capriles, Guido Villa-Gómez y Ramiro Barrenechea. Pero, al mismo tiempo, no faltan adversarios o rivales, como Lora, Céspedes y Ovando, que tratan de minimizarlo, en parte, en base a la incomprensión y, en parte, en base a la tergiversación y la calumnia.

Creemos que Arze está injustamente olvidado. Merece ser estudiado sin apasionamiento, porque, como él lo dijo, consagró a su vida a la lucha por reivindicar a los sectores populares. Ojalá que estas líneas puedan despertar el interés de la juventud y de los intelectuales.

*Escritor

Educacion y lucha de clases (Aníbal Ponce)

Dejamos a continuacion este excelente texto que compendia como se ha dado la lucha de clases en la historia de la humanidad, en este caso haciendo énfasis en el sector educativo.

Una obra recomendada como texto básico para la formacion politica de la militancia comunista y revolucionaria.

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Educación y lucha de clases (Aníbal Ponce)

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Extraido de ww.pcoe.net

Antonio Gramsci, digno militante marxista-leninista (II)

Alfredo Ponce [1]

El primer cogramscintacto de Gramsci con el marxismo lo tiene en sus difíciles inicios como estudiante. Proveniente de una familia de escasos recursos, va a parar en Turín, la ciudad más industrializada de Italia, donde inicia su militancia en el Partido Socialista Italiano (PSI), en 1913, mientras trabaja en la fábrica de la Fiat y organiza los Consejos de Fábricas. Desde allí, acompaña los levantamientos armados de los obreros contra la patronal explotadora, que se prolongarían por varios años. Tanto Gramsci como los obreros italianos siguieron de cerca los vertiginosos acontecimientos de 1917, que se desarrollaban en Rusia. Ese mismo año escribe: “La noticia de la Revolución de Marzo (Revolución de febrero) en Rusia fue acogida en Turín con alegría indescriptible. Los obreros lloraban de emoción al recibir la noticia de que el zar había sido derrocado por los trabajadores de Petrogrado. Pero los trabajadores turineses no se dejaron engañar por la demagogia de Kerensky y los mencheviques. Cuando en julio de 1917 llegó a Turín la delegación enviada por el Soviet de Petrogrado a la Europa occidental, los delegados Smirnov y Goldemberg, que se presentaron ante una muchedumbre de cincuenta mil obreros, fueron acogidos con ensordecedores gritos de «¡Viva Lenin!» «¡Vivan los bolcheviques!»”.

Gramsci propone poner en práctica la experiencia de los soviets en Turín a través de los Consejos de Fábricas. La iniciativa fue rechazada y rompe inmediatamente con el PSI para acompañar en 1921 la creación del Partido Comunista Italiano (PCI), afiliado a la Internacional Comunista fundada por Lenin. Para aquellos que no vean en esta acción la decidida apuesta de Gramsci por el marxismo-leninismo, citamos un pasaje de 1925 donde afirma: “El Partido puede y debe representar esta conciencia superior; sino no estaría a la cabeza, sino a la cola de las masas (…). Por eso el Partido debe asimilar el marxismo, y debe asimilarlo en su forma actual, el leninismo”.

Gramsci abraza sin reservas la “doctrina del leninismo” y comprende al Partido Comunista “como la vanguardia del proletariado y, por tanto, la parte más avanzada de una clase determinada, y sólo de ésta. Naturalmente, en el Partido pueden entrar otros elementos sociales (intelectuales y campesinos), pero debe quedar bien claro que el Partido es orgánicamente una parte del proletariado”. Sus aportes al marxismo-leninismo son incuestionables. Acertadamente, la revista soviética Socialismo Teoría y Práctica resalta que “el estudio de los trabajos de Gramsci revela sin lugar a dudas su fidelidad a las ideas de Marx y Lenin”. En Cuba también se le reconoce y en 1973, la Editorial Ciencias Sociales, de La Habana, publica una Antología de textos suyos. Especial mención merece la obra Manos fuera del camarada Gramsci, del sociólogo José Antonio Egido, librando un intenso combate para defender la obra y aportes de Gramsci frente a las garras del trotskismo y el reformismo que pretenden secuestrarlo.


[1] Publicado originalmente en Tribuna Popular  Nº 2961