LECCIONES DE LA EXPERIENCIA SOCIALISTA CHILENA (I)

César Quintero Ríos.

Especial para Tribuna Popular – PC de Venezuela

movilizacion-allende

El estudio de la llamada “vía chilena al socialismo”, de los años 70 del siglo pasado, constituye gran interés para el movimiento popular, precisamente por las características pacíficas de dicho proyecto, sus resultados y su heroica resistencia ante la reacción burguesa e imperialista.

La experiencia chilena es referencia obligada para el histórico debate que enfrenta al marxismo-leninismo con la socialdemocracia y su proyecto reformista, el cual puede ser abrazado por capas aparentemente disímiles de la burguesía. Es indudable que la llegada de Allende a la presidencia, a través de la amplia alianza de sectores sociales y políticos de la Unidad Popular (UP), fue una clara respuesta a la agudización de la lucha de clases del Chile gobernado por la Democracia Cristiana, cuyas políticas profundizaron el carácter dependiente y pro-norteamericano del capitalismo chileno, en beneficio de la burguesía industrial monopólica asociada al capital extranjero y en detrimento de las otras capas de la clase hegemónica, especialmente la pequeña burguesía.

La irrupción de la UP en el panorama político chileno era orientada por un programa de izquierda, sustentado en transformaciones graduales y pacíficas, sin irrupciones profundas del orden legal burgués, pero en búsqueda del reemplazo del Estado burgués por un Estado Popular, sin definir su carácter ni composición. Además se planteaba tareas antiimperialistas y antioligárquicas con perspectiva socialista, reforzando el aparato estatal, afectando principalmente al capital monopólico e imperialista.

Antes de entrar a analizar estos aspectos es importante responder una cuestión clave para el análisis marxista: ¿cuál es la clase, capa o conjunto de capas sociales hegemónica en la conducción de estas tareas? Consideremos las siguientes características del gobierno de la UP: a) sus acciones estuvieron enmarcadas en la legalidad burguesa, sin buscar la destrucción del Estado capitalista sino “consolidarse” como ocupantes; b) surgió un importante grupo social pequeñoburgués en funciones de dirección de las principales empresas nacionalizadas; c) escasa presencia del control obrero en la producción y gestión política; d) una difícil gestión económica que terminó beneficiando principalmente a la pequeña y mediana burguesía, al tiempo que cumplía su objetivo de golpear duramente a los capitales monopólicos e imperialistas.

Desde luego, el vacío dejado por la burguesía monopólica en el manejo económico del país, fue inmediatamente ocupado por esta capa social emergente del punto «b)», en sus aspiraciones de convertirse en gran burguesía. Para esto, el proyecto capitalista de Estado, engrandecido por la política de nacionalizaciones, calza a la precisión con los objetivos de la pequeña burguesía, como forma de garantizar los mecanismos de acumulación necesarios para sus objetivos.

Así, esta capa es la que define la orientación política y económica estratégica que caracterizó a lo fundamental del gobierno de la UP: mantener al Estado burgués, útil para la reproducción del capitalismo; y, crear alianzas con diversas capas sociales, especialmente el proletariado, cuya capacidad de movilización en medio del auge revolucionario le brinda un gran apoyo en su lucha contra la gran burguesía y el imperialismo. Este esquema plantea de forma sencilla un proceso altamente convulsionado, cuyas características y enseñanzas fundamentales continuaremos analizando.

 

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