La retirada de las Brigadas Internacionales – 26 de octubre 1938

La Mancha Obrera

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La participación de diferentes estados extranjeros en la guerra vulneraba los acuerdos firmados por el pacto de no-intervención. El Comité de Londres encargado de su aplicación fracasó en toda regla y permitió que la descarada ayuda italo-alemana volcar la balanza bélica en favor de Franco. Este Comité acordó en julio de 1938 establecer un plan de repatriación de los extranjeros. El Gobierno republicano de Negrín lo aceptó, incluso con sus deficiencias pero con una gran dignidad, el 26 de julio. Franco lo admitió en agosto, pero no lo cumplió: hasta más allá del final de la guerra siguieron en España las tropas italianas y alemanas. La explicación que Juan Negrín dio en su Discurso en la Sociedad de Naciones de Ginebra en septiembre de 1938 fue la siguiente:

“El gobierno español, en su deseo de contribuir con actos al apaciguamiento que todos deseamos, y resuelto a hacer desaparecer todo pretexto para que se pueda continuar dudando del carácter netamente nacional de la causa por la que se baten los Ejércitos de la República, acaba de decidir la retirada inmediata y completa de todos los combatientes no españoles que luchan en las filas gubernamentales.”

Antes de su marcha, Juan Negrín les mostró su agradecimiento y el del pueblo español que los consideraba ya hermanos y compatriotas:

“El Gobierno de la República reconoce a los internacionales que tan bravamente han luchado con nosotros, que ya puede decirse que son connaturales nuestros, el derecho a reclamar, una vez terminada la guerra, la ciudadanía española… España será siempre una patria vuestra. Y los españoles, vuestros hermanos.” 

El 28 de octubre, el pueblo de Barcelona les rindió un emotivo homenaje como despedida a esos bravos voluntarios. Dolores Ibarruri pronunció uno de los más emotivos discursos de la historia

” ¡Madres! Cuando los años pasen y las heridas de la guerra se vayan restañando; cuando el recuerdo de estos días dolorosos y sangrientos se esfume en un presente de libertad, de paz y de bienestar… hablad a vuestros hijos; habladles de estos hombres de las Brigadas Internacionales. Contadles cómo, atravesando mares y montañas… llegaron a vuestra patria, como cruzados de la libertad, a luchar y morir por la libertad y la independencia de España, amenazados por el fascismo alemán e italiano. Lo abandonaron todo: cariños, patria, hogar, fortuna, madre, mujer, hermanos, hijos… y vinieron a nosotros a decirnos: ¡Aquí estamos!; vuestra causa, la causa de España, es nuestra misma causa, es la causa común de toda la humanidad avanzada y progresista. No os olvidaremos; y cuando el olivo de la paz florezca, entrelazado con los laureles de la victoria de la República española, ¡volved!…”  

Las Brigadas Internacionales en su perspectiva histórica  

La lucha contra el fascismo en España terminó con una derrota temporal, pero abrió el camino a la victoria en 1945. Así lo reconoce Michel FOOT, antiguo líder del Partido Laborista británico:

“Incluso en este siglo con dos guerras mundiales, aquellos tres años en que Madrid resistió y llegó a estar tan cerca de la victoria fueron de los más críticos, heroicos e ignominiosos  que se pueda recordar. Fueron años de crisis para Europa y el mundo. Si el fascismo hubiera sido derrotado en los campos de batalla de España no se hubiera atrevido a lanzar sus ataques a Inglaterra, Francia, Rusia y EEUU. Aquellos españoles que lucharon desde un primer momento fueron héroes, así como aquellos voluntarios extranjeros que les ayudaron en los campos de batalla: éstos representaron “la conciencia de Europa”, la idea de que la civilizada Europa no podría soportar el triunfo de la barbarie fascista… Si las grandes potencias hubieran tenido tan sólo una poco del coraje y la sabiduría mostrados por estas brigadas, la victoria de la Segunda Guerra Mundial se habría conseguido sobre el suelo español.”  

Aún tardaría 30 años más en llegar la libertad a España; la muerte del dictador Franco abrió las puertas a la democracia. Cumpliendo las promesas de los dirigentes republicanos, los representantes democráticos del pueblo español aprobaron una moción parlamentaria que se tradujo en el Real Decreto de 19 de enero de 1996 por el que se reconocía la ayuda de los voluntarios y se les concedía la nacionalidad española:

Es de justicia reconocer la labor en pro de la libertad y de la democracia llevada a cabo por los voluntarios integrantes de las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española de 1936 a 1939. Los supervivientes de la contienda merecen ver de un modo patente la gratitud de la Nación y para ello nada más justo que entender que se dan en ellos las circunstancias excepcionales previstas en el artículo 21 del Código Civil a los efectos de la concesión de la nacionalidad española por carta de naturaleza.”  

Las palabras de la Pasionaria en 1938, “¡Volved!, cuando el olivo de la paz florezca…”, resonaron en los oídos de estos voluntarios cuando en noviembre de 1996 volvieron a España a recibir el encendido y merecido homenaje del pueblo español. Habían transcurrido 60 años, pero su gesta quedó finalmente reconocida:

Si hay hombres que contienen un alma sin fronteras, una esparcida frente de mundiales cabellos, cubierta de horizontes, barcos y cordilleras, con arena y con nieve, tú eres uno de aquéllos. “

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