Antonio Gramsci, digno militante marxista-leninista (II)

Alfredo Ponce [1]

El primer cogramscintacto de Gramsci con el marxismo lo tiene en sus difíciles inicios como estudiante. Proveniente de una familia de escasos recursos, va a parar en Turín, la ciudad más industrializada de Italia, donde inicia su militancia en el Partido Socialista Italiano (PSI), en 1913, mientras trabaja en la fábrica de la Fiat y organiza los Consejos de Fábricas. Desde allí, acompaña los levantamientos armados de los obreros contra la patronal explotadora, que se prolongarían por varios años. Tanto Gramsci como los obreros italianos siguieron de cerca los vertiginosos acontecimientos de 1917, que se desarrollaban en Rusia. Ese mismo año escribe: “La noticia de la Revolución de Marzo (Revolución de febrero) en Rusia fue acogida en Turín con alegría indescriptible. Los obreros lloraban de emoción al recibir la noticia de que el zar había sido derrocado por los trabajadores de Petrogrado. Pero los trabajadores turineses no se dejaron engañar por la demagogia de Kerensky y los mencheviques. Cuando en julio de 1917 llegó a Turín la delegación enviada por el Soviet de Petrogrado a la Europa occidental, los delegados Smirnov y Goldemberg, que se presentaron ante una muchedumbre de cincuenta mil obreros, fueron acogidos con ensordecedores gritos de «¡Viva Lenin!» «¡Vivan los bolcheviques!»”.

Gramsci propone poner en práctica la experiencia de los soviets en Turín a través de los Consejos de Fábricas. La iniciativa fue rechazada y rompe inmediatamente con el PSI para acompañar en 1921 la creación del Partido Comunista Italiano (PCI), afiliado a la Internacional Comunista fundada por Lenin. Para aquellos que no vean en esta acción la decidida apuesta de Gramsci por el marxismo-leninismo, citamos un pasaje de 1925 donde afirma: “El Partido puede y debe representar esta conciencia superior; sino no estaría a la cabeza, sino a la cola de las masas (…). Por eso el Partido debe asimilar el marxismo, y debe asimilarlo en su forma actual, el leninismo”.

Gramsci abraza sin reservas la “doctrina del leninismo” y comprende al Partido Comunista “como la vanguardia del proletariado y, por tanto, la parte más avanzada de una clase determinada, y sólo de ésta. Naturalmente, en el Partido pueden entrar otros elementos sociales (intelectuales y campesinos), pero debe quedar bien claro que el Partido es orgánicamente una parte del proletariado”. Sus aportes al marxismo-leninismo son incuestionables. Acertadamente, la revista soviética Socialismo Teoría y Práctica resalta que “el estudio de los trabajos de Gramsci revela sin lugar a dudas su fidelidad a las ideas de Marx y Lenin”. En Cuba también se le reconoce y en 1973, la Editorial Ciencias Sociales, de La Habana, publica una Antología de textos suyos. Especial mención merece la obra Manos fuera del camarada Gramsci, del sociólogo José Antonio Egido, librando un intenso combate para defender la obra y aportes de Gramsci frente a las garras del trotskismo y el reformismo que pretenden secuestrarlo.


[1] Publicado originalmente en Tribuna Popular  Nº 2961

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